El regreso de Ricky Gervais, el hombre que Hollywood ama odiar

El cómico británico, creador de The Office y Extras, volverá a reírse en la cara de estrellas y productores en la entrega de los Globo de Oro, que conducirá por cuarta vez
Natalia Trzenko
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8 de enero de 2016  • 15:00

"Le pedí a mi agente que nunca más dejara que me convenzan de nuevo". Eso escribía Ricky Gervais en su blog en 2012. Apenas unas horas después de terminar su tercera aparición consecutiva como conductor de la ceremonia de los Globo de Oro, el cómico británico le comunicó al mundo que ya había dado todo lo que tenía para dar a los premios que entrega la asociación de periodistas extranjeros afincados en Hollywood. Pero claro, esto es Hollywood, Gervais tiene muchas cosas que promocionar y no hay mejor plataforma que la fiesta del cine y la TV que emitirá TNT el domingo, desde las 21. Antes estará la alfombra roja, trasmitida, como siempre por E!, y es posible que ya desde ahí el cómico comience a reírse de todos y todo. Empezando por él mísmo.

"Porque puedo ver el futuro me gustaría disculparme por la cosas que dije en los Globo de Oro que se harán la semana que viene (sic). Estaba borracho y nada me importaba un carajo", tuiteó el inquieto actor y guionista hace unos días. Es que Gervais ya tiene experiencia en las reacciones que su habilidad para el sarcasmo y la ironía provocan en los espectadores y críticos. Una mezcla de risas e indignación que, con suerte, tiene más alto porcentaje de las primeras que de la segunda. Pero nunca se sabe. Según el creador de las series The Office, Extras y Derek su fama como provocador y agresivo comentarista es solo un malentendido.

"Es un extraño mito el que me persigue. Dicen que soy un cómico que busca shockear. Lo cierto es que no voy a intentar burlarme de la fibra moral de los Estados Unidos. No se trata de: «¡Voy a arruinarles la noche, hijos de puta!»Preferiría hacerlos reír pero, si se impresionan, está bien también", le decía hace pocos días Gervais al Hollywood Reporter mientras que los invitados a la fiesta empezaban a ensayar sus sonrisas de cera frente al espejo. Razones para temer no les faltan.

Las tres veces anteriores, el cómico de Londres que acaba de terminar de filmar Special Correspondents, la primera película que escribe, dirige y protagoniza para Netflix– estará disponible el 29 de abril–, fue implacable. Estrellas como Angelina Jolie tuvieron que escuchar comentarios que nadie más se atreve a hacerles. Al menos en público y en su cara.

"Los actores no son amados solamente aquí en Hollywood sino que los adoran en el mundo entero. Podrías estar en un país del tercer mundo y apenas con un vistazo de una estrella de cine te sentirías mejor. Podrías ser un niño asiático con ninguna posesión ni dinero pero al ver una foto de Angelina Jolie en seguida pensarías: «Mami»". Con una mirada maliciosa y la banda de sonido provocado por los suspiros que sus comentarios generaron, Gervais se pasó tres años castigando a quién se le pusiera enfrente. No importa si se trataba de la filantrópica Jolie o el intocable Paul McCartney. Presente en la ceremonia de 2010, el Beatle no se salvó de la furia cómica de su compatriota. "Vinimos en el mismo avión desde Londres. Yo estaba en primera clase pero él viajaba en turista. Es que Sir Paul gastó mucha plata el año pasado", había disparado Gervais en referencia al millonario y escandaloso divorcio del músico.

Jugando con su doble papel de estrella y forastero, el actor y guionista que se hizo conocido por crear y protagonizar The Office –historia a la que volvió éste año gracias al telefilm Life on the Road que está dirigiendo para la BBC–, Gervais regresa después de que Tina Fey y Amy Poehler tomaran la posta por tres años. Tan talentosas como él –tal vez más–, las comediantes tampoco se ahorraron guiños y comentarios filosos pero nunca se animaron a morder hasta casi arrancar la mano que las contrató. Un prurito que su colega británico nunca tuvo.

"Hay una cosa que no se puede comprar: un Globo de Oro. Al menos oficialmente. Si les interesara adquirir uno, su hombre es Philip Berk, el presidente de la asociación que los entrega", dijo Gervais hace unos años durante la ceremonia que había estado rodeada de fuertes denuncias por corrupción que involucraban a sus organizadores. Esos que luego de sentirse heridos y maltratados por el conductor volvieron a tocar a su puerta. Porque lo necesitan. Después de todo qué mejor manera de permanecer en el mapa, de avivar el interés por sus premios, que convocar al incontrolable Gervais.

Eterno hermano menor de los Oscar, blanco preferido de cuanta investigación que busca desenmascarar el tráfico de influencias en Hollywood, los Globo de Oro pelean hace años por mantener su lugar en el calendario de galardones y su fama como la ceremonia que nadie quiere perderse. Un paso obligado para toda estrella que se precie y quiera estar presente en el ojo del público y el de los votantes de la Academia. Y si para lograrlo tienen que bancarse los chistes a la yugular de Gervais, que así sea.

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