Por fin. La única banda heavy metal capaz de hacerte sonreír llega por primera vez a Buenos Aires con Joey Belladonna, su voz icónica.
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Anthrax era algo distinto. Muy. En los ´80, Metallica, en el fondo, era un pesimismo existencial aplastante. Lean fino algo como Master of Puppets y no se van a sentir muy bien en el fondo. Megadeth con Dave Mustaine era como un montón de bilis renegrida y rencor, y Slayer, lo más satánico que se pudiera concebir. Pero Anthrax de Nueva York, la gema menor entre los Cuatro Grandes del Thrash Metal, el Big Four, era divertidísima, no había escala para medir su energía y su evangelio de fiesta headbanger con cosas como "Indians", "Antisocial", "Caught In A Mosh", Persistence of Time, o "Bring The Noise", su colaboración con Public Enemy en 1987, la primera unión de rap y metal registrada. Además, el respeto era masivo. O sea, los chicos podían ser de la Iglesia Slayer, Metallica o lo que fuera, pero a todos les gustaba Anthrax. Y cuando en 1991 todo explota para el metal, con el Black Album principalmente, Anthrax no estaba ahí para surfear el ultimo tsunami del género. Belladonna se retira en 1992, porque sus compañeros como Scott Ian querían otra cosa. A fines de 2009 y hacia 2010, el Sonisphere Festival reunió a los Cuatro Grandes por primera vez, en siete fechas a través de todo Europa. A Anthrax le tocó abrir, y Belladonna estaba de vuelta, tras varias idas y venidas en la década. Busquen esos clips: la agresión se disfruta. 11 de noviembre, Teatro Flores, por primera vez en Buenos Aires. Belladonna responde.
Metallica y Dave Mustaine tuvieron una disputa de más de 20 años, Slayer no se quería con varias bandas. Pero ustedes, ningún problema con nadie.
Es que había que concentrarse en la música. Todas las noches tenías un show, tenías que hacer que explote. Ya el escenario era una locura suficiente, la música te pedía muchísima dedicación. No hubiesemos ganado nada con salir a pelearnos con otras bandas. Quizá Anthrax tiene el respeto que tiene porque jamás nos fuimos de boca con nadie. Nunca hubo rencores. Y ahora volvemos de nuevo, con esa misma intensidad, esa misma experiencia. Muchísima gente no vio a Anthrax conmigo, con este line-up, y muchos quieren revivir ese momento otra vez, esa energía. Un show nuestro va a pleno o no va. Y, por ejemplo, en el Big Four, tenés 45 minutos. No hay mucho espacio para maniobrar.
¿Sienten que hay que respetar el viejo formato, entonces?
Totalmente. Si no les das algo familiar, algo que reconozcan y que ansíen, es complicado. Y el humor sigue siendo importante.
Es el factor que siempre distinguió a la banda.
Lo hacíamos porque nos lo permitíamos, porque teníamos que divertirnos también. No podés no reconocer esa emoción humana. Fue cool darle un lugar al humor en el metal. El crossover con Public Enemy, "Bring The Noise", fue parte de esa idea, nos parecía muy divertido, a los chicos en la banda les encantaba Public Enemy, eran de New York y una institución en el hip hop, así que, bueno, lo hicimos. Nunca se había cruzado rock con rap de una forma tan directa. Tuvimos un tour juntos que fue genial.
Hoy el revival del thrash metal está a pleno. Miles de chicos con jeans muy apretados y zapatillas hi-top, con sus parches de Anthrax correspondientes.
Y me encanta. Me parece genial que estos chicos lo tomen y lo hagan suyo. No hay ninguna regla, menos en el metal, nadie te va a decir qué ponerte. Si se sienten cómodos, que lo hagan. Es su momento, tienen la chance de hacerlo. O sea, a veces me río un poco: no era nada cool hace 25 años. Cuando empezamos en Nueva York…
Que es famoso por su punk y su hip hop, pero no por su metal.
¡Exacto! No había un carajo. Al principio, estábamos nosotros y nadie más, esperando a que las cosas pasen, o haciendo que pasen.
Vas a grabar Worship Music, el próximo LP de la banda.
Estamos demeando, armando y testeando cosas. Ya hay un par de tracks que me hacen sentir convencido, me gusta mi voz. Se siente bien. Es similar a Persistence of Time, hay cosas rápidas, es un sonido que la gente va a reconocer, pero con ciertos cambios.
Ahora, ¿qué te hizo volver?
Supongo que la magia. Uno extraña una cosa bien hecha siempre. Podés ponerlo de mil maneras diferentes, pero se reduce a eso. Funcionó en su momento y funciona ahora, con un salto de varios años. No podés ocultarlo. Quizá buscaban otra cosa vocalmente cuando me fui de la banda, pero bueno, aquí estamos.
El show en El Teatro no es un show de estadio, precisamente.
¡Mejor! Es un desafío, no me hace problemas. Con mi banda solista toco en lugares así siempre. La energía es la misma, y más condensada, vuelve a vos inmediatamente. El mosh es más claro. No cambia la perspectiva.
Por Federico Fahsbender
Mirá el video con el saludo de Scott Ian para los argentinos:
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