Festival de lujo que terminó en estafa y cárcel

Marcelo Stiletano
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26 de enero de 2019  

Fyre Festival

(EE.UU., 2018). Director: Thom Zimny. Guión: Bruce Springsteen. Elenco: Bruce Springsteen, Patti Scialfa. Duración: 153 minutos. Disponible en: Netflix. Nuestra opinión: buena

El mundo audiovisual contempla hoy con curiosidad la pequeña guerra entablada entre Netflix y Hulu, empeñados al mismo tiempo en revelar con el mayor detalle qué ocurrió en 2017 con lo que iba a ser el festival musical más sofisticado de ese año, envuelto en lujo y glamour, hasta que se convirtió en un escándalo monumental, con su máximo responsable purgando hoy en la cárcel una inmensidad de promesas incumplidas.

El Fyre Festival se gestó en la ambición y el descaro sin límites de Billy McFarland, un joven empresario de la "nueva economía" que como muchos otros en su terreno se acostumbró muy rápido a manejar millones de dólares generados por la economía del espectáculo, las redes sociales, los influencers y los sueños aspiracionales de miles de personas resueltas a procurarse la gran vida en el menor tiempo posible. Todo terminó en una monumental estafa, detrás de la cual se escondían cifras mentirosas o infladas.

El documental de Netflix reconstruye los hechos desde el principio a partir del relato de sus protagonistas, algunos de los cuales formaron parte de la agencia de relaciones públicas que coprodujo el desdichado evento. Por esa razón, Hulu dijo que Netflix expone el tema desde una visión sesgada. Netflix cuestionó a Hulu por pagarle a McFarland una suma no determinada a cambio de la única entrevista que concedió hasta ahora.

Más allá de este clima beligerante, no hay duda de que el acceso privilegiado de Netflix al testimonio de algunos de los organizadores facilita una reconstrucción prolija, razonable y bastante elocuente de todo lo ocurrido. A ellos se suman algunos de los participantes, que denunciaron de inmediato la estafa en las redes sociales cuando llegaron a Bahamas y comprobaron de inmediato que en lugar del lujo prometido, lo único que encontrarían era ausencia de todo.

Allí está lo más fuerte del festival. La crónica documental, con imágenes que nada envidiarían a una película como The Blair Witch Project, de la batalla de todos contra todos en la que se convirtió el asalto a lo poco que quedaba del devastado alojamiento falsamente prometido como una experiencia fastuosa. Lo demás es un extenso y prolijo mea culpa de la mayoría de los organizadores.

En el fondo, lo que sobrevuela es la sensación de que en este mundo de influencers y redes sociales enriquecerse rápido es la cosa más fácil del mundo. Y por el otro, que las redes sociales ofrecen recursos y herramientas para desenmascarar de inmediato cualquier maniobra espuria, porque en el fondo allí todo se sabe. Todo queda a la vista.

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