Antes de su show solista, el líder de Judas Priest felicita a la Argentina por el matrimonio gay y explica por qué no hace falta closet en el heavy metal
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En 1998, Rob Halford, a siete años de abandonar Judas Priest, dijo públicamente que era gay. No fue un gran shock en realidad, las estructuras del metal global no se derrumbaron de vergüenza. Básicamente, siempre se había vestido como uno de los Village People. Y sus fans, excepto un puñado de reaccionarios previsibles, se la perdonaron con aplausos: les pareció excelente que su héroe tomara la actitud verdaderamente heavy metal de salir del closet unos 15 años antes que Ricky Martin. Un tiempo antes había hecho 2wo, una fantasía porno-industrial editada por Nothing Records de Trent Reznor y con clip dirigido por Chi Chi LaRue, una trans que dirige porno. No fue un gran éxito. Lo que movía al mundo a su favor era, precisamente, su heroísmo, su estado de metal constante, su cuero y tachas y sus agudos intocables. Rob Halford, junto con Dio hoy en el infierno, Ozzy y Bruce Dickinson, es una de las voces antonomásicas del género, uno de los que escribió el template, la plantilla de misión elemental que influenció a Metallica, Slayer y todos los que están debajo en la lista. No sólo en audio: la impronta es el gol aquí. Cuero, tachas y explosiones. Muchos pueden interpretar esto como una tontera excesiva, una fantochada, pero para Halford y todos los que le hacen caso, hay una fantasía mortalmente real y solemne en todo esto. Y para Halford, se cristaliza definitivamente en la reedición 2010 por los treinta años de British Steel, quizá el mayor clásico de la banda, a seis años de volver a Judas Priest porque, tal como con Iron Maiden, con un reemplazo ignoto aunque tremendamente efectivo como Ripper Owens, el negocio no funcionaba ni la mitad de bien. Allí, en un show en DVD que viene de bonus, en el Seminole Hard Rock Arena de Hollywood, Florida, Halford a sus 58 y sus camaradas de acero como Glenn Tipton y K.K Downing demuestran que no están gordos para el viejo vestuario y hacen un escándalo audiovisual que no es otra cosa que el Arca de la Alianza para las legiones del metal, la confirmación del pacto. Halford también tiene esto en su reciente saga de discos solistas, que son un cónclave de motosierras en cello. Made of Metal es el último, con el título más inequívoco de su vida. Hay doble show en Buenos Aires para presentarlo, 26 y 27 de octubre, Teatro Flores.
La reedición por el 30° aniversario de British Steel fue algo notorio. Fue la primera vez que un disco de Judas Priest es puesto en perspectiva de esa manera.
¡Es que nunca tenés ni la más minima idea de que algo así va a pasar! Nunca está en tus procesos de pensamiento, no sabés lo que puede ocurrir con estas canciones. Hacés metal, 40 años de carrera, y de repente te toca esta gran sorpresa. Fue excitante ver cómo British Steel volvía, cómo era puesto en perspectiva.
Quizá hoy podés darte el lujo de decir: "Mierda, hice algo realmente importante."
No lo sé. Pero cuanto más estás en la música, más tendés a refleccionar y a plantearte hacer algo nuevo y diferente, y es un muy buen sentimiento eso que mencionás. Para serte honesto, me está ocurriendo. No creo que nadie haya tenido una carrera así en cuatro décadas, más en esta forma de rock n’ roll. Y el rock n’ roll es caos, tenés que lanzarte a él con gran alegría. Por lo menos, me alegra seguir siendo metal, y seguir haciéndolo. Pienso mucho en eso últimamente.
Tus shows están llenos de iconografía clásica: el cuero, las tachas, la moto, las llamaradas, etcétera. ¿Tan importante es?
Muy. No sólo para mí, para Priest, sino para cualquier banda que se respete a sí misma. Es una responsabilidad con tus fans, que compran tus discos, que ahorran semanas o meses para pagar el ticket a tu show. No podés decepcionarlos, no pueden irse tristes a casa. Es lo mismo que un jugador de fútbol cuando sale a la cancha allá en Argentina. Priest tiene todo este espectáculo porque hay algo real detrás, una pasión, una energía y una creencia. Hay un punto en el que ya no podés renunciar.
Decís que hay algo real, pero la representación usual del metal es una cosa tonta, un chiste de varoncitos. No se reconoce ese aspecto solemne y temible que hace al heavy metal lo que es.
Es cierto, y no me gusta para nada. Hay quienes hacen comentarios negativos con respecto al metal, que piensan que esto una pavada, que somos unos bobos. Es natural que muchos lo miren de esa forma. Pero hace a nuestra ventaja, nos hace a los heavies más unidos, nos lleva a creer en nosotros, en nuestra música. Estamos aquí hace mucho tiempo. No tenemos que probarle nada a nadie.
¿Crées que Ozzy en The Osbornes ayudó a esa perspectiva? No se veía muy bien en cámara.
No puedo comentar al respecto, no en ese sentido. Ozzy es un tipo increíble. No podés medirlo por sus momentos privados, no podés evaluarlo de esa forma. Su música es poderosa. Me encanta. Obviamente Sabbath, o Bark At The Moon y Diary of a Madman. Su último disco, Scream, también me gustó. Lo ves salir al escenario y la gente se pone fucking crazy. Esa reacción es lo único que le preocupa, tal como a mí. Cualquier otra cosa es un hecho menor.
Tu disco como 2wo sigue en el archivo. Es lo único realmente singular que hiciste, lo único que se destaca del resto de tu discografía.
Antes que nada, soy un músico. Todas las cosas que me interesen las voy a explorar. Fue un sólo disco, sinceramente, uno de treinta en mi vida. Y viendo detrás, disfruté muchísimo hacerlo, fue un gran momento con Trent Reznor y John 5. Quizá no resuena bien a lo largo del tiempo, pero está ahí para quien quiera escucharlo… o no.
Luego volviste a Priest y a tu viejo vestuario, a tu viejo personaje. ¿Se sintió bien? Es una parte tuya que volviste a abrazar.
Es una parte de mí que volví a abrazar, cierto, claro que se sintió bien. Y es como ir a trabajar, pero en un buen sentido, Me pongo el cuero y las tachas y estoy en otro mundo, es un rush tremendo, te juro se te sube a la mente. Hay que aprender a controlarlo, a tu personaje, si estás en el metal tenés que saber eso. Muchos son lo mismo en el escenario que debajo y no está muy bueno, hay que aprender el valor de tener las botas en la tierra.
¿Por qué lo hacés?
Por la fantasía, toda la música lo es en el fondo. Y el mensaje en mi música y en Judas Priest es muy real, no importa cómo lo disfraces, tiene un efecto real en las personas. Vas a esta fantasía por la misma razón por la que vas al cine o leés un libro: para enfrentar toda la mierda que el mundo te pone enfrente. El metal es fantasía pura: es más grande que la vida misma. Esto te puede sonar como un cliché, pero en definitiva, siempre se reduce a la actitud. Algunos tocan con muchas luces, otros con pocas luces, unos con decenas de amplificadores, otros con un par, unos con fuego y explosiones, otros con jeans y remera, pero es todo una macroestructura en el fondo. Mirá a Metallica: tocando en un garage o frente a 80 mil personas van a seguir siendo Metallica. Creo que ilustré mi punto.
En Argentina logramos el matrimonio gay hace unos meses. ¿Lo sabías?
¡Sí! ¡Lo sé! Man, ¡Dios bendiga a la Argentina! Hicieron lo correcto. Leí al respecto y me puse muy feliz. Hay que terminar con esta noción de que el matrimonio está basado estrictamente en alguna suerte de ceremonia religiosa, cuando se reduce a dos personas que se aman y que tienen todo el derecho a celebrar ese momento. El matrimonio gay es un paso gigantesco para que tengamos las mismas seguridades y opciones legales que las parejas hétero. Celebro que el gobierno argentino haya sido lo suficientemente inteligente como para reconocerlo y llevarlo a cabo.
OK, saliste del closet luego de más de una decena de discos, de ser una de las estrellas más importantes del heavy metal, de ser Rob Halford de Judas Priest. Si alguien lo hiciera hoy, en el heavy metal mismo, comenzando su carrera desde cero, ¿cuán difícil le sería?
Le sería más fácil. Yo hice las cosas más fácil, en definitiva. Tuve que sentar un precedente, tanto en accesibilidad como en aceptación de este tema, tenía que decirlo. No fue parte de un calendario o una agenda, fue muy espontáneo en el fondo. Ayudó que me estaba alejando de la banda. Si lo hubiera dicho al comienzo de Judas Priest, hubiera sido desastroso, totalmente desastroso para la banda. Pero no podés forzar a nadie a que salga y reconozca su orientación sexual, tenés que respetar esa elección, esa privacidad. En el fondo, para mí no cambió nada. Mis fans me respetaron aún más.
Es cierto: tus fans no se alejaron.
Porque, de nuevo, el metal es algo que todavía es incomprendido y sometido a críticas y ridículo. La respuesta la tenés ahí mismo. Algo como la homofobia no tendría sentido. Los heavies saben lo que es que se te burlen en la cara, ser un rechazado, lo entienden mejor que muchos y se unen entre sí, nos unimos entre nosotros, es algo especial, nuestro lugar, abrazamos nuestra diversidad. Puede sonar a que te estoy predicando, pero creo en esto más que nunca.
Por Federico Fahsbender
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