Shailene Woodley, la nueva chica sensación de Hollywood

De cómo la actriz que camina descalza en la alfombra roja se convirtió en la debilidad de la industria
Milagros Amondaray
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27 de junio de 2014  • 12:22

En medio del circuito promocional de Divergente, esa adaptación de la novela Young Adult que despertó comparaciones con Los juegos del hambre, Shailene Woodley tuvo que enfrentarse a un pregunta ineludible y repetida hasta el hartazgo: "¿Qué opinás de Jennifer Lawrence?". Los paralelismos no son casuales. Ambas actrices se convirtieron en caras visibles de franquicias importantes, aunque Divergente esté (en calidad y recaudación) bastante lejos de la trilogía que dirigió Francis Lawrence. Sin embargo, la comparación tiene más relación con lo que ambas generan por fuera de sus personajes. Tanto Lawrence como Woodley proyectan una imagen de actriz exitosa pero terrenal, anti-sistema, contestatarias del glamour y espontáneas por excelencia. Mucho se debe a sus orígenes en la actuación: en distintos momentos, pero con igual nivel de talento, tuvieron su fogoneo en el cine independiente, plataforma de la que no solo no reniegan sino a la que además regresan cuando se cansan de tanta franquicia, tanto blockbuster, tantos flashes.

De todos modos, a Shailene la distingue su compulsión a la honestidad, incluso cuando se trata de abordar tópicos menos superficiales como el feminismo, concepto con el que no comulga y que provocó una sinfín de críticas: "No entiendo el feminismo, amo a los hombres y la idea de que la mujer tiene que llegar al poder nunca va a funcionar porque se necesita un balance; yo me considero una persona que está muy en contacto con su lado masculino, como la mayoría de la gente", declaró recientemente a la revista TIME, poniéndose así en el ojo de la tormenta.

La debilidad de George Clooney

Fuente: Archivo

Antes de sus declaraciones brutales, antes de convertirse en la reina de la taquilla (Bajo la misma estrella, película que se estrenó ayer en nuestro país, ya lleva recaudados más de cien millones de dólares a nivel mundial), Shailene despertó la atención de todos con su actuación en Los descendientes, la película de Alexander Payne donde se ponía en la piel de Alexandra, la hija de George Clooney. Su interpretación fue tan intensa que logró estar a la par de la de Clooney en esa suerte de ping-pong verbal que entablan sus personajes, fruto de su conflictiva relación. "Mucho después de que nosotros dejemos de estar vigentes, Shailene va a estar cosechando premios en todos lados, es una persona muy especial" declaró el actor cuando Woodley recibió una nominación al Globo de Oro por su papel en el film de Payne. No llegó al Oscar ni necesitó llegar, porque sus prioridades parecían ser otras.

Lejos de aprovechar el envión de la temporada de premios, Shailene se metió de lleno en el cine independiente con The Spectacular Now, l la película de James Ponsoldt donde interpretó a Aimee Finecky, esa chica medio nerd que logra quebrar la coraza del popular Sutter Keely (Miles Teller, quien se convertiría en su gran amigo en el medio). Woodley brilla en la película y lo hace con un rasgo que ya la caracterizaba en Los descendientes (especialmente en la secuencia en la que rompe a llorar en la pileta): una naturalidad extrema, la misma naturalidad con la que habla de sus co-protagonistas, siempre fuera de libreto. Así como a Clooney lo define como su mentor, de Teller rescata su apertura emocional a la hora de filmar escenas íntimas y despojadas, para las que Ponsoldt insistió en que sus actores no usen maquillaje.

Descalza, sin hogar y comiendo arcilla

Fuente: Archivo

El dato de que Woodley acepte filmar una película a cara lavada no es menor. Habla tanto de cómo es ella con su trabajo como por fuera de este. La actriz reniega del glamour inherente a ser una estrella de Hollywood, asistiendo a las red carpet por momentos descalza, por momentos sin producirse, por momentos desarreglada. El foco, para ella, no debería estar en su estilo: "Lo más importante en la vida es la autoestima; si no te querés como sos, con tu propio cuerpo y alma, es imposible ser genuina con el entorno". El adjetivo genuina es, en efecto, el que mejor le sienta. Por eso, cuando obtuvo el papel de Mary Jane Watson en la secuela de la reboot de El sorprendente Hombre Araña para luego ser eliminada del film, nunca se victimizó ante los comentarios de que no era estéticamente atractiva como para interpretar el personaje y siguió aceptando proyectos que no funcionaran en su detrimento.

Así, y si nos olvidamos de la paupérrima serie televisiva de ABC The Secret Life of the American Teenager, Shailene obtuvo el rol de Tris en Divergente y emprendió con entusiasmo la exhaustiva promoción del film. De esta manera, nos enteramos que le gusta comer arcilla ("olvidate de las frutas y los vegetales, si mirás a la cultura indígena, vas a notar que comen arcilla todos los días, es parte de su dieta, es algo interesante"), que no tiene casa propia ("todo lo que poseo lo llevo en una valija") y que le gusta dar abrazos sin razón aparente ("a veces conozco a personas por solo treinta segundos y por eso me gusta abrazarlos, para que sepan que soy real"). Lo que en otra actriz se tildaría de insufrible, en Shailene suena sorpresivamente sincero, sobre todo teniendo en cuenta su estrecho vínculo con actrices que comparten su visión de lo que debería ser la actuación, como es el caso de su mejor amiga, la talentosa Brie Larson.

Del llanto al erotismo sin escalas

Como si una popular adaptación de novela adolescente no hubiese sido suficiente, Shailene audicionó para un papel anhelado por muchas actrices de su generación: el de Hazel Grace Lancaster en Bajo la misma estrella. El autor de la novela, John Green, la vio en el casting y declaró que su comprensión absoluta del personaje literario fue lo que hizo que el director Josh Boone la eligiera. No es la primera vez que Shailene capta a la perfección lo que está en el papel, lo mismo había sucedido con Aimee en The Spectacular Now. Curiosamente, a la actriz le tocó co-protagonizar esta historia de amor dolorosa con quien hiciera de su hermano en Divergente, Ansel Elgort: "Siempre quise saber lo que se sentiría el besar a mi hermano", bromeó la actriz en una rueda de prensa y volvió a levantar cejas. Ya un poco más seria, procedió a tirarle flores a su compañero en la exitosa adaptación de Green: "Si no hubiésemos hecho Divergente, nunca hubiésemos logrado la conexión que tenemos en Bajo la misma estrella, no tuvimos que ensayar demasiado porque él me genera una comodidad invalorable" expresó.

Nuevamente lejos de lo que se esperaba de ella, Woodley demostró que podía liderar un film tan exitoso como el de Josh Boone y paralelamente meterse en el universo más complejo y sórdido del realizador independiente Gregg Araki. Con White Bird in a Blizzard, la película donde se la puede ver despojada de ropa, en escenas de alto voltaje y con actitud contrapuesta a la del rol de Hazel, Shailene vuelve a demostrar el porqué de su encanto. Una nueva actuación, descarnada y valiente, termina de coronarla como una anomalía dentro de la industria; alguien que, a pesar de las comparaciones con Jennifer Lawrence, tiene luz propia, no se deja contaminar por el cinismo de Hollywood y que, a fuerza de talento y naturalidad, es reconocida como lo merece.

*Shailene Woodley en tres momentos:

*En Los descendientes de Alexander Payne:

*En Bajo la misma estrella de Josh Boone:

*En White Bird in a Blizzard de Gregg Araki:

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