JAF: "Vi de cerca los excesos, pero siempre tuve en cuenta sus consecuencias"
El músico habló con Personajes.tv acerca de su vida dentro del rock, su recuerdo de Pappo y su nuevo proyecto musical
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¿Quién no tarareó alguna vez su versión en español de "Wonderful tonight", de Eric Clapton? ¿O quién no bailó, en su adolescencia, un "lento" mientras él entonaba "Tal vez mañana brille el sol"? Seguramente el recuerdo de Juan Antonio Ferreyra –o JAF, como él mismo se bautizó- atraviesa a más de un treinteañero lector. Y no por casualidad sino porque consiguió hacer el salto de músico de una "banda de culto de heavy metal" a "músico popular con grandes hits" en un abrir y cerrar de ojos, a comienzos de los 90.
Pero, ¿qué fue de la vida de ese pelilargo de voz ronca y decir firme que alguna vez fue elegido por Pappo para sumarse a las filas del legendario Riff? Justamente, el guitarrista y cantante está a punto de iniciar una gira nacional para rendirle tributo al disco que, en 1985, grabó junto a "El Carpo" Napolitano y compañía, en una suerte de revisión de aquellos años de rock and roll duro que marcaron su posterior carrera solista.
"Estoy muy agradecido con toda la gente que está empujando este proyecto, que incluye la grabación del disco Homenaje a Riff VII, la presentación de este sábado en el teatro Vorterix y el inicio de una gira nacional. Eso es maravilloso, sobre todo teniendo en cuenta que soy un artista independiente, no tengo ni manager ni representante ni nada que tenga que ver con la industria", recalca, a los 56 años, calvo pero con el espíritu intacto.
-¿Qué tan complicado es ser un artista independiente en estos tiempos?
-Muy difícil, muy dificultoso...
-¿Aún cuando la industria discográfica atraviesa una de sus peores crisis?
-Sí, pero era lógico que eso sucediera. Si observamos el comportamiento de ciertos grupos dirigentes a través de los años, los que quisieron cortar la torta para ellos solos, que quisieron robar... Tuvieron suerte si murieron por causas naturales porque la gente puede soportar la opresión por un tiempo pero llega un punto en el que salen "a revolucionar". Eso pasó en la industria de la música: las multinacionales, durante décadas, se dedicaron a chuparle la sangre a los artistas, se quedaron con los derechos intelectuales de sus obras...
-Entonces, ¿la independencia se convierte en la única salida?
-A veces encontrás una cierta libertad ahí, pero también es cierto que, por ejemplo, no llegás a todos los medios de comunicación correspondientes para mostrar la nueva obra. Difundir es muy difícil, pero lo más positivo es que no tengo jefe. Eso es maravilloso, porque no tengo que responderle a nadie que esté arriba mío.
-¿Te resulta sencillo trabajar así?
-Sí, hace 20 años que laburo así. Llevó 42 años de carrera, trabajé para una empresa discográfica durante los 10 meses que estuve con Riff y después pasé a otra cuando inicié mi carrera solista, donde me quedé siete años y medio. En ese momento había muchas personas al lado mío que me llevaban y me traían, que me exponían en todos los medios, que me subían a los grandes shows que ellos mismos generan para reventar sus arcas de dinero.

-O sea que te volvés un producto antes que un artista...
-Claro. Yo tenía que rendir muchas cuentas de mis actos sociales, particulares, artísticos... Eso, llegó un momento que me inflamó y dije: "Esto no es para mí, ya no soy dueño de mi vida". Ahí tomé la decisión de separarme ya definitivamente de la compañía discográfica, y hasta el día de hoy sigo así. Y pienso que si alguna vez llegara a volver a firmar un contrato con un sello, habría algunas condiciones que impondría yo.
-¿Qué cosas de las que te exigían te molestaban más?
-Me decían: "Cuando terminás de tocar, te tenés que guardar así se genera todo un misticismo que hace que la gente quede loca y te venga a ver al otro show". La verdad es no hay nada más lejos de la realidad que eso, porque no puedo negarle un autógrafo a alguien que me vino a ver o dejar de darle un consejo a un pibe que quiere empezar a tocar la guitarra. Cada vez que me piden una foto yo lo agradezco porque es un reconocimiento y es una confianza que genero con el otro. Elijo el amor que me brinda la gente sin condición, y por eso siento que mi predisposición tiene que estar ahí al ciento por ciento.
-Vos venías de una banda emblemática para un segmento muy delimitado como es el heavy metal, y de pronto diste un salto a la popularidad, ¿cómo recordás ese momento?
-Con Riff grabé Riff VII, un disco que indudablemente debe ser muy bueno porque, después de 30 años, se sigue hablando de él. Participé de una formación que musicalmente estaba bárbara, pero en lo social, la cosa era muy dura. A veces tocábamos en un lugar y no nos volvían a contratar nunca más por los quilombos que se armaban, había que pagar todo lo que se había roto o ir a ver a los pibes al hospital. Eso me hartó porque veía que las puertas se me cerraban, y yo las quería mantener abiertas. Por eso me fui de la banda.
Grabé seis discos para una compañía discográfica y cinco de ellos se convirtieron en discos de platino, y al día de hoy sigo haciendo 180 shows al año, a los que me vienen a ver padres e hijos. Eso es éxito.
-¿Te costó tomar la decisión?
-No, porque en ningún momento tuve dudas de que tenía que iniciar una carrera como solista como JAF, pensando que era yo el que me iba a hacer cargo de la situación y que todo el mundo que trabajara conmigo iba a tener que respetar mis reglas. De ahí en más hice lo que quise, grabé seis discos para una compañía discográfica y cinco de ellos se convirtieron en discos de platino, y al día de hoy sigo haciendo 180 shows al año, a los que me vienen a ver padres e hijos. Eso es éxito.
-¿Fuiste muy cuestionado cuando saltaste a la popularidad?
-Siempre, pero imaginate que le esté dando pelota a la gente desde el punto de vista artístico... No tendría personalidad. Lo que sucedió en los primeros discos fue que la compañía tomó sistemáticamente las baladas para promocionar mi trabajo. En mi segundo disco, por ejemplo, hay mucho rock and roll, pero estaba "Maravillosa esta noche" y es lo que quedó. El público del rock and roll es más acotado que el de las baladas, eso es así. Y, entonces, los "rifferos" me decían: "¡Hijo de puta, te vendiste!" (risas). Yo era un baladista, pero cuando venían a ver el show y arrancaba con "Salida de emergencia", todos se sorprendían.
-Y además te diste algunos gustitos...
-Sí, toqué con Eric Clapton en River, ante unas 50 mil personas... Al año siguiente fui soporte de Joe Cocker, después de Ian Gillan, tuve la posibilidad de conocerlos y me han dejado muchas enseñanzas, aprendí muchas cosas de la técnica y de cómo comportarse con el fanático que se arrima, que es lo que te mantiene rodando como artista. Esas cosas se aprenden con el correr del tiempo.
-Nunca fuiste un tipo escandaloso, ¿cómo manejabas la vida del rock?
-Hubo un momento en el que no podía salir a la calle, tenía el pelo largo y se armaban unos quilombos bárbaros. Entonces me ponía el casco de la moto y me iba por ahí... Fue muy lindo todo eso, no reniego de ninguna manera. La parte privada sí me gusta preservarla. Hay gente que es fóbica al contacto con la gente, pero no es mi caso. A lo sumo, si estoy yendo a algún lado y me paran 10 tipos, demoraré un poco más, no es tan grave. Yo siempre dominé las situaciones.
-¿Y cómo te llevaste con los excesos?
-El mundo del rock and roll me acompaña desde que tengo 10 años, cuando empecé a escuchar Creedence Clearwater Revival. Y cuando estás dentro de ese universo, los excesos están al lado tuyo. Los vi muy de cerca, pero siempre tuve muy en cuenta las consecuencias y obré con esa idea siempre en mente.
-¿Creés que el rock chocó contra sí mismo en algún momento?
-En mis shows nunca pasó esto, ni tampoco va a pasar. Eso tiene que ver con el tipo que se pone al frente de un público y que asume la responsabilidad que tiene como anfitrión. Si te convertís en exponente de una expresión artística que mueve miles y miles de personas, tenés que ser un tipo ubicado, ecuánime, pensante y buscar el bien para todos los que te vienen a ver. Lo que pasó con Cromañón fue una verdadera porquería desde muchos puntos de vista: por lo que pasó en ese momento, que fue terrible, y por todo lo que pasó después.
-¿Cómo recordás a Pappo?
-Pappo vino a verme a un show un sábado, al día siguiente me llamó Vitico y el lunes ya estaba ensayando con el grupo. Ahí lo conocí. A los tres días, me invitó a subirme a su moto para llevarme a mi casa, desde Belgrano hasta Villa del Parque por General Paz. Sin casco, por supuesto. Me subí y la moto se despegó del piso, subíamos las dos rayas de velocidad... Yo iba agarrado de él fuerte, pensé que nos matábamos. Cuando llegó a avenida San Martín, lo paró un semáforo y me bajé de la moto. "Hijo de puta, nos vamos a matar, boludo", le grité. Sentía que se me salía el corazón por la boca. "¿Qué hacés? Dale, subite que te llevo", me decía mientras yo me iba caminando, loco, llorando, tratando de bajar la adrenalina. Así lo conocí.
-¿Sos un tipo nostálgico?
-No, soy de mirar para adelante porque ahí es donde hay cosas por hacer.
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