El hijo pródigo del cine nacional se hizo de abajo tirando cables
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"Está el pensamiento fácil de que si sos el hijo de Darín se te abren todas las puertas", dice el Chino, hijo de Ricardo Darín, mientras apura un jugo de naranja en un bar de San Isidro. "Y también está la otra mirada, sobre la presión del apellido y el ojo ajeno mirando siempre si soy o no tan bueno como mi viejo."
El Chino Darín, que tiene 26 años, tuvo su primer protagónico en cine con el drama policial Muerte en Buenos Aires, de 2014, donde interpreta a un policía taxiboy. Y, mostrando una singular versatilidad, a comienzos de este año formó parte del casting de Voley, una comedia post-teen dirigida por Martín Piroyansky sobre un grupo de amigos (entre ellos, Vera, la hija de Luis Alberto Spinetta) que viaja a pasar las fiestas a una casa del Tigre, y donde el Chino encarna al fachero del grupo. "Trabajar con él es genial", dice Piroyansky. "Es inteligente y sabe escuchar. Se pone al servicio de la película, por eso siempre me gusta que esté cerca de mis proyectos."
Egresado del colegio ILSE, el Chino tuvo un paso breve por la FUC, que dejó cuando se sumó como tiracables al rodaje de El secreto de sus ojos, la película protagonizada por su padre que ganó un Oscar ("A Juan José Campanella sólo lo veía para cambiarle la batería del handy", recuerda). Estudió actuación con Raúl Serrano, Agustín Alezzo, Claudio Tolcachir y Nora Moseinco, e hizo un curso de técnico eléctrico para cine. "Quiero hacerme de abajo, laburando", dice.
En San Isidro acaba de rodar su última escena para la serie Historia de un clan, dirigida por Luis Ortega para Underground, que Telefé pone al aire este mes y trata sobre los Puccio: una familia que en los 80 secuestró y asesinó a amigos y vecinos. El Chino interpreta a Alejandro Puccio, hijo mayor y estrella rugbier del CASI. "Cuando me enteré, faltaban sólo dos meses y diez días para empezar a grabar, que es bastante poco para transformar el cuerpo de alguien que nunca hizo nada en su puta vida", dice. Este nuevo personaje significó su mayor desafío como actor hasta ahora: se juntó con un entrenador de crossfit y comenzó un entrenamiento corporal cinco veces a la semana, con una dieta de 8.000 calorías diarias, que le cambió el cuerpo. "El entrenador me contactó con un chabón que me dio suplementos, proteínas, ganador de peso y creatina; y unas pastillitas que te dan hambre, también. Subí ocho kilos y me puse más grandote y más fuerte."
"Es difícil encontrar un actor tan bueno y tan fachero a la vez", sigue Piroyansky sobre el Chino, que –atentas, chicas– está soltero . "Es lindo, inteligente y gracioso: ¡Un hijo de puta!"
Por Javier Sinay
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