El dúo se presentó por primera vez en la Argentina y brindó un show íntimo y acústico en La Trastienda, en el marco del Levi´s Music Live
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"La tranquilidad es el nuevo ruido": aquella traducción posible del título que enmarcaba el disco debut de Kings of Convenience anunciaba buena parte del encanto de este dúo noruego de indie-folk. Canciones frugales procedentes del frío nórdico recordaban a Nick Drake pero desde la perspectiva de una formación mínima plagada de combinaciones y con ciertas reminiscencias a Simon & Garfunkel. Delicado, paisajístico y para nada solemne, el tándem formado por Erlend Øye y Eirik Glambek Bøe provocó una revolución silenciosa en Europa y gracias a la esencia pop de sus canciones ganaron adeptos en muchos lugares del planeta. Tres discos de estudio en diez años, conexiones directas con la música electrónica y los trabajos paralelos de Øye (Whitest Boy Alive) explican la trama secreta que los une a un público devoto de aquí y allá. Aunque no tienen ningún trabajo editado en nuestro país, quizá la primera visita de Erlend Øye en 2007, en Niceto, ayudó a convertir en sold out las dos funciones de los Kings en La Trastienda en el marco del Levi´s Music Live. Sin embargo, ni el pronóstico más entusiasta podía vislumbrar lo que sucedió en la noche del debut porteño: adhesión instantánea desde el principio, clima de fiesta con coros gigantes ante la invitación de los noruegos a ceder el protagonismo y un ambiente que mutó del show íntimo al fervor de discoteca. Y todo esto conducido por dos tipos con sus guitarras acústicas, sorprendente y delicioso.
"Hola, somos Kings of Convenience y este es nuestro primer show en Buenos Aires", saludó tímidamente Eirik Glambek Bøe cual becario extranjero de paso por Buenos Aires, ese gesto respetuoso del cantante y psicólogo acompañó una curva ascendente que viajó desde canciones casi susurradas ("My ShipIsn’t Pretty", "Cayman Islands") a la bossa noruega, un maravilloso híbrido que utiliza la técnica del fingerpicking, donde ritmo y melodía pueden ser interpretadas al mismo tiempo ("Love Is No Big Truth", "Me In You"). En la mayoría de los temas, Eric avanza subido a la primera voz y su compañero hace la segunda, pero los roles cambian y ambos reparten juegos vocales y ataques guitarreros, debajo del escenario llegan aullidos y el calor se vuelve insoportable. "Hace mucho calor acá, mi cerebro está trabajando al 60%, pero mi corazón al 100%", dice Øye y las chicas suspiran, acto seguido pide retener este momento sin cámaras, suena "24-25", el tema que abre Declaration of Dependence, último disco de los noruegos: una estructura minimalista de guitarras, como cuerdas de arpa, se mezclan con las voces al unísono en un suave tono medio, la idea de frenar esa manía de almacenarlo todo en los blackberrys.
Con la gente en el bolsillo y Erlend Øye desatado cada vez que subía el volumen de su guitarra, o a través de salidas ocurrentes en materia de sonido, clima o aventuras porteñas, KOC recorrió lo mejor de su discografía: desde la melancolía nunca oscura de su primer disco ("Parallel Lines", "Girl From Back Then/Singing Softly To Me", "Failure"), hasta las amables caricias románticas de Riot on An Emptty Street ("Misread"), segundo disco del dúo que incluye a Feist en la preciosa "Know How": "Ella solía acompañarnos en las giras pero ahora se hizo tan famosa…", explico Erlend antes de lanzar la canción que dividió coralmente a la audiencia entre simpáticos "aaah" y "oooh". Todos contentos y un final compartidos con los músicos de Rosal, la banda porteña que abrió la noche. Primero con el contagioso "Boat Behind" y luego en plan electrónico desde la rítmica bailable de "Rule My World". Cierre festivo, con los KOC luciendo pelucas naranjas y el estribillo de "Boat Behind" sonando en la vereda de Balcarce, caras felices y unos cuantos fanáticos de la madera noruega tratando de retener en sus gargantas algunos instantes mágicos. Esta noche repite, pero nadie puede asegurar que volverá a suceder lo mismo.
Por Oscar Jalil
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