(que no son de Blur); repasamos la actividad previa y paralela de sus integrantes antes de su regreso a la Argentina
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Biografías, compilados de grandes éxitos o de “lo mejor de”, biopics... La industria abunda en recursos que sirven para, de una manera u otra, retratar la trayectoria de un artista, sea cual fuere. Con Blur ocurre algo particular: si bien la banda liderada por Damon Albarn tiene dos compilados y un documental en su haber, su recorrido (y el de sus propios miembros por separado) ha sido lo suficientemente zigzagueante en términos musicales como para catalogar su obra bajo una sola etiqueta. Por eso, y para prepararnos para su regreso para tocar en la segunda fecha del Quilmes Rock de este sábado, lo que sigue a continuación es un experimento, con diez canciones que muestran tanto la actividad previa como también la paralela de sus integrantes, y que buscan dar cuenta cómo lo que pasó por fuera de la banda influyó en lo que el grupo terminó plasmando en estudio.
Antes de adoptar el nombre por el que sería conocida, la banda se llamó Seymour, a fines de los ochenta. Este tema en vivo es el único registro que existe de ese período, incluido en el boxset Blur 21, editado durante el año pasado.
Después de un álbum debut desparejo, Blur picó en alza con Modern Life is Rubbish y Parklife, dos discos que sintonizaron con el espíritu británico de la época que retrataban en clave de sorna al londinense promedio, tal como lo hizo The Kinks en los 60. Esta colaboración entre Ray Davies y Damon Albarn es más que una canción a dúo: es el paso de mando de una generación a la siguiente.
Mientras el britpop comenzaba su canto de cisne, la banda decidió abandonar el barco antes de que se hundiese. Su disco homónimo, de 1997, llevó al grupo por terrenos más experimentales y filosos ("Song 2"). Parte de este viraje fue responsabilidad del guitarrista Graham Coxon, que al año profundizó en esta veta al iniciar su carrera solista en paralelo a Blur.
En 1998, el bajista Alex James se unió al comediante Keith Allen y al artista plástico Damien Hirst para grabar un tema con motivo del Mundial de fútbol de Francia. Su intención era satirizar a las canciones de cancha, pero, oh cruel ironía, terminó siendo un éxito en las hinchadas de su país. Su videoclip es también una parodia de otro muy conocido. ¿Hace falta aclarar de cuál?
Con el cambio de milenio, Albarn comenzó a interesarse por la música de distintas latitudes. En 2001, mientras la banda se encontraba en stand by, se instaló en el oeste de África para grabar Mali Music, un álbum hecho en conjunto con músicos locales, y que sentó las bases para el rumbo artístico que tomó Blur en su último disco, Think Tank, de 2003, ya sin Coxon en sus filas.
Mientras Blur entraba en estado de suspensión por tiempo indefinido, su vocalista focalizó su atención y su ambición creativa en Gorillaz, el proyecto que creó junto al ilustrador Jamie Hewlett. Lo que nació como un chiste dirigido hacia la industria discográfica (una banda virtual integrada por dibujos animados), creció con enormidad disco tras disco, a los que sumaron aportes Lou Reed, Shaun Ryder, Ibrahim Ferrer y Snoop Dogg, entre varios otros.
Dispuesto a hacer cualquier cosa menos quedarse quieto, Albarn convocó a Paul Simonon (de The Clash), Tony Allen (baterista de Fela Kuti) y al guitarrista Simon Tong, para un álbum conceptual sobre la historia de Londres, en un tono sombrío y por momentos apocalíptico. Si bien su líder aseguró que se trataba de un grupo sin nombre, con el tiempo la banda pasó a llamarse al igual que su disco, The Good, the Bad & the Queen.
En 2007, Albarn decidió incursionar en el teatro de una manera particular al musicalizar Monkey: Journey to the West, la adaptación que el actor y director Chen Shi-zheng hizo de una novela china escrita en el siglo XVI. El resultado final, que narra el derrotero del monje budista Xuanzang en su peregrinaje hacia la India, combina electrónica, elementos de ópera y música oriental.
Entre 2008 y 2011, Albarn se juntó a grabar de vuelta con Tony Allen, y también sumó a la partida a Flea (sí, ese mismo). Durante tres años, el trío trabajó en Londres, Chicago, París y Nueva York en una serie de canciones en plan afro beat que recién vio la luz en 2012. El nombre del grupo, Rocket Juice & the Moon, lo eligió el diseñador nigeriano que estuvo a cargo del arte de tapa.
En su segunda incursión en el teatro, el vocalista optó por indagar en la vida de uno de los personajes más intrigantes de la historia de su país. Dr. Dee, creada junto al director Rufus Norris, es una ópera centrada en la historia de John Dee, un científico del siglo XVI que fue asesor de la reina Isabel I, y que dedicó gran parte de su vida al estudio de la alquimia, el hermetismo y la adivinación.
Durante el apogeo del britpop, Blur y Oasis encarnaban el Soda vs Redondos de la juventud británica, con declaraciones cruzadas y todo tipo de hostilidades. En 2013, Noel Gallagher fue el encargado de curar la programación del festival Teenage Cancer Trust, al que invitó a Albarn y Coxon. Sobre el final de su set acústico, el ex líder de la banda de Manchester se sumó al escenario en un gesto que significó la firma de la paz después de casi veinte años de conflictos. Y de yapa, ¡Paul Weller en batería!
Por Joaquín Vismara
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