La película de los impuestos

La historia duró casi una semana. Tuvo la concisión y la intensidad que imponen los nuevos tiempos. También el frenesí de los cambios constantes de situación sobre un mismo escenario, el perfil de un relato coral por la cantidad de nombres comprometidos que se fueron sumando en muy poco tiempo, héroes y villanos establecidos según el punto de vista desde el que se observaron las acciones y un desenlace que aspira a cerrar la historia, aunque bien mirado sugiere algunas continuidades y, sobre todo, interrogantes abiertos.
Durante casi siete días el debate encendido y abierto sobre el posible recorte del fomento al cine argentino se siguió sin pausas, con el espíritu del binge watching con el que se miran hoy las series de Netflix, un capítulo tras otro sin pausa alguna. Comenzó y terminó en derredor de un mismo protagonista, el ministro de Hacienda Nicolás Dujovne.
Se inició el sábado 4, en las páginas de LA NACION, cuando Florencia Donovan contó que la ambiciosa reforma fiscal sobre la cual trabaja Hacienda con el aval del presidente Mauricio Macri avanza con el asesoramiento de distintos equipos de trabajo, entre los cuales aparece la Fundación de Investigaciones Latinoamericanas (FIEL). Y en esa misma nota, reveló detalles del minucioso documento que la entidad elaboró en agosto de 2015 titulado "El sistema tributario argentino, análisis y evaluación de propuestas para reformarlo", en donde se sugiere entre otras medidas eliminar impuestos con asignación específica como el 10 % a las entradas de cine. Esa derogación, sostiene FIEL, "aumentaría la recaudación de IVA porque se puede tomar como pago a cuenta de este impuesto".
La discusión pareció cerrarse en el atardecer del jueves último, cuando comenzó a circular en los medios una imagen de Dujovne junto al ministro de Cultura, Pablo Avelluto, en el despacho de este último. Ese encuentro, calificado de "informal" en los comunicados oficiales fue en realidad la respuesta obligada y bastante formal a una necesidad bastante perentoria: calmar los ánimos de un frente interno que se encendía por los cuatro costados.
En ese lapso, casi todas las entidades representativas del cine reaccionaron con inusual rapidez para rechazar cualquier amago de eliminación del impuesto, inclusive desde la perspectiva de un simple esbozo. No parece haber dudas acerca de la coincidencia de pensamiento entre FIEL y Dujovne en torno de algunas cuestiones tributarias como la necesidad de bajar los impuestos al trabajo, tal como señaló Donovan el sábado, pero el encuentro entre el ministro de Hacienda y su par de Cultura deja a la vista en términos políticos la distancia que existe entre un documento de trabajo (un anteproyecto, en el mejor de los casos) y las necesidades de un gobierno alrededor de temas simbólicos muy sensibles en un año electoral.
"Vamos a seguir apoyando la actividad audiovisual en el marco de la ley de cine", señaló Avelluto. "El Incaa mantendrá sus fuentes de financiamiento. Y vamos a trabajar para que funcione con la mayor transparencia", completó Dujovne. En ese punto estaba el mayor temor de las entidades de la industria: ese impuesto del 10% que FIEL recomendó eliminar aparece en el artículo 24 de laley del cine sancionada por el Congreso en septiembre de 1994. "Se necesitaría otra ley para derogarlo y cualquier proyecto en ese sentido no podría pasar jamás el filtro del Congreso. Los radicales aliados del Gobierno serían los primeros en rechazarlo", coincidieron en señalar observadores de la industria del cine y del día a día de la política.
Ya se dijo en esta columna que 2016 fue un muy buen año para el cine argentino. El 14% de las 48 millones y medio de las entradas vendidas el año pasado corresponde a películas locales (uno de los más altos de la región) y 10 títulos cruzaron por primera vez en la historia reciente los 200.000 tickets cada uno en el mismo año.
La mayoría coincide en que 2017 tiene todo para convertirse en otro año exitoso para el cine argentino, con proyectos destinados a convertirse en grandes éxitos de taquilla y/o funcionar con reconocimiento en los grandes festivales internacionales: Casi leyenda, La cordillera, Los que aman odian, Los padecientes, Sólo se vive una vez, Zama, Mamá se fue de viaje y Las grietas de Jara integran una lista que se puso en marcha con Nieve negra y las 530.000 entradas que vendió hasta el momento.
Desde las entidades que objetaron la posibilidad de que el Gobierno siga las sugerencias de FIEL, empezando por la Academia del Cine de la Argentina, se argumenta que esa recaudación en boletería viene superando en los últimos años el monto de subsidios otorgados por el Incaa, financiados en buena medida por ese impuesto del 10% que está en discusión. Detrás de todos los planteos, expresados en los últimos días a través de distintos documentos y pronunciamientos firmados por más de 50 entidades nacionales, regionales y locales, subyace un punto básico de consenso aceptado universalmente: no hay país en el planeta (con las excepciones de Estados Unidos y la India) que no cuente con algún tipo de ayuda o compromiso estatal para sostener la actividad cinematográfica.
Hay algunas preguntas complejas que no desaparecieron con la distensión propuesta el jueves por el Gobierno. ¿Bajaría el precio de las entradas de cine si llegara a prosperar alguna baja en los impuestos que paga el espectador de cine? ¿Podría encontrar el cine argentino alguna alternativa genuina de financiamiento si el Estado algún día decidiese revisar su estrategia actual de estímulos para el sector? ¿Cuál sería el verdadero ahorro para el fisco? ¿Qué efectos tendría una eventual modificación tributaria en el nivel de actividad y de empleo de la actividad cinematográfica? Ninguna de ellas encontraría automáticamente una respuesta plausible si se aplicara la recomendación de FIEL.
Algunas de las entidades que protestaron en los últimos días prometen seguir en esa línea de aquí en adelante, inclusive con eventuales movilizaciones. Advierten que el tema no se agota con el impuesto del 10% que el Gobierno se comprometió a no tocar. Dicen que lo que está en juego es un porcentaje mayor, previsto en la ley de medios, correspondiente al "impuesto a los servicios de comunicación audiovisual que tiene alícuotas variables por actividad" y que el documento de FIEL también sugiere eliminar.
Son muy pocos los que discuten la necesidad de una reforma tributaria en la Argentina. La carga impositiva actual es agobiante. Esa realidad puso en marcha una historia que se extenderá por más de una semana.
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