Entrevista con Federico Veiroj, director de La vida útil, que este jueves se estrena en la Sala Lugones del Teatro San Martín
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"Desde adolescente comencé a ver películas en la Cinemateca Uruguaya; mis primeras emociones fuertes con películas las he tenido en algunas de las salas que aparecen en La vida útil. A su vez, durante algunos viajes he podido visitar distintas cinematecas e incluso aparte de colaborar y trabajar con la de Uruguay, he trabajado durante unos años en la Filmoteca Española en Madrid. Me encanta que se sienta a La vida útil como un homenaje y retrato de la Cinemateca uruguaya, ya que mi cariño por ella es inmenso; sin embargo, no ha sido ese el motor para la confección de la película. Lo que más me motivaba era contar la transformación de un personaje proveniente de ese ambiente". La frase pertenece a Federico Veiroj, el joven director uruguayo que este jueves estrena en Buenos Aires su segundo largometraje, La vida útil. Son 20 funciones en la Sala Lugones del Teatro San Martín, Corrientes 1350. Que comienzan este jueves, 14 de julio, a las 19.30. A modo de pequeña retrospectiva, también se proyectará el mismo jueves, a las 14.30 y a las 17, Acné, su primer film.
No sólo por el blanco y negro, tu película funciona como un homenaje al cine clásico y de vanguardia. ¿Estamos ante una película para cinéfilos?
Concebimos a La vida útil como una película sobre el amor. Sobre el amor por una mujer, por una profesión, por un lugar... Creo que la película está dirigida para aquel espectador que le guste conmoverse sentado en una butaca de cine, independientemente de cuántas películas vio o si es un cinéfilo. Más que homenajes o citas concretas a películas o épocas, buscamos trabajar con un tiempo y una estética de cine; con aquellos elementos que solamente tienen vida en una pantalla de cine y con los que se puede construir una fantasía. Con mi primer aliado para la confección de la película, Arauco Hernández (fotógrafo, co-guionista, co-editor), pensamos en todas estas cosas con bastante detalle porque sabíamos que era un lugar delicado en el que nos movíamos y naturalmente queríamos incluir más que excluir las interpretaciones, emociones que se podrían llegar a sentir.
¿Dirías que buena parte del film es un reflejo de lo que ocurre actualmente en Cinemateca?
No, al inicio de la película hay un anuncio que justamente dice que no es un reflejo de la realidad de la institución. Hoy no tengo ninguna relación laboral con la institución, pero, durante el rodaje de la película (2008) yo era parte de la Directiva de Cinemateca uruguaya, por lo tanto conocía los detalles de la interna, que naturalmente no me interesaba ventilar; y menos en una película de ficción en la que iban a actuar algunas personas que trabajaban en la institución (destaco a Manuel Martínez Carril que ha sido la persona que la ha representado por más de treinta años) y que también tenía como escenarios algunos espacios pertenecientes a ella. Entre 2001 y 2002 hice un documental de Cinemateca uruguaya como homenaje por sus 50 años de vida, y para La vida útil no tenía intención de repetir ese acercamiento. Para construir la historia del personaje de Jorge nos servía un conflicto claro y contundente, como el impago de un alquiler, para plantear la complicada situación en la que se encontraba dicha institución. Esto no era así durante el tiempo que yo trabajaba en Cinemateca uruguaya, sino que había cientos de otros problemas, algunos más profundos que un impago del alquiler que en última instancia se podría resolver con dinero.
¿Cuál fue la reacción de los directivos con respecto a tu película?
Con los Directivos que he tenido contacto, he comprobado que la película ha sido muy bien recibida y sentida; algunos incluso habían sido parte de la confección de la película como Manuel Nieto (asistente de dirección), María José Santacreu (actriz) y Manuel Martínez Carril (actor). Obviamente, no era la película de alguien desconocido sino de un colega que se crió en esos espacios y que ha hecho todo lo posible para que la Institución crezca.
Durante la época del estreno comercial hicimos una proyección exclusiva para socios de Cinemateca, una exposición de fotos en la Galería de Cinemateca y luego se exhibió también en una de las salas de la institución. Esas experiencias fueron fantásticas; no sólo yo sino todo el equipo que trabajó en la película recibió muy buenos comentarios.
Creo que la reflexión de Martínez (Manuel Martínez Carrill) en el programa de radio es una de las claves del film. Y creo que la cita sobre la importancia de la música en la Batalla en el Hielo de Alexander Nevsky sirve para explicar varias escenas de La vida útil. ¿Cuál fue el peso de la música a la hora de pensar el film?
El rodaje se dividió en dos partes con seis meses de diferencia. Durante la primera parte de filmación (los primeros 35 minutos de película) sabíamos que la canción de Leo Masliah "Los caballos perdidos" iba a ser utilizada en la secuencia que quedó finalmente. Para la segunda parte del rodaje sabíamos que íbamos a precisar música pero aún no sabíamos cuál iba a ser, filmamos sin tener en cuenta qué música sería. Fue durante el montaje que surgió la oportunidad de trabajar sobre tres obras del compositor uruguayo de principio del siglo pasado, Eduardo Fabini.
El peso que sí era fundamental para la película es el que viene con Manuel Martínez Carril, histórico director de la Cinemateca uruguaya, hasta 2006. Yo lo había filmado en el documental mencionado antes, en un corto (Bregman, el siguiente), en Acné hizo una voz de abogado, y era imposible concebir la película sin tenerlo a él delante de cámara. Aparte de ser alguien muy querido y cercano, sabía que en escenas como la de la reflexión en la radio iba a ser muy jugoso; nos basamos en charlas y temas que hemos hablado muchas veces, pero la idea era fue improvisar a partir de eso.
¿Cómo te conectaste con la obra del compositor Eduardo Fabini? ¿Influyó cierta similitud con la obra de Prokofiev en la elección de sus piezas para el film?
Las grabaciones de la Orquesta del Sodre realizadas 1959 y 1960 en Montevideo de las obras de Eduardo Fabini (compuestas en los años 20), las conocí a través de un CD que en los 90 editó el sello Ayuí Tacuabé en Uruguay. Como el musicólogo Coriún Aharonián, responsable de dicha re-edición, había sido un admirado profesor durante mis estudios, compré dicho CD, y me apasionó. En el momento de montar la película, recordé las emociones que me transmitían esas obras más de diez años atrás, similares a las que intuía tenía que transmitir La vida útil. Entonces comencé a utilizar esas obras como referencia durante el montaje de imagen, y luego trabajándolas con el sonidista Daniel Yafalián ya no pudimos separarnos de la idea que esa tenía que ser la música de la película.
No estaba familiarizado con Prokofiev, y tampoco sabía que Manuel Martínez Carril iba a citarlo en su explicación.
¿Por qué decidiste incluir, también, una canción de Leo Maslíah?
La canción de Leo Masliah 'Los caballos perdidos' la conocí en mi adolescencia junto a un amigo muy cercano y me ha acompañado desde entonces porque me pega muy adentro, cada vez que la escucho. Me parece que es una potente canción que habla del peso del pasado y de la pérdida de la inocencia, temas que me atraen mucho. A la hora de escribir, me parecía que esa canción iba a combinar perfecto con las imágenes que haríamos, y que la 'pérdida de la inocencia' era algo que alimentaría enormemente a la película. La secuencia de 'Los caballos perdidos' la filmamos muda porque ya sabíamos que iba a ir sonorizada con esa canción.
¿Cómo llegó el crítico Jorge Jellinek a encarnar al protagonista del film?
La vida útil surge de un anterior guión que había estado escribiendo entre 2002 y 2004 en Madrid, y que tenía a un joven uruguayo como protagonista; éste trabajaba en una cinemateca en Madrid, volvía de visita a Montevideo y se reencontraba con sus viejos colegas de su cinemateca de Montevideo. Este guión se llamó Semana de turismo y lo dejé de lado para filmar Acné en 2007. Durante la etapa de difusión en Uruguay de Acné, conocí al periodista y crítico de cine Jorge Jellinek. En ese momento sentí un flechazo importante por Jorge... Sin comentarle nada, retomé la idea de la película Semana de turismo, pero adaptándola a Uruguay y sobretodo, pensando en Jorge Jellinek como protagonista. Cuando no aguanté más y lo tuve que invitar a ser parte del proyecto, ya pensando en filmarlo como sea posible, yo estaba en un nivel de convencimiento que si me decía que no aceptaba, no iba a hacer la película. Por suerte entendió perfecto lo que queríamos hacer y a pesar de no haber actuado nunca, decidió que luego de unas pruebas, la íbamos a hacer y a partir de ahí se brindó al 100%; él no había trabajado en una cinemateca pero conocía la de Montevideo y el ambiente de cine era (y es) también parte de su vida.
A partir de 2 5 Watts existe un "nuevo cine uruguayo". ¿Estás de acuerdo? En tal caso, ¿cuáles son sus rasgos principales?
Sí, fue a partir del 2000 y el 2001 que comenzaron a hacerse más películas y de forma más regular que en las décadas anteriores. Al día de hoy se producen no menos de 7 u 8 largometrajes de ficción al año y existe un Instituto de Cine que hace diez años no existía. No he visto todas las películas que se han hecho en Uruguay, pero desde mi experiencia como director de cortos desde mitad de los 90, de dos largos y también por las películas que he trabajado (incluida 25 Watts) podría decir que el rasgo principal es la pasión con la que se encaran los proyectos.
Por Humphrey Inzillo
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