La Zaranda volvió con un sinfín escénico

La extinta poética
La extinta poética
Juan Carlos Fontana
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24 de mayo de 2019  • 15:06

La extinta poética. Autor: Eusebio Calonge. Dirección e iluminación: Paco de La Zaranda. Intérpretes: Carmen Barrantes, Laura Gómez-Lacueva, Ingrid Magrinyá y Rafael Ponce. T eatro: El Picadero, pasaje Enrique Santos Discépolo 1857. Duración: 90 minutos. Funciones: miércoles y jueves pasados. NUESTRA OPINIÓN: MUY BUENA.

Una presencia elocuente dio inicio a esta pieza, escrita y dirigida por dos de los creadores del mítico grupo de Jerez de la Frontera, La Zaranda, habitués de los escenarios porteños. Una solitaria novia con su ramo de flores, cuyo personaje recuerda tal vez a la Adela de "La casa de Bernarda Alba", o la Ofelia de "Hamlet", ahogada en sus propias lágrimas, abrió esta sátira esperpéntica sobre una familia imaginada con lucidez por Eusebio Calonge, que se mostró dispuesta a compartir su aquelarre tragicómico con el público.

El equipo está conformado por dos de los míticos fundadores de La Zaranda: Calonge y Francisco Sánchez, conocido como Paco de La Zaranda, tres de los integrantes del grupo Nueve de nueve y la bailarina Ingrid Magrinyá. Los cinco, le sacaron chispas al escenario del porteño El Picadero, con esta pieza en la que el padre y la madre sostienen sus existencias a partir de pastillas recetadas, mientras su hija minusválida y otra que prepara su boda, cierran un círculo dispuesto al más absoluto delirio escénico. Sin obviar que lo suyo encierra una mirada irónica a una sociedad, como la observa Calonge, inmersa en un hipnótico carrusel de noticias y entretenimientos que dispara la televisión y la industria farmacéutica siempre dispuesta a calmar un dolor y abrir nuevas heridas con las que someter a los pacientes, que cómo en este caso, parecen transformar sus miserias, en el motor de sus vidas, las que siempre están a punto de concluir, pero engañosamente vuelven a recomenzar.

Si los textos de Calonge, por instantes, son meros atisbos de apoyo para disparar la acción, la dirección de Sánchez construye un sinfín escénico, que como una calesita gira obsecuentemente para modificar las escenas. La representación no dejó de sorprender al público, que no sabía si reír o llorar frente a las tristezas expuestas, con esa novia a punto de parir, la minusválida que asocia a su familia con los personajes de Shakespeare, la madre que recuerda los poemas de juventud de su marido y el padre malogrado sostén de esta absurda familia que construyen este ingenioso ritual en el que parecen escucharse ecos del auto sacramental El hospital de los locos, de Valdivieso, o el más puro esperpento de Valle Inclán.

Con cuatro actores tan impunes que se beben de un sorbo a sus personajes, el equipo español hizo sólo dos funciones en nuestra ciudad para continuar su gira por América latina.

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