Los dólares los tapaban pero traicionaron a sus hijos y los sacaron del testamento: “Heredar es desagradable”
Acusaciones, gritos y libros donde se ventilaban los “trapitos sucios”; la otra cara de los millones que jamás llegaron a sus destinatarios originales
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Un testamento puede ser el último acto de amor de una persona. También puede ser su venganza más fría, su lección más dura o su declaración de principios más contundente. En Hollywood, donde todo tiende a ser excesivo, las últimas voluntades no son la excepción. Hay quienes desheredaron a sus hijos con nombre y apellido, quienes los dejaron con menos del uno por ciento de fortunas colosales y quienes decidieron, en plena vida y con total transparencia, que sus millones tendrían un destino más útil que engordar cuentas bancarias ya privilegiadas.
Un repaso por las decisiones patrimoniales más sorprendentes del mundo del entretenimiento.

Joan Crawford: “Por razones que ellos conocen bien”
Ganadora del Oscar por Mildred Pierce, Joan Crawford adoptó a cuatro hijos a lo largo de su vida. Al morir en 1977, su testamento excluyó a sus dos hijos mayores, Christina y Christopher, “por razones que ellos conocen bien”, mientras las gemelas menores recibieron 77.500 dólares cada una. Christina respondió con Queridísima mamá, unas memorias que retrataron a su madre como una alcohólica controladora y que más tarde se convirtieron en una película protagonizada por Faye Dunaway.
Bette Davis: la ironía más cruel de Hollywood

Davis fue quien salió a defender a Crawford cuando se publicó el libro de Christina, declarando que jamás podría imaginar que su “querida y maravillosa hija BD” hiciera algo semejante. La ironía fue feroz: en 1985, mientras luchaba contra el cáncer, Barbara publicó La guardiana de mi madre, que describía a su mamá como una “acosadora alcohólica”. Davis nunca volvió a hablarle y, cuando murió en 1989, BD quedó fuera del testamento. La fortuna, estimada entre uno y tres millones de dólares, se repartió entre su hijo Michael y un amigo cercano.
Tony Curtis: el galán que borró a sus hijos del mapa

Tony Curtis se casó seis veces y mantenía, según se decía, una relación afectuosa con sus seis hijos. Por eso su testamento, revelado tras su muerte en 2010, resultó un golpe demoledor: Curtis dejó su patrimonio de 40 millones de dólares casi en su totalidad a su sexta esposa, Jill Vandenberg, 45 años menor que él, sin dejarles nada a sus hijos. Vandenberg subastó además cientos de pertenencias personales de su marido sin ofrecer a los hijos la posibilidad de quedarse con ningún recuerdo.
Jerry Lewis: desheredados uno por uno, con nombre y apellido

Cuando el rey de la ‘comedia chiflada’ murió en 2017, su testamento tenía una sorpresa: había desheredado a los seis hijos de su primer matrimonio de forma nominativa, mencionando a cada uno con nombre y apellido completos para no dejar lugar a dudas. Toda su fortuna, estimada en 50 millones de dólares, quedó en manos de su segunda esposa SanDee y de su hija adoptiva Danielle. Gary Lewis, el mayor, describió a su padre como “una persona mala y cruel”.
Aaron Spelling: 800 mil dólares... de 500 millones posibles

Durante más de cinco décadas, Aaron Spelling fue el productor de televisión más prolífico de la historia estadounidense, con una fortuna de 500 millones de dólares al momento de su muerte en 2006.
Sus hijos Tori y Randy crecieron en una mansión de 123 habitaciones, la residencia privada más cara de California, pero cada uno recibió apenas 800 mil dólares de herencia, menos del uno por ciento del patrimonio total. Spelling temía que sus hijos carecieran de educación financiera para administrar semejante fortuna y los hechos le dieron la razón: en 2016, Tori fue demandada por compañías de tarjetas de crédito tras acumular deudas que superaban ampliamente sus ingresos.
Steve Jobs: el genio que negó a su propia hija

Jobs murió en 2011 con un patrimonio de 10.200 millones de dólares y cuatro hijos, entre ellos Lisa Brennan-Jobs, de una relación anterior que negó durante años pese a las pruebas de paternidad. La paradoja fue notable: antes de admitir la paternidad, bautizó uno de sus primeros productos con el nombre de la niña, la computadora Apple Lisa, lanzada en 1983. Al momento de su muerte dejó la totalidad de su fortuna a su esposa Laurene, sin darle nada directamente a sus hijos.
Philip Seymour Hoffman: una decisión ideológica, no un castigo

El ganador del Oscar murió de una sobredosis en 2014 con un patrimonio de 35 millones de dólares y tres hijos, con quienes mantenía una relación cercana y afectuosa. Su contador reveló que el actor no quería que sus hijos fueran vistos como “hijos de un fondo fiduciario”, por lo que toda la fortuna quedó en manos de su mujer, con la condición de que los niños crecieran en una ciudad con oferta cultural rica, como Manhattan, Chicago o San Francisco.
Kirk Douglas: una fortuna para los que menos tienen

Con una fortuna considerable acumulada a lo largo de una carrera de más de 60 años, Douglas tomó una decisión que sorprendió a pocos quienes lo conocían: destinó la mayor parte de su patrimonio a la Fundación Douglas, dedicada a becas para estudiantes sin recursos y a hospitales infantiles. Su hijo Michael Douglas ya era una superestrella millonaria por derecho propio lo que quizás facilitó la decisión. Para Kirk, el dinero tenía más sentido en manos de quienes nunca habían tenido acceso a él que sumándose a una fortuna que sus herederos ya no necesitaban.
Sting: un “albatros” alrededor del cuello

El ex líder de The Police declaró en el Mail on Sunday que no dejaría fondos fiduciarios a ninguno de sus seis hijos porque ese tipo de herencia era “un albatros alrededor del cuello” de un joven. Criado en una comunidad obrera del norte de Inglaterra, Sting considera que la autosuficiencia es una obligación moral y que la ética del trabajo que lo sacó de su ciudad natal es el único legado que vale la pena transmitir.
Daniel Craig: heredar es “desagradable”

Con un patrimonio estimado en 160 millones de dólares, el actor que redefinió a James Bond declaró que el concepto de herencia le resulta “desagradable” y que su plan es gastar o donar su fortuna antes de morir. Craig, proveniente de una familia humilde, cree que morir rico equivale en cierto modo a haber fracasado y que sus dos hijas deberán forjar su camino sin depender de las nóminas de las películas de su padre.
Elton John: aprender el valor del dinero

Para el autor de Crocodile Rock, con una fortuna de 550 millones de dólares, dar a los hijos más de lo necesario es una irresponsabilidad. Así lo expresó ante el Daily Mirror respecto a sus hijos Zachary y Elijah: los chicos tienen tareas domésticas asignadas y acumulan estrellas en un ranking familiar por cada responsabilidad cumplida. El modelo que la pareja toma como referencia es el de Warren Buffett, quien dejó a sus hijos lo suficiente para vivir con dignidad sin convertirlos en herederos ociosos.
Simon Cowell: la universidad pagada y el resto a ganárselo

El creador de American Idol, The X Factor y Got Talent, con una fortuna estimada en 570 millones de dólares, no cree en la transmisión de riqueza entre generaciones. En una entrevista con The Mirror lo dejó dicho en términos precisos: la universidad de su único hijo Eric estará pagada y a partir de ahí el joven tendrá que empezar solo. Si decide seguir una carrera en el entretenimiento, tendrá que hacerlo desde abajo como cualquier aspirante sin apellido famoso. El resto de la fortuna irá a fundaciones dedicadas a niños y animales.
Gordon Ramsay: clase turista para los hijos, primera clase para los padres

El chef más mediático del mundo, con 220 millones de dólares de patrimonio y 17 estrellas Michelin, convirtió su propia infancia en argumento central para no dejarles nada a sus hijos. Ramsay creció en Glasgow con un padre alcohólico que nunca mantuvo un trabajo estable y se fue de su casa a los 16 años. Por eso en los vuelos familiares él y su esposa Tana viajan en primera clase mientras los hijos van en turista: aún no trabajaron lo suficiente para pagarse ese privilegio. La única concesión acordada con su esposa es el 25 por ciento del depósito para la primera vivienda de cada uno.
Ashton Kutcher y Mila Kunis: 275 millones de dólares para la caridad, cero para los hijos

Dos de los actores más exitosos del Hollywood contemporáneo, con una fortuna combinada de 275 millones de dólares, son explícitos sobre un punto que no admite matices: sus hijos Wyatt y Dimitri no recibirán un centavo de herencia. En el podcast Armchair Expert, Kutcher fue directo: toda la fortuna irá a causas benéficas. Kunis lo resumió ante E! News: el objetivo no es criar niños ricos sino personas capaces de contribuir al mundo con algo más que un apellido famoso.
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