Hallazgo: encontramos una guitarra mítica del rock nacional
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La décima entrega de esta sección "instrumental" merecía un pequeño esfuerzo de producción, así que nos remontamos hasta finales de los sesenta en busca de la guitarra con la que Luis Alberto Spinetta tocó en los inicios de Almendra. Esa Fender Stratocaster ahora mítica pertenecía y sigue perteneciendo a Ricardo Miró, un reconocido matemático argentino que desde hace más de veinte años trabaja en el Poder Judicial. Miró, vecino del Bajo Belgrano durante su adolescencia, hizo el secundario en el colegio San Román, donde compartía el banco con Edelmiro Molinari, a quien le enseñó sus primeros acordes. En esas mismas aulas conoció al Flaco, que era un año menor.
"Yo en realidad lo conocía porque de pendejo Luis tocaba en un conjunto que se llamaba Los Larkins, año 1964, pre rock nacional, y eran muy buenos", cuenta Miró. "Después me di cuenta de que íbamos al mismo colegio y nos hicimos amigos". Los Larkins era el grupo de Rodolfo García, o sea que ahí estaba el germen de Almendra. Ahí y en una banda más, Los Sbirros, en la que tocaban Edelmiro, los hermanos Emilio y Ángel Del Guercio y... Ricardo Miró.
Melómano precoz, Miró fue el primero del grupito en tener una Stratocaster, la misma que descansa hace muchos años adentro de un estuche en la casa de sus padres en Vicente López, sin que nadie la toque ni la mire (sabrán disculpar la falta de una foto actual: la intimidad de un hombre que se mantiene fuera del terreno público durante cuarenta y cinco años no es tan fácil de franquear). "En aquella época me la pedían mucho, pero yo confiaba únicamente en dos personas", recuerda hoy Miró. "En Edelmiro Molinari y, por supuesto, en Luis Alberto Spinetta".
¿Cómo te convertiste en el dueño de una Stratocaster en 1966?
Yo era un pendejo que estaba terminando quinto año, y mi abuela se estaba yendo a visitar a una nieta en Nueva Orleans, así que le pedí que me la trajera. Mi abuela, obviamente, no entendía nada, así que le di instrucciones muy precisas. Lo que sabía, me lo había enseñado Luis Alberto, que siempre estaba al tanto de los instrumentos y las marcas. Intercambiábamos mucha información: yo le mostraba fotos de bandas y él me decía qué estaba tocando cada uno. Un día, boludeando en un ensayo de los Larkins, le pregunto: "Luis, ¿vos lo ubicás a este chabón?", y le mostré un long play de los Shadows, que era mi banda favorita. Estaba Hank Marvin, que sigue siendo el primer guitarrista de la banda. "Eso es una Fender Stratocaster", me dice Luis. Automáticamente quedé fascinado por esa viola.
¿Qué sentiste cuando la tuviste en tus manos?
Me agarró como un vómito cerebral, para mí era increíble. Era una guitarra muy por encima de mis posibilidades como músico. En esa época nadie conocía nada. Es como dice Héctor Starc: cuanto más botones tenía una guitarra, mejor se creía que era. Si parecía un televisor, mejor. Y esta nada que ver, tenía nada más que tres botones y una llave de cambio de micrófonos. Era un lujo, de un tiempo en el que Leo Fender supervisaba todo él mismo en California, antes que la compañía pasara a CBS. Me acuerdo que mi abuela me la trajo en una funda común, porque el estuche rígido era muy caro.
¿Cuánto tardaste en mostrársela a tus amigos?
Ese mismo día fui a la casa de Del Guercio. Estaban Emilio, Ángel, Edelmiro y Luis. ¡Se emputecieron! Emilio la agarraba y decía "uy, es gruesita", porque claro, comparada con las que conocíamos nosotros, era una guitarra con mucho cuerpo.
¿Te la pedían mucho?
Me la pedían seguido, hasta que ellos se fueron armando su propio equipo y entonces no me la pidieron más. Pero sí, en una época Luis la usaba para tocar en vivo, para hacer shows en televisión, para pequeñas giras de fin de semana, para grabar… Me acuerdo que la grabación de "Muchacha (Ojos de papel)" fue en los estudios TNT, que no existen más, ahí sobre la calle Santa Fe, cuando la 9 de Julio todavía no llegaba. Era casi una propiedad colectiva la guitarra, éramos un grupo de amigos cooperativos. Edelmiro y Luis me prestaban las suyas libremente porque sabían que yo las iba a cuidar como a mi vieja, y al revés pasaba lo mismo.
¿Dónde la tenés ahora?
Está en la casa de mis viejos, en Vicente López, guardada en un estuche que le hice a medida. Yo ya no toco más hace muchísimos años, estoy en otra. Creo que para que suene habría que hacerle algunos retoques, cambiarle las cuerdas y alguna cosita, pero está en muy buen estado, porque además está pichicateada por Sergio Repiso, un gran lutier. Es una reliquia.
¿Ningún coleccionista te ofreció comprarla?
Sí que me ofrecieron, pero yo no la vendo.
No la tocás ni la vendés...
No.
¿Por qué?
Qué se yo, no la vendo. Para mí es como el ombligo. No me toco el ombligo, pero no te lo vendo. Ponele que el día de mañana mi hermano necesita un ombligo, y bueno, se lo daré a mi hermano.
O sea que llegado el caso podrías prestársela a alguien...
No sé, tendría que venir muy bien recomendado.
¿A Dante?
¡A Dante seguro! La familia de Luis puede tocarla cuando quiera. Igual ellos son herederos de una colección de cómo cuarenta guitarras del padre, así que me parece que no la necesitan.
Por Lucas Garófalo
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