La Rural, Buenos Aires
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Tocar y dejar tocar
En paisaje galponero, el norteamericano mostró su show craneado entre el laboratorio de sonido y la sala de ensayo.
Podriamos pensar (¿alguno de ustedes ya lo ha estado pensando) que Moby no es más que un exquisito loopeador: el pibe te arma una base y luego se dedica a corretear sobre ella con un crescendo de arreglos efectivos. La pregunta no es si se trata de un truco, sino más bien de si ese truco funciona. Después de su concierto del 23 de septiembre en La Rural, pareciera que sí.
Una típica noche que arranca temprano con show que arranca tarde, la noche del Nokia Trends. El lugar y su estética galponera no fueron de ayuda: muchos metros cuadrados unos tras otros bajo un inmenso tinglado que quizá no haya sido técnicamente un tinglado, pero parecía. Y la gente yendo y viniendo con la dispersión que facilita el espacio.
El show giró sobre el éxito de Play mucho más intensamente de lo que giró sobre el casi éxito de Hotel, su último disco. Todo comenzó con cierto punch: “Find My Baby” intentó ser un rugido primario para poner en foco a las once mil personas que buscaban concentración. Luego, hora y media de un concierto hitero y balanceado.
Entre los éxitos que todos conocíamos, las proclamas políticas de Moby que todos conocíamos: “Soy un hombre ignorante de Nueva York y quiero pedirles disculpas por el presidente de mi país”, dijo y volvió a decir.
La versión de “Porcelain”, sin sampler para las voces, fue innegablemente uno de los momentos del show (si tenés una noche sensible, aquí el truquito de las bases hasta podría emocionarte).
Después, Moby creyó que hacer una versión de “Creep”, de Radiohead, era del todo necesario y la verdad es casi termina convenciéndonos a todos. Parecía que ésa había sido la sorpresa de la noche, pero no, de ninguna manera. La sorpresa, lo verdaderamente inesperado, vino del público. Moby presentaba a su banda y, cuando llegó al nombre de Laura Dawn –su vocalista, que hasta allí se había preocupado por dejar en claro que su voz no es cualquier voz–, la gente sostuvo el aplauso. Y los segundos pasaban y el aplauso no decaía. La cara de Dawn explotaba en el primer plano de los videowalls y pudo verse claramente cuando el reconocimiento empezó a transformase para ella en un problema. De pronto, la cantante clavó los ojos en Moby y en su boca se leyó: “Stop, stop”. Por su puesto, su deseo invirtió la orden y el aplauso, que ya era sostenido, se multiplicó. La cara de Dawn se desfiguró entonces en las contorsiones del llanto y ya no pudo más. Preguntas: ¿cuántas veces aplaudieron a Dawn en cuántos escenarios del mundo? ¿Siempre llora? ¿Los Ramones hablaban en serio? ¿Los Stones hablan en serio? ¿De verdad el público argentino es un público diferente? Es un problema tener que creérnoslo.
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