En su primer recital después de la gira acústica de 'Impuesto de fe', la banda mostró sus otras caras
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“Cómo se disfruta en Obras”, dijo Adrián Dárgelos después de tocar “Desfachatados”, el clásico de Miami (1999), que inauguró el viernes por la noche el segmento más largo y rockero del primer show de Babasónicos post Impuesto de fe (2016) con una descarga de flashes estroboscópicos. Durante ese tramo, la banda agrupó los mejores riffs rockeros de su carrera, desde las furiosas “Pendejo” (Jessico, 2001) y “Estoy rabioso” (Mucho, 2008) hasta las piscodélicas “Calmática” (Dopádromo, 1996) y “Flora y fauno” (A propósito, 2011), en un repaso exhaustivo de su costado más eléctrico, que funcionó como la contracara de la sutileza de los shows de Impuesto.
Esa sección distorsionada del recital terminó con una versión agresiva de “Fiesta popular”, acompañada por imágenes de manifestaciones en la espectacular pantalla de leds que estaba detrás de la banda, ocupando todo el ancho del escenario. (Al final del tema, el público de Obras cantó en contra del presidente Mauricio Macri.)

Antes de eso, la presentación había empezando con “Tormento”, “Los burócratas del amor” y “Fizz”, tres cortes radiales de diferentes épocas que tranquilamente podrían haber formado parte del repertorio de Impuesto de fe, pero en versiones bailables de beat híbrido, con Panza sumando una batería electrónica a su set y Carca tocando congas, panderetas y maracas. “Nosotros somos muchas bandas en una”, le había dicho el guitarrista Mariano Roger a Rolling Stone días atrás, y el objetivo de este show pareció ser el de confirmar esa afirmación de la manera más rotunda posible. De hecho, durante varios minutos, en la pantalla se vio un plano fijo del edificio Crown Hall de Chicago, diseñado por el arquitecto Ludwig Mies van der Rohe, una construcción espaciosa y libre de columnas, famosa por su flexibilidad en el uso: puede ser cualquier cosa.
En ese sentido, la gran sorpresa del show llegó con “Monga nunca”, un tema de BBS Vol. 1, el EP que Babasónicos editó el año pasado casi sin anunciarlo, y en el que muestran su faceta tecno. La pantalla se convirtió en una cuadrícula de neón tipo Tron y la banda enganchó el tema con “Microdancing” y “La lanza”: si hacía un rato habían honrado la tradición de Obras como templo del rock, ahora lo convertían en un boliche. Esa capacidad para camuflarse y adoptar diferentes formas terminó de evidenciarse durante los bises. A diferencia de casi cualquier grupo del mundo, Babasónicos no suele dejar sus hits más emblemáticos para el final, sino que refuerza el mensaje del show: sonaron “Confundismo”, “Patinador sagrado” y “Así se habla”, es decir, una balada bailable, un experimento de electrónica (¡con rap!) y un arrebato de furia rockera. Esas fueron las tres caras que el grupo mostró esta noche, después de dos años de girar por el continente con el mismo formato, lo cual para Babasónicos es muchísimo tiempo sin cambiar de piel.
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