Cinco momentos del show de Bryan Adams en el Gran Rex
El famoso músico canadiense volvió a la Argentina, en su cuarta visita a Buenos Aires. Además de la presentación de su último disco, Get Up!, repasó los hitazos de su carrera
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1. Baladas & bandas de sonido.
Gran parte de la humanidad recuerda la voz rasgada del cantante y compositor Bryan Adams por sus intensas baladas, casi épicas. Y así se hizo ver en su primer show de la seguidilla de presentaciones en el Gran Rex. Los picos, esperables (por cierto), fueron acústicos: Here I Am (de la película Spirit, el corcel indomable), (Everything I Do) I Do It For You (del film Robin Hood), Have You Ever Really Loved a Woman? (irresistible parte del soundrack de Don Juan DeMarco, con su respectivo acompañamiento de guitarra española), y All For Love, el autocover del tema que solía hacer junto a Rod Stewart y Sting para Los tres mosqueteros.
2. Palabras más, palabras menos.
Locuaz no es, quizás, el adjetivo que mejor defina al músico canadiense. Al menos en sus shows. Pero tampoco lo caracteriza la mudez, o el silencio absoluto. Y, si bien el setlist de la noche dio escasos respiros, Adams se pudo despachar discursivamente en diversas ocasiones. A saber: en medio del continuum de temas, al principio, agradeció (un iniciático "gracias"). Pero luego se promocionó a sí mismo (y a su show): "Tengo nuevas canciones, y viejas, ¡muy viejas!". También elogió a la localía: "Amo cuando cantan", "Siempre fueron una audiencia hermosa". Y, luego, llegó el mangazo: "En mi último show aquí no tenían teléfonos. Ahora todos lo tienen. ¿Pueden prenderlos? Creo que saben cómo hacerlo".

3. Puesta en escena.
Decíamos: Bryan Adams pidió a todos que enciendan sus celulares como faros. Y el resultado fue una sucesión de grillos-linternas que se vieron replicados en la pantalla detrás del escenario. Fue en el tema final, All For Love, justo después de que bromeara con que se quería ir, con el gesto de ¨tengo hambre¨. Este detalle escénico no fue, por supuesto, el único. Antes de empezar el show, la imagen promocional de la gira se proyectaba con un Adams rodeado de manos femeninas de uñas negras, con ligeros movimientos. Luego, alternativamente, la pantalla proyectó: videos ad hoc, el concierto en vivo, los gestos de los músicos, la nitidez del público. Y se inyectó de bordes de colores o se iluminó de rojo.
4. Ataque ochentoso.
Indispensable, su primer salto en alto. La gran estación principal de la carrera de Bryan sucedió en 1984, con la edición de su cuarto álbum, Reckless. Por eso, y por su condición de bisagra, la vuelta al origen en el aquí y el ahora porteño, con clásicos ovacionados, como Heaven, Run to You, Kids Wanna Rock, It´s Only Love y, por supuesto, el contagioso Summer of ´69. Pero la referencia a los años ochenta no se limitó a este disco y fue, incluso, más atrás, a canciones de Cuts Like Knife (1983), como la homónima y como Straight From the Heart.
5. La invitada.
Suele hacerlo en su gira y aquí no fue la excepción. Dedicó LA balada infaltable, el tema que (en sus propias palabras) es el más pedido de sus shows (Please Forgive Me) a una mujer del público: Nora. La misma Nora que un par de canciones atrás había sido elegida por él para menear, sacudir, bailar sin escrúpulos. Él, en escena. Ella, en el pasillo del teatro, enfocada por las cámaras (feliz y libre). Ambos, mirándose. En el final de la situación, claro, el de arriba y la de abajo, se fundieron en un abrazo. Acaso, también lo compartió el resto del público.

Repite hoy sábado (con entradas agotadas) y el martes 25.
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