Cosquín más allá de Cosquín: las peñas mantienen vivo el sentimiento
Alrededor de la Plaza Próspero Molina se levanta otro encuentro
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COSQUÍN, Córdoba. El Festival de Folklore de Cosquín se extiende más allá del escenario Atahualpa Yupanqui. Cada noche, cientos de personas ni siquiera ingresan a la plaza, sino que llegan a la ciudad a vivir la fiesta en las tradicionales peñas o en las calles, donde se arman espectáculos espontáneos entre quienes recién se conocen.
El circuito de las peñas coscoínas es, desde siempre, un atractivo para el público hasta tal punto que la comisión organizadora del festival las considera una competencia. Hay artistas que, contratados por los organizadores, terminan su presentación en el escenario y siguen a pocos metros. Para las próximas ediciones habrá una nueva regulación y se exigirá el cumplimiento de las cláusulas de los contratos que limitan las actuaciones.
Este año son quince las peñas en Cosquín y la ausencia más notoria es la del espacio que lideraba Paola Bernal. Además de la peña oficial (funciona en el Centro de Congresos y Convenciones) se destacan la de Lucio "Indio" Rojas, hermano de Jorge; la del violinista Leandro Lovato; la de la Chacarerata Santiagueña y La Callejera, conocida como "la peña que baila".
En el salón y patio de Rojas las mujeres son mayoría. No sólo llegan para escuchar al "Indio", quien mezcla folklore con algunos temas melódicos y mucho baile, sino con la esperanza de que Jorge aparezca en el escenario. Lo hizo en la inauguración anteayer y disparó declaraciones de amor a los gritos y cientos de celulares levantados para congelar el momento.
"Vengo de Rosario, estuve en la puerta dos horas esperando para verlos. Esto es un sueño. Me voy feliz", dice Eugenia alrededor de las 4 de la madrugada. Además del atractivo de los Rojas, el lugar tiene la mejor puesta de sonido y los grupos invitados, en general, muestran un buen nivel.
El Patio de La Pirincha es recomendado por los músicos emergentes que tienen allí un espacio de expresión. Empieza a la tardecita y este año propone el ciclo Una que no Sepamos Todos. Quienes vayan tienen muchas posibilidades de encontrarse con algunos de los artistas que se suben al escenario en las nueve lunas.
El público de las peñas, en su mayoría, va a despuntar el gusto por el baile. Muchos son de academias de folklore que hacen gala de sus movimientos en las improvisadas pistas, escuchan los acordes y al segundo despliegan el pañuelo que llevan para la ocasión. Hay gente de todas las edades. Los más jóvenes frecuentan la de Lovato, la de Rojas y La Callejera.
Artesanos y entusiastas
La Plaza de los Artesanos, a unos 600 metros de la Próspero Molina, es el centro de la improvisación. Sergio llegó con su violín de Santa Fe y allí conoció a Alejandro, Francisco y Fernando. En minutos armaron un cuarteto y, de la nada, emergió un "ballet". Lo integraron unos jóvenes mochileros que desde la mañana temprano andaban mate en mano por la ciudad: Brenda y Gonzalo, de 14 años, que estaban con sus padres y que salieron a lucir lo que estudian en una academia de Carlos Paz, y Nelly y Amanda, unas entusiastas entrerrianas de más de 60 años.
Más de cien puestos de artesanos integran la feria que cumple medio siglo. No sólo venden, sino que trabajan allí para mostrar su oficio. Entre los stands se mezclan bailarines que, con vestuario intacto, participan de desfiles por la ciudad y gauchos de distintas agrupaciones que desafían al calor con el poncho sobre los hombros.
Sobran los cantantes que sueñan con pasar de una esquina al escenario mayor. No todos tienen el talento necesario, aunque algunos muestran carisma y voluntad. Se acercan a grupos, entregan sus demos y suelen conseguir una invitación para actuar en una peña.








