Guns N' Roses llevó su afilada máquina de rock a La Plata

Los Guns dieron un show de más de tres horas en el Estadio Único de La Plata
Los Guns dieron un show de más de tres horas en el Estadio Único de La Plata Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford
Luego de la presentación de The Who, la banda formada en Los Angeles desplegó destellos de sus años de gloria con un show de más de tres horas
Martín Artigas
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2 de octubre de 2017  • 05:39

Hubo un tiempo en el que todo era incertidumbre con Guns N’ Roses . ¿Con cuánta demora comenzaría el concierto? ¿Llegarían a hacer todo el setlist o Axl Rose montaría en cólera por algo y abandonaría el escenario estrellando el micrófono contra el piso? ¿Estaría Slash lo suficientemente sobrio? ¿Serán capaces de sobrevivir a sus propios excesos? Esa tensión constante, de dientes apretados, fue la que la convirtió en “la banda más peligrosa del planeta”, alimentó su mito y los condujo a su separación.

El tiempo ha pasado para todos, y esa tensión dio lugar a la reinvención para poder salir adelante y encontrarle un futuro -o un presente al menos- a su marca: los chicos malos entendieron que debían poner en funcionamiento su máquina de rock, y que la imprevisibilidad debía abrirle paso al show para poder sobrevivir de cara a los nuevos tiempos y sus nuevas reglas.

Embarcados en la gira que reencontró al núcleo de la banda surgida en la escena californiana de mediados de los 80, Rose, Slash y el bajista Duff McKagan regresaron al país para brindar un show de poco más de tres horas en el Estadio Único de La Plata. Y demostraron, una vez más, que son capaces de ser ordenados y puntuales –el recital comenzó apenas 16 minutos después de lo estipulado-, pero también que, a la hora de jugar sus cartas, mantienen intacto ese espíritu duro, salvaje y callejero que los hizo célebres.

El arranque fue implacable, con la combinación del furioso punk de “It’s so easy” con la rockera oda a los excesos que es “Mr. Brownstone”. Siguió “Chinese Democracy”, como un puente entre el álbum debut de la banda, Appetite for destruction, con el disco que Rose publicó en 2006 con el pleno dominio de Guns N’ Roses y, hay que decirlo, como único integrante original.

Bajo una intensa lluvia que se mantuvo constante durante toda la noche, "Welcome to the jungle" volvió a invitar al pogo y a miles de teléfonos celulares a registrar el momento en el que la furia revivía en escena, como soltando destellos de aquellos años de groupies, vino barato y ansías de devorarse al mundo.

“Double talkin’ jive” fue la oportunidad para que Slash hiciera de las suyas. Y si bien se lo notó algo impreciso en algunos momentos, el hombre de la galera eterna sigue siendo el guitar hero favorito, capaz de poner a hablar a su Gibson Les Paul y crear climas perfectos sin esfuerzo aparente. Richard Fortus es, en ese sentido, un gran acompañamiento en la segunda guitarra, capaz también de tomar el control cuando es necesario sin robar protagonismo. Dizzy Reed en piano, Frank Ferrer en batería y Melissa Reese en teclados completan la formación actual de la agrupación.

El primer traspie llegó con "Better”, que sonó desprolija y por demás estridente, con un Rose demasiado forzado en su interpretación. Afortunadamente, “Estranged” desplegó su encanto y mostró al cantante mucho más cómodo y capaz de enseñar todos sus matices. Lo mismo sucedió con "Coma", otra perla XL de los Use Your Illusion que siempre es bien recibida.

Los Guns dieron un show de más de tres horas en el Estadio Único de La Plata
Los Guns dieron un show de más de tres horas en el Estadio Único de La Plata Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford

El reciente paso de Guns N’ Roses por Rock In Rio había dejado un sabor extraño en el público. Mucho se habló de los problemas que el pelirrojo cantante tuvo durante su presentación en el festival carioca, y los videos publicados en YouTube o compartidos en las redes sociales dieron testimonio de ello. Sin embargo, tanto en Sao Paulo como en Santiago de Chile, todo pareció mejorar. Y en La Plata, el cantante no sólo se mostró entero y prolijo –salvo en algunas contadas ocasiones-, sino también de muy buen humor durante todo el show.

También hubo tiempo para preocuparse por el pogo y el efecto del agolpamiento contra las vallas de seguridad: luego de la explosiva "Live & let die", Rose llamó a un intérprete para pedir que todos en el campo dieran un paso hacia atrás. “Estamos acá para pasar un buen momento”, dijo antes de agradecer en un perfecto castellano. La escena se repetiría varias veces a lo largo de la noche, siempre con un tono paternal impensado en los gloriosos 90.

El setlist no distó demasiado del que rigió en noviembre pasado, durante los dos shows que brindaron en el estadio de River Plate. Sí Duff hizo a un lado "Attitude", de The Misfists, para interpretar "New rose", otro cover -en este caso, de The Damned- incluido en el álbum de 1993, de The Spaghetti Incident?. También se incluyó "Yesterdays" y tres homenajes: "Wichita Lineman", del recientemente fallecido cantante country Glen Campbell, "Black hole sun", de Soundgarden, y "Whole Lotta Rosie", un tema de AC/DC que Guns N' Roses ha tocado desde sus shows iniciáticos.

"Knockin' on Heaven's Door" -con intro de "Only Women Bleed", de Alice Cooper- y "Nightrain", sirvieron como perfecto primer cierre, con el público exhausto pero con ganas de más. Luego de unos pocos minutos con el estadio a oscuras, los cantitos tribuneros surtieron efecto y la banda regresó con un puñado más de hits. La sensibilidad de "Patience" se vio rápidamente destruida por el riff de "Whole Lotta...", seguido de una versión algo deslucida de "Don't cry". El cierre, por supuesto, fue con "Paradise City", la despedida perfecta que fue coronada con fuegos artificiales y la promesa de un regreso.

Así, Guns N' Roses renovaba su romance con el público argentino. Ahora, resta esperar la próxima jugada. ¿Conseguirá la banda que supo ser la más peligrosa del planeta salir del laberinto de espejos para poder construirse a futuro? Sólo el tiempo lo dirá; mientras tanto, lo que vale es el presente y, por supuesto, las glorias del pasado salvaje y filoso.

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