La canción del reencuentro
El músico y actor presentó su álbum Buena vida en el teatro Gran Rex
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Con las mismas expectativas y ansiedad que se generan cuando dos viejos y queridos amigos vuelven a verse las caras después de mucho tiempo. Esa fue la sensación que envolvió al teatro Gran Rex al producirse el esperado reencuentro entre Diego Torres y su público. Los gestos de emoción y alegría abundaron durante toda la noche tanto arriba como abajo del escenario, considerando que el artista puso punto final a un prolongado receso profesional en el que se convirtió en padre y dedicó sus días a disfrutar de su familia.
Precisamente alrededor de esta feliz etapa personal y familiar, además del amor en general y la simplicidad y complejidad que significa existir, giran las letras de las canciones que conforman Buena vida, su más reciente trabajo discográfico que tiene su presentación oficial en esta serie de ocho conciertos que comenzó el último fin de semana. Musicalmente lo muestra a Torres transitando terrenos ya conocidos por él, sin intenciones de asumir, al parecer, demasiados riesgos.
De este modo, la balada, el pop, el funk, el soul, los pasajes mid tempo y los sones latinos continúan siendo los variados ingredientes de una propuesta atractiva en la que a Torres se lo ve muy cómodo, así como a sus fans. Ellos, tras agotar las localidades con una notable voracidad, denotaron una inmediata complicidad e identificación con recientes creaciones de la talla de "La vida es un vals", "Hoy es domingo" (cantada a dúo con Alex Batista), "Por ellas" y "La grieta" (con una lírica muy actual).
Una enorme pantalla de Led como telón de fondo (por la que desfilaron infinidad de imágenes y donde su pequeña hija, Nina, fue la figura estelar) y plataformas de diversas alturas albergando a los músicos de su compacta y afiatada banda secundaron al reconocido cantante, compositor y actor en esta festejada vuelta al ruedo en la que no estuvieron ausentes los hits que todos ansiaban escuchar ni tampoco sus celebradas dotes de showman, incluyendo comentarios irónicos, algún que otro chiste, graciosos pasos de baile y su simpatía a flor de piel.
A lo largo de un concierto muy rico en climas, y que encadenó diferentes etapas de su carrera, hubo tres momentos puntuales donde primó la emoción. El primero fue el sentido e inesperado tributo a Gustavo Cerati, con la voz en off del ex Soda Stereo entonando "Crimen", a la que luego se sumó la del propio Torres sentado tras un piano blanco mientras el videoclip respectivo acompañaba desde las pantallas.
Celebrada fue la aparición en escena de Ángela Torres (sobrina de Diego y nieta de la inolvidable Lolita), quien una vez más demostró sus ya reconocidas dotes vocales acompañando a su tío en "El camino" y, finalmente, la irrupción del Argentina Gospel Choir, conformado por 20 poderosas voces, le dio el toque grandilocuente a la velada para sumarse al protagonista de la noche en "Iguales", el más reciente corte de difusión de su último álbum, con características de himno y todo un alegato en contra de la violencia y la discriminación y a favor de la paz, la armonía y la igualdad.
Respetando en algunos casos sus arreglos originales y regalando versiones aggiornadas en otros, grandes éxitos como "Tratar de estar mejor", "Penélope", "Todo cambia", la contagiosa "Donde van" (con el aporte de un estupendo quinteto de vientos), "Dejame estar" y las infaltables "Sueños" y "Color esperanza" ratificaron su vigencia, satisfaciendo con creces las expectativas de un público que se reencontró con su artista favorito en muy buena forma y dueño de un novel repertorio que, sin contar con tantos hits contundentes, supo llegar igual al corazón de sus seguidores.
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