Bob Dylan presentó "Murder Most Foul", un tema inédito de casi 17 minutos

Bob Dylan, en una mirada histórica sobre la decadencia norteamericana a partir del asesinato de J. F Kennedy
Bob Dylan, en una mirada histórica sobre la decadencia norteamericana a partir del asesinato de J. F Kennedy Fuente: Archivo
Fernando García
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27 de marzo de 2020  • 18:08

Marzo 27 de 2020 además de ser otro día de estadísticas de infección y muerte alrededor del mundo quedará como la fecha en la que Bob Dylan publicó su primera canción nueva en ocho años . "Murder most foul" apareció esta mañana en Spotify y YouTube, y si bien no puede establecerse ninguna relación con la pandemia, la imagen del single virtual muestra una foto del presidente Kennedy antes de ser asesinado en Dallas, el 22 de noviembre de 1963.

En 17 minutos de extensión, Dylan, en modo Goyeneche, convierte la historia del mayor magnicidio de la posguerra en una suerte de saga nórdica donde los hechos se funden con una sucesión de citas a la cultura pop y el jazz, en lo que parece una inmersión al fondo del sueño y la pesadilla americana. Si bien la canción fue grabada tiempo atrás, la aparición del fantasma de Kennedy en estos días, una imagen que persigue a la conciencia estadounidense, no puede evitar leerse en la clave geopolítica del presente o de cómo el mundo fue de JFK a Donald Trump. Como hace casi sesenta años atrás, Dylan no es un cantor de protesta sino una conciencia expandida de la cultura en que se formó y a la que decididamente contribuyó a transformar.

"Murder most foul" es una larga excursión minimalista de piano, violín y ocasionales toques percusivos cuya estructura recurrente gira en círculos como en un loop. La idea pop de estrofa y estribillo deja lugar aquí a una narración informe donde las variaciones se registran con la sutileza de un sismógrafo: la canción, como la tierra, se mueve pero apenas lo podemos notar. Dylan comienza con un comentario de la historia, como si esta le fuera ajena a su propia época, un cuento venido de más lejos. "Era un día oscuro en Dallas, noviembre del 63, y ese día vivirá en la infamia, el presidente Kennedy estaba en lo alto, buen día para estar vivo y buen día para morir. Llevado a la carnicería como un cordero sacrificial. Él dijo 'Un minuto muchachos, ¿Saben quién soy yo?' 'Por supuesto que lo sabemos'. Y entonces le volaron la cabeza cuando todavía estaba en el auto. Bajado como un perro a plena luz del día".

El nombre de la canción, "El asesinato más asqueroso", impreso en letras góticas sobre la foto de JFK, hace referencia a una película inglesa de 1964 filmada por George Pollock en base a una adaptación libre de la novela de Agatha Christie Mrs McGinty's dead , editada por primera vez en los Estados Unidos en 1952. Fue la tercera interpretación de la actriz Margaret Rutherford de Miss Marple, uno de los personajes más notorios en la narrativa policial de Christie que la incluyó en trece de sus novelas. Pero Dylan no pretende ponerse aquí en el lugar de Miss Marple para ofrecer una tardía solución al caso (lo que la venerable anciana de Christie hacia para Scotland Yard) sino que usa su memoria como un drone que sobrevuela el tiempo que pasó desde el imborrable crimen político. Con la voz clara, lo oímos susurrar: "El lugar donde la fe, la esperanza y la caridad murieron. Dispárale mientras corre, chico. Dispárale mientras puedas. Mira si puedes dispararle al hombre invisible. Adiós Charlie, adiós Tio Sam. Francamente, señora Scarlett, me importa un carajo".

De a poco, las reflexiones sobre la testa acribillada de JFK se entremezclan con el universo pop. "Silencio, chicos. Ya entenderán. Los Beatles están viniendo, van a sostener tu mano. Deslízate por la baranda, ve a buscar tu abrigo. Ferry cruza el Mersey y va por la garganta. Hay tres vagabundos que vienen vestidos de harapos. Recoge las piezas y baja las banderas. Voy a Woodstock es la era de Acuario. Luego iré a Altamont y me sentaré cerca del escenario". Dylan utiliza en ese párrafo (es mas pertinente que decir estrofa) el título de la canción "I want to hold your hand" como texto y como una introducción a una vista panorámica de los 60, a partir de la llegada de Los Beatles a Estados Unidos en 1964 (una inyección de vida tras el asesinato), la ambiciosa promesa de establecer una "nación" en Woodstock y el posterior desastre de Altamont, el Ezeiza de los Stones.

El primero y el último, Dylan va recogiendo del suelo de la memoria pop frases sueltas que hace suyas en esta voz de crooner crepuscular, extendido más allá de todo lo previsto. Canta, dice, "Don't let me be misunderstood" (The Animals); "Tommy can you hear me, I'm the acid queen" (The Who); "You got me Dizzy miss Lizzy" (Beatles); "What's new pussycat" (Tom Jones); "What I've said" (Ray Charles). Luego como si fuera el último a la mesa de un bar metafísico pide (¿A una orquesta? ¿A un pianista? ¿La radio?) que toquen Oscar Peterson, Stan Getz, Art Pepper, Thelonius Monk, Charlie Parker, Buster Keaton, Nat King Cole, "El mercader de Venecia", "Another one bite the dust" (¡!) y una larga, interminable, lista. Pide que toquen para Don Henley y Glenn Frey (The Eagles); para Lindsey y Stevie (Fleetwood Mac) y para Marilyn Monroe y él.

La nueva canción de Dylan, a los casi 79 años, es texto puro. Es la cultura pop como texto y eso es lo que a la larga el Nobel terminó reconociendo más allá de su estatus de poeta. Una larga meditación que se va como llega, un intercambio trémulo de notas de piano y el ronroneo sordo del arco sobre las cuerdas de un violín. Con esa calidad de meditación suspendida, al fin, el Kennedy de Dylan se parece más a las serigrafías pop de Warhol sobre Jackie que a las indagaciones de Norman Mailer sobre Harry Lee Oswald. Lacónico Dylan lanzó un breve comunicado para anunciar "Murder most foul": "Saludos a mis fanáticos y seguidores con gratitud por su lealtad y apoyo a lo largo de los años. Esta es una canción que grabamos hace un tiempo que podría interesarte. Mantente a salvo, mantente a atento y que Dios esté contigo. Bob Dylan".

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