Lisa Stansfield: "Cambié porque no quise estancarme"
La cantante británica, que se presenta este lunes en el Teatro Gran Rex, habló con LA NACION sobre el paso del tiempo, las dificultades que atraviesa la industria musical y su experiencia en la actuación
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Dos décadas atrás, Lisa Stansfield acababa de editar su cuarto disco y se había embarcado en una gira para presentarlo por todo el mundo. Ella, británica, dueña de una voz personal, un rostro bellísimo y un puñado de hits, estaba lista para asomar al nuevo milenio como una diva capaz de mezclar pop, soul y rhythm & blues con enorme precisión.
El 19 de octubre de 1997, el Gran Rex fue todo suyo. Allí la esperaban sus fans locales, los que la recordaban cantando junto a George Michael en el concierto tributo a Freddie Mercury y también los que habían escuchado sonar hasta el cansancio su versión de “Never, Never Gonna Give You Up” en la radio. “Tengo un recuerdo tan fuerte de esa ciudad y de esa noche en particular que, en estos veinte años, todo lo que quise hacer es volver”, le cuenta Stansfield a LA NACION, feliz por su inminente regreso a ese mismo escenario porteño, dos décadas más tarde.
Este lunes, la cantante británica se presentará en ese mismo escenario para mostrar su último trabajo, Seven –editado en 2014-, adelantar algunas novedades y, claro, recorrer sus grandes éxitos. “Es un show muy honesto y tengo la fortuna de estar acompañada por una banda increíble. Todo el mundo va a mover sus piernas y disfrutar de la música. Sabemos que en Sudamérica el fútbol es muy popular, y con mi banda nos sentimos como un equipo de fútbol que sale a comerse la cancha. Eso es lo que haremos. ¡Buenos Aires, tendremos una fiesta!”, adelanta con entusiasmo.
-¿Cuánto has cambiado en estos 20 años?
-Bueno, supongo que como cualquier otro ser humano. Cambié porque no quise estancarme en el lugar en el que supe estar. Ese es un error que comete mucha gente. Como cuando tenés 25 y salís por las noches, te divertís, estás en el mejor momento de tu vida y luego te establecés, formás una familia y pasás a otra etapa. Hay gente que mira ese momento y vive pensando “ya no es lo mismo”, muere por volver a tener 25.
-No te interesa volver el tiempo atrás…
-Para nada, en absoluto. Tengo 50 años y estoy feliz de tener 50; quiero envejecer como lo hace todo el mundo a mi alrededor. Porque, en el fondo, somos siempre los mismos, entonces no tiene sentido querer volver a un momento particular de tu vida pensando que ese fue el mejor. Todo el resto del mundo sigue adelante con sus vidas, entonces yo debo hacerlo también.
Ayer y hoy
El nuevo milenio llegó con disco nuevo (Face Up, de 2001), y con la recopilación de grandes éxitos de rigor. The Moment, de 2004, tuvo una buena recepción por parte de la crítica, pero no estuvo a la altura de sus predecesores en ventas. Lejos de desanimarse, Stansfield entendió que quizás era momento de probar otros rumbos: la industria musical se estaba transformando y ella necesitaba una nueva perspectiva.
En 1999, había puesto un pie en la actuación con la película musical Swing. Por eso, las propuestas de hacer algunas participaciones en series británicas como Monkey Trousers (2004) o Goldplated (2005) no le sonaron tan descabelladas. “Siempre quise actuar y creo que es algo distinto a lo que hago, pero muy similar a la vez. Ser actriz es como una suerte de prolongación de ser cantante en un punto porque cuando canto hago todo lo que está a mi alcance por transmitir sensaciones con lo que estoy diciendo”, asegura sobre ese recreo de diez años que se tomó por fuera de la música.
-Durante ese período, escribiste parte de las canciones que forman parte de tu último disco, Seven, ¿qué cosas te inspiran al momento de escribir?
-Creo que el ser humano siempre tiene historias para contar. Observar es algo que me gusta hacer y perfeccionar esa capacidad para relatar con palabras lo vivido es un ejercicio hermoso. Y también creo que, al escribir sobre lo que ves a tu alrededor, de algún modo te estás mirando a vos mismo. Es casi como un tratamiento psiquátrico. [Risas].
-Estás casada con Ian Devaney, un amigo de tu infancia que viene trabajando con vos desde tu primer disco, ¿es difícil tener un marido que te conoce tanto, en tus distintas facetas?
-No, es raro porque hace 28 años que estamos en pareja, que es bastante tiempo... Somos grandes amigos, nos conocemos más que cualquier otra persona en el mundo y nos reímos muchísimo todo el tiempo. Esa es la clave de nuestro éxito. Que hagamos música juntos es algo secundario. Podemos estar en un estudio y él puede decirme: “Dios mío, eso sonó como la mierda” y yo no voy a ofenderme, sino que digo: “Ok, hagámoslo de nuevo”. Somos muy honestos entre nosotros. Pero si alguien me dice algo malo de mi marido o si alguien le dice algo malo sobre mí a él, estarán en problemas.
-Durante los 80 y los 90, los artistas tenían a cadenas mundiales como MTV para difundir su música, ¿es más difícil llegar al público ahora?
-Es mucho más difícil este momento para nosotros, pese a tener las redes sociales para interactuar más directamente con nuestros seguidores. Te pasa al momento de hacer un video... ¿Realmente querés gastar un montón de dinero en hacer un video cuando no tendrás manera de difundirlo? Es raro porque todo el mundo cree que los músicos estamos ganando un montón de dinero cuando en realidad todos estamos tratando de robar un pedazo de torta... [Risas].
-Se van a cumplir 25 años del concierto tributo a Freddie Mercury, donde tuviste una actuación destacada, ¿cómo recordás ese momento tan especial?
-Fue un hermoso, muy hermoso día, porque había tantos artistas y tantos grandes nombres, pero nadie estuvo en el lugar de divo, exigiendo o pidiendo cosas. Los egos habían quedado afuera del estadio, todos hablaban con todos, fue realmente increíble. De algún modo, todos sentíamos que Freddie nos estaba mirando desde la audiencia.
-¿Estás trabajando en un nuevo material?
-Sí, claro, pero no tengo idea de cuándo podría salir porque no depende de mí sino de la política de una empresa. Puede que salga para Navidad o el año próximo, nunca se sabe.
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