Lollapalooza 2017: León Gieco, Glass Animals, Nicola Cruz y Cage The Elephant cautivaron con sus shows
Los artistas que protagonizaron algunos de los momentos más intensos de la tarde
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Desde las tres de la tarde la gente llegó en oleadas al predio del Hipódromo de San Isidro, sede de Lollapalooza , marcando una asistencia abultada bien temprano. El clima cálido, acompañó la primera etapa del festival hasta que cayó el sol. La tarde entregó algunas de las postales más intensas de la primera edición con León Gieco, Glass Animals, Nicola Cruz y Cage The Elephant.
Los Salieris de GIeco. Con "Todos los caballos blancos", una de las históricas composiciones de Porsuigieco (aquella banda que en los 70 estaba formada por León Gieco, Raúl Porchetto, Sui Generis y María Rosa Yorio), el cantautor León Gieco subió a demostrar no sólo porque es el rey de la selva del rock, con el sonido salvaje que le aportó la banda Infierno 18, sino que cautivó a otro público que quizás lo escuchaba por primera vez en este Lollapalooza. Gieco solo necesito de sus canciones para evaporar todas las polémicas previas en las redes sobre su presencia. A la manera de Bob Dylan cuando traicionó a sus seguidores folk en el festival de Newporth1967, el músico sonó crudo y rockero con el espíritu de bandas como Pappo´s Blues y Pescado Rabioso y, por momentos, coyunturalmente más cercano al heavy, justo el día que cerraba Metállica. La energía del grupo de los hermanos Taranto, se ensambló casi naturalmente al repertorio de las canciones más antiguas de León como "Pensar en nada", "El fantasma de Canterville" y "La colina de la vida". Dentro del sonido rabioso de su set, el cantautor sacó a relucir su mística para cantar a capella "Cinco siglos igual" y después acompañarse solo de la guitarra y la armónica para cantar "La memoria". Gieco también hizo su apunte sobre la realidad cuanto cantó "El ángel de la bicicleta" y dijo: "Lástima que este tema sigue siendo actual. Hace poco pasó lo mismo en Lanús", refiriéndose a la situación de los policías que ingresaron en un comedor disparando en un confuso episodio.

Glass Animals. La banda británica cautivó al público desde sus primeras canciones. Sorprendió la escena de su cantante y la descarga musical de nü soul, trip hop, psicodelia y la atmósfera del sonido Manchester. Con dos discos editados, los británicos tienen un proyecto sólido, entre el minimalismo de los detalles sonoros hasta la grandilocuencia de los teclados, que funcionan por momentos como un grupo low-fi pero con el sentimiento de una gran orquesta. La utilización de los graves son otras de las partes argumentales de su música. Las bases repercuten de tal manera en el público que junto a la atmósfera espacial de los teclados y las secuencias electrónicas, crean una burbuja psicodélica para hacer volar al público. El vocalista Dave Bayley, es el capitán de ese viaje con ese fraseo introspectivo (algunos gestos espasmódicos en la interpretación recuerdan a Tom Yorke de Radiohead) y la explosión de sus movimientos. Envuelto en esa energía baja del escenario en uno de los momentos más intensos del show para recibir una bandera argentina con la inscripción del nombre de la banda, que cuelga orgulloso en el pie del micrófono como uno de los mejores trofeos que recibe en esta primera visita a Buenos Aires.
Nicola Cruz. El productor ecuatoriano es una de las revelaciones de América Latina. En vivo, en plan dj, el artista crea atmósferas que llevan al público a un estado de trance bailable en el Escenario Alternativo, justo al lado donde The Cage Elephant ofrece una música de rocanrol crudo. Justo cuando baja el sol, el productor acompaña el bucólico paisaje del atardecer con un sonido que mixturas los sonidos andinos y amazónicos del Ecuador, con un pulso y una cadencia, donde se mezcla tradición y modernidad con suma elegancia. Sikus, loops, marimbas del Pacífico, beats electrónicos, cantos de la selva, ritmos de tambores y voces que guardan la tradición de su tierra se mezclan en esa especie de tapiz musical, que va tejiendo con sus manos, usando computadoras, mezcladoras y samplers. El efecto es hipnótico y bailable. La música de Nicola Cruz, despierta la expresión de los cuerpos y también la sensibilidad por un territorio desconocido por la música tradicional del Ecuador. Lo hace poéticamente cuando dispara el sampler de una voz profunda y chamánica que canta, sobre una base electrónica: "El origen del tiempo, lo vine yo a recordar, en un cofre de piedra en el fondo del mar". Como un artesano borda musicalmente esas piezas separadas y conforma una nave que invita a un trip por los Andes y la Amazonia del Ecuador.

Cage The Elephant. Sin duda, fue una de las actuaciones más explosivas de la jornada. El grupo inglés hizo todo lo que tenía que hacer para levantar la temperatura de la tarde. El cantante, un frontman nato, recordó al Igyy Pop de la etapa The Stooges. Se sacrficó en nombre del rocanrol corriendo de un lado a otro de la tarima, durante una hora de concierto, y terminó con el torso desnudo y subido encima del público. El potente sonido setentoso del grupo, sin embargo, tienen la frescura de ese sonido inglés que recuerda a bandas como The Kinks y The Who pero no se agota. Al contrario CTE, tiene una potencia muy actual. El guitarrista es la antítesis del cantante y el complemento sónico de la banda. Desde el filoso sonido de la guitarra, arma las melodías y los punteos que terminan coreados por el público. Al final del show, la emoción lo desborda. Baja del escenario, destroza su guitarra contra el piso como hacía Pete Townshend de The Who, se pone de rodillas junta la mano en seña de rezo y hace una reverencia frente al público. Un concierto que los ingleses y sus aficionados locales, no olvidarán por un tiempo.
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