Murió André Previn, creador y custodio de las grandes músicas del mundo

El pianista y compositor murió en Nueva York, a los 89 años
El pianista y compositor murió en Nueva York, a los 89 años Fuente: Archivo
Marcelo Stiletano
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28 de febrero de 2019  • 19:30

Quiso el destino que a casi un mes exacto de la desaparición de Michel Legrand falleciera André Previn, otra figura extraordinaria que supo ser, como el exquisito compositor y director francés, creador y custodio de todas las músicas del mundo.

Las vidas de Legrand y de su contemporáneo Previn, que falleció ayer a los 89 años en Nueva York, fueron casi paralelas. Como Legrand, Previn fue conocido desde la niñez como un pianista prodigioso, aunque nunca le gustó ese calificativo, y mucho menos cuando llegó a la adultez y todos seguían reconociéndolo de esa manera ."Empecé a tocar muy pronto, tengo muchas actividades y estoy interesado en muchos tipos de música. Si por hombre prodigio se entiende ser un hombre muy ocupado, entonces sí", le dijo al diario español El País.

Más tarde comenzó a incursionar con éxito en el mundo del jazz sobre todo por su talento para improvisar, y en su posterior y extensa carrera llegó al máximo de su innato talento como extraordinario orquestador, director de algunas de las más prestigiosas agrupaciones clásicas del planeta (entre ellas la Sinfónica de Londres y la Filarmónica de Los Angeles) y gran compositor de música para el cine, tarea que le permitió ganar cuatro Oscar. Tres de ellos surgieron de grandes musicales: Gigi (1958), Porgy and Bess (1959), y Mi bella dama (1964), y el restante en 1963, por Irma la dulce.

Esa extraordinaria racha (y el resto de sus decenas de partituras para el cine) concluyó en 1964 por propia voluntad de Previn. Dijo más tarde que el cine lo atraía e intimidaba al principio cuando se sentía rodeado de gente talentosa. "Después dejé de tener esas sensaciones y me aburrí", confesó. Durante su trabajo para la pantalla grande compuso la música de películas tan conocidas como Elmer Gantry, Por dinero casi todo, Siempre hay un día feliz (una de las mejores obras del recientemente fallecido Stanley Donen), Intimidades de una adolescente, Rollerball y aportes a la banda de sonido de Invitación al baile (el gran clásico musical de Gene Kelly), Adiós Mr. Chips, La leyenda de la ciudad sin nombre, Trampa 22 y El valle de las muñecas.

Desde entonces, el hombre que nació en Berlín el 6 de abril de 1989 como Andreas Ludwig Priwin se consagró definitivamente a las grabaciones (su discografía es enorme), a los arreglos y a la dirección orquestal y a recorrer el mundo ofreciendo un promedio de 120 conciertos al año, sobre todo sinfónicos y de cámara.

Su precoz carrera comenzó en el Conservatorio de Berlín (tocaba el piano desde los seis años) pero quedó trunca con la llegada de los nazis. Su familia, de origen judío, debió emigrar a París y luego a Los Angeles. En ambas ciudades, Previn continuó sus estudios hasta que inició en 1967 su carrera como director al frente de la Sinfónica de Houston. A lo largo de esos primeros pasos, ya dueño del nombre que lo identificó para siempre y de un pasaporte estadounidense que lo enorgullecía, Previn mostró inspiración admirable para encarnar desde la creación musical do su condición de hombre de dos mundos, el de la tradición clásica europea (son magníficas sus grabaciones como director de obras de Mozart y Brahms, por ejemplo) y la estadounidense.

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Esta última estaba representada por los musicales, la música para Hollywood y el jazz, género para el que grababa un disco por año. De sus múltiples incursiones en este último terreno se recuerdan especialmente el álbum de standards que se conoció en 1968 en trío, junto al bajista Ray Brown y al guitarrista Joe Pass, y también la serie de entrevistas-interpretaciones compartidas con Oscar Peterson, que hoy pueden recuperarse a través de la red. En ellas, Previn y Peterson comparten a cuatro manos varias composiciones. También fue muy comentada (y cuestionada por la crítica especializada) la ópera que compuso a partir de la película Un tranvía llamado deseo, estrenada en 1998 con la soprano Renée Fleming como estrella. Al mismo tiempo, tuvieron enorme repercusión algunas de las muchas grabaciones que Previn llevó adelante a partir de los grandes musicales de Broadway, con orquestaciones originales o adaptadas para el jazz. En estas últimas, Previn siempre contó con la cercana colaboración del baterista Shelly Manne.

Previn también puso su apellido en infinidad de crónicas mundanas, ya que una de las dos hijas que adoptó durante su matrimonio con Mia Farrow (a quien conoció por su trabajo en Hollywood) llevó el nombre de Soon Yi Previn y se hizo todavía más conocida después de que se unió sentimentalmente a Woody Allen. Previn sintió como una afrenta ese anuncio y rechazó de plano a partir de allí toda relación con Soon Yi.

Previn junto a la actriz Mia Farrow, con quien tuvo tres hijos biológicos y dos adoptivos
Previn junto a la actriz Mia Farrow, con quien tuvo tres hijos biológicos y dos adoptivos Fuente: Archivo

A la vez, siempre estuvo cerca de Farrow, con quien tuvo además tres hijos biológicos y otro adoptivo. Se había casado cinco veces. Además de Farrow, sus otras esposas fueron la cantante de jazz Betty Bennett, Dory Langan (conocida como Dory Previn, compañera de composiciones y trabajos musicales), Heather Sneddon y, finalmente, la célebre violinista Anne-Sophie Mutter, 35 años menor que él.

No faltaron jamás los escándalos en el comienzo y el final de cada uno de esos matrimonios y algunos de esos episodios hasta quedaron plasmados en la obra musical de su protagonista.

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