Supongamos que Nueva York es una ciudad... y que esta es su música

Martin Scorsese y Fran Lebowitz en la excelente Supongamos que Nueva York es una ciudad. De Duke Ellington a Frank Sinatra, la miniserie tiene una banda de sonido acorde con la Gran Manzana
Martin Scorsese y Fran Lebowitz en la excelente Supongamos que Nueva York es una ciudad. De Duke Ellington a Frank Sinatra, la miniserie tiene una banda de sonido acorde con la Gran Manzana Crédito: Netflix
Fernando García
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14 de enero de 2021  • 00:02

Estrenada días atrás en Netflix, la miniserie documental Supongamos que Nueva York es una ciudad presenta la última incursión de Martin Scorsese en la plataforma de streaming (luego del estreno de The Irishman y Rolling Thunder Review). Esta vez se trata de una panorámica sobre la historia de los últimos cincuenta años de Nueva York desde la mirada lúcida y aguda de la humorista, escritora y ocasional actriz Fran Lebowitz (Frances Ann Lebowitz), un ícono de Manhattan.

Trailer de Supongamos que Nueva York es una ciudad, de Martin Scorsese - Fuente: Netflix

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El formato del documental repartido en siete episodios de media hora es el de una larga entrevista de Scorsese a su amiga Lebowitz editada con sus charlas públicas, fragmentos de películas clásicas y cameos de grandes figuras de la música como Leonard Bernstein, Duke Ellington o Serge Gainsbourg. El relato y las opiniones de Lebowitz sobre la ciudad y las costumbres tienen un contrapunto en la música que es escuchada a lo largo de cada episodio. Música que hace a la atmósfera de la ciudad ("Nadie es tan amado como los músicos", dice ella), antes y después de su llegada en 1970, pero también música de películas para una cinéfila que ya no soporta entrar a un cine. Lo que sigue es puro sonido de Nueva York con algunas excepciones que denotan la influencia de la ciudad en el mundo en orden cronológico.

"Qué rico el mambo" (Pérez Prado Orchestra, 1947). El impetuoso sonido de la orquesta del pianista y percusionista cubano Pérez Prado (que visitó Buenos Aires en 1948) sitúa a la ciudad de Nueva York más o menos para cuando Fran Lebowitz llegó al mundo en Morristown, New Jersey. Es también el sonido de una urbe hecha de migraciones y de la influencia mutua entre el jazz y la música de Cuba y Puerto Rico que aportó diversidad tímbrica y rítmica. Siguiendo el estilo instrumental de Stan Kenton, Pérez Prado se convirtió en el referente mundial del mambo anticipando el boom del chachachá y la cultura de la salsa ya en los 70.

"Street Scene" (Alfred Newman, 1953). Scorsese recurre en varios episodios de la serie a la música de la película Cómo atrapar a un millonario (Jean Negulesco), una comedia que juntó a Marilyn Monroe y Lauren Bacall en los roles protagónicos. Newman, responsable del soundtrack original, es uno de los compositores más prolíficos en la historia de Hollywood con una filmografía que va de 1931 a 1970. En ese lapso estuvo 45 veces nominado a un premio Oscar y lo obtuvo nueve. Las secuencias elegidas por Scorsese dan cuenta de una partitura sinfónica con inflexiones jazzísticas siguiendo el estilo de Gershwin. Mucho de lo que compuso Newman es lo que naturalizamos en nuestros oídos como música de películas. Murió en California en 1970.

"Come Fly With Me" (Frank Sinatra, 1958). Con este swing seductor Sinatra abría el álbum 14 de su discografía. Compuesta por Sammy Cahn y Jimmy Van Heusen, es uno de sus grandes clásicos aunque en su momento "La voz" se resistió a la tapa del disco que le parecía un aviso de la compañía aérea TWA. A sus fans no les importó demasiado y Come Fly With Me, el álbum, se ubicó rápidamente en el primer puesto de Billboard y fue nominado a mejor disco del año en los premios Grammy de 1959. Es inevitable la relación de Sinatra con Manhattan y el relato de Lebowitz descubre una historia impensada entre el top crooner y Muhammad Alí.

"New York's My Home" (Ray Charles, 1960). Otra canción de devoción a la ciudad de los rascacielos en la voz de un artista capaz de pasar del jazz al blues y del soul al rock and roll de forma casi inadvertida, como si fueran la misma cosa. Este es un ejemplo del Ray Charles más jazzero y cierra el lado A de un álbum conceptual en el que las canciones refieren a la geografía de los Estados Unidos: The Genius Hit The Road. Se la compuso Gordon Jenkins (Sinatra, Billie Holliday, Johnny Cash, entre muchos otros) y Charles se encargó de describir la singularidad de la ciudad llevando su inconfundible registro al tope expresivo. "Hollywood tiene estrellas de cine y cocktail bars, coches brillantes y un clima maravilloso pero no tiene el metro y raramente encuentras un taxi cuando llueve, por eso es que Nueva York es mi hogar", resume Ray. A Lebowitz le gusta esto.

"REM Blues" (Duke Ellington, 1962). Charles Mingus es uno de los músicos que Lebowitz frecuenta en su viaje iniciático a Nueva York. La escritora subraya la particular reverencia del contrabajista hacia Ellington con quien trabaja en forma de trío junto al baterista Max Roach en el álbum Money Jungle, grabado en setiembre de 1962 en Nueva York. Ellington sorprendió al mundo del jazz con la salida de este álbum compuesto especialmente para este trío que lo ponía en el umbral del jazz moderno, entre un post bop y experiencias al borde de la composición de vanguardia. Un hito sónico de la ciudad por donde se lo escuche.

"Controdanza" (Nino Rota, 1963). Otra de las películas clásicas en las que Scorsese se apoya es Il Gatopardo (Luchino Visconti), que reunía a Burt Lancaster, Claudia Cardinale y Alain Delon en los roles protagónicos. El estilo neorromántico de Rota (que además compuso piezas sinfónicas) fue también elegido por Federico Fellini cuya Dolce Vita suena en otros pasajes de la serie documental. Nino Rota y Ennio Morricone (responsable de la partitura instrumental del Mundial 78) redefinieron la idea de la música original de las películas en el cenit del Cineccitá.

"Foggy Notion" (The Velvet Underground, 1969). Si Sinatra es la voz que conduce a una idealización de Nueva York como la ciudad pujante donde todos los sueños son posibles, la de Lou Reed en sus primeros pasos con Velvet Underground es la de su decadencia donde todas las pesadillas pueden materializarse. Este es el contexto en el que Lebowitz llega a la ciudad y es lo que la ata definitivamente a ella. "Foggy Notion" es un outtake grabado en 1969 que vio la luz recién en 1985 en el álbum V.U. justo cuando The Jesus and Mary Chain (re)instalaba la leyenda de los Velvet en el contexto de los 80. Es el rumor del punk por venir, un ritmo obsesivo de guitarras friccionadas y la voz de Reed en un registro raro. Acertada inclusión de una rareza del repertorio del grupo que resume el tardo modernismo neoyorquino.

"Jet Boy" (The New York Dolls, 1973). Lebowitz recuerda sus primeros años en Nueva York y la atracción que le provocaban las excursiones al Mercer Arts Centre donde el grupo excitaba a un puñado de iniciados. El lugar se desplomó en una implosión espejada en el derrumbe del grupo que no soportó la rutina de excesos y escándalo en la que se habían metido. Alcanza el breve cameo que tienen en la serie para demostrar la ambigua brutalidad construida con esa imagen de travestis rockocó y un sonido puente entre el decadentismo de los Stones de principios de los 70 y la violencia del punk. Otro producto 100% neoyorquino.

"I Want You" (Marvin Gaye, 1976). En una secuencia del documental, Lebowitz hace referencia a la inexplicable alegría que le produce la música del sello Motown del que Marvin Gaye era uno de sus máximos astros. A partir de What's Goin On (1971), el cantante había empezado a expandir los límites del soul en términos políticos y sónicos. En la serie lo vemos en una filmación de un ensayo donde empieza a darle forma al clásico "I Want You" con su banda ya metida en el rollo de la fusión y el jazz rock. Acaso menos laureado que sus antecesores, es un álbum igual de imprescindible donde Marvin Gaye ensaya su transición al sonido disco.

"Money" (The Flying Lizards, 1979). Una de las mayores rarezas del soundtrack de la serie de Scorsese es esta deconstrucción del clásico rock and roll "Money (That's all I Want)" que The Beatles tocaron hasta el desmayo en sus rutinas en los días de Hamburgo. The Flying Lizards eran un colectivo artístico con sede en Londres capaz de mutar o de incluir entre sus miembros ocasionales a Robert Fripp. La versión recuerda en parte a la mecanización de Devo pero también a las rapsodias art-tecno de Laurie Anderson. La sorpresa sonora del documental. Invita a redescubrir a un grupo inclasificable (¿art punk? ¿dadá pop?)

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