No se admiten tenores: coherencia musical, dominio escénico y soltura teatral

Hampson y Pisaroni, brillantes
Hampson y Pisaroni, brillantes Crédito: A. Colombaroli/Teatro Colón
Pablo Kohan
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8 de octubre de 2019  

No se admiten tenores / Recital de: Thomas Hampson, barítono, y Luca Pisaroni, bajo barítono, con Christian Koch, piano. Arias y dúos de Mozart y de Verdi y canciones de Stanislao Gastaldón, Franz Lehár, Cole Porter, George Gershwin, Haydn Wood e Irving Berlin. Grandes Intérpretes Internacionales. Teatro Colón / Nuestra opinión: excelente

A diferencia de los habituales recitales líricos, No se admiten tenores es un espectáculo con una dinámica muy peculiar, con una continuidad muy bien lograda. Los dos cantantes, con un dominio escénico y una soltura teatral impecables, se van sucediendo sin pausas. Sobre los sostenidos (y merecidísimos) aplausos que coronan una actuación, el pianista aprovecha para ordenar sus partituras, en tanto que, apenas se extinguen las palmas, muy prolijamente, se retira quien ha cantado para darle lugar a quien ingresa.

En infinidad de recitales líricos, las rutinas de muy largas y ceremoniosas entradas y salidas tras cada una o dos arias o canciones, más algunos vestidos a los que se les asigna más importancia que a la música, se confabulan para conformar un espectáculo de segmentos cerrados e independientes. Las dos partes de No se admiten tenores fueron un ejemplo de coherencia musical en un continuado intachable. Claro, las formas y las ideas generales pueden ser un gran aporte pero lo más trascendente es la calidad de los músicos y, en este caso, Thomas Hampson, Luca Pisaroni y Christian Koch demostraron, ampliamente, una excelencia artística consumada.

Hampson, desde hace cuatro décadas, viene sosteniendo una carrera admirable. A los 64, conserva todas las virtudes conocidas y reconocidas. Con una tesitura amplia y sólida en toda su extensión, continúa alcanzando los agudos con una soltura y una precisión extraordinarias. El joven Luca Pisaroni, por su parte, es un bajo barítono a quien se le pueden augurar, seguramente, cuatro décadas de gran trayectoria. Con una voz tersa y profunda, demostró unas capacidades actorales y unas finezas en la construcción de sus personajes realmente llamativas. En la primera parte del recital, Hampson y Pisaroni pasaron por arias y dúos de dos óperas de Mozart, Las bodas de Figaro y Don Giovanni y concluyeron con "Restate!", el gran dúo de Don Carlo, de Verdi. Sin vestuario y solo con sus cuerpos y sus voces, el barítono y el bajo barítono elaboraron escenas dramáticamente convincentes, musical y vocalmente inmejorables. El Leporello de Pisaroni fue una auténtica joya de canto y actuación. En "Deh vieni allá finestra", Hampson, con mínimos gestos, elaboró un Giovanni seductor vistiendo a su canto con la sensualidad exacta.

Con todo, no fueron sólo galanuras y exquisiteces la primera parte. En el final, graves e imponentes, los dos cantantes, transformados en el Marqués de Posa y el rey Felipe II, suplicante uno, inflexible el otro, construyeron una escena operística de altísimo nivel. Con esas voces formidables y el aporte de un pianista excepcional y todo terreno como es Christian Koch, no se extrañaron los vestuarios ni la orquesta. Lo que sí hubiera hecho falta es un sobretitulado con los textos al alcance de los ojos (en realidad, no solo para este dúo, sino también para todo el espectáculo).

Radicalmente diferente fue la segunda parte, un atractivo enlazado de canciones populares, operetas y musicals. La solvencia de los cantantes y del pianista continuó en el mismo nivel. El asunto es que los modos de cantar la música popular urbana estadounidense, requiere de otros condimentos. Si bien Hampson, sobre todo, y Pisaroni, no carecen de swing para abordar este repertorio, el asunto pasa por el tipo de voz con el cual se lo canta. Hampson y Pisaroni cantaron "Night and Day", la bellísima canción de Cole Porter, con esas mismas impostaciones que utilizaron para cantar Verdi. Pero para esta canción no son necesarios el vibrato, las exuberancias ni las grandes resonancias, sino otro tipo de voz y otra aproximación, como las que proveía Frank Sinatra, por ejemplo. Después de todo, un cantante lírico no es un crooner.

En el final, un verdadero duelo de titanes, Hampson y Pisaroni cosecharon todos los aplausos con "Anything You Can Do", de Irving Berlin, discutiendo, palmo a palmo, quién sabe hacer mejor las cosas. Un final brillante, humorístico y perfectamente representado. Fuera de programa, después de "Mamma", de Bixio, y "Beguin the beguine", de Porter, los dos cantantes volvieron al terreno de la lírica y se despidieron con un aria de El barbero de Sevilla (Pisaroni), una de Macbeth (Hampson), de Verdi, y, por último, con el gran dúo de Don Pasquale, de Donizetti. Una noche perfecta con tres artistas de calidad superior.

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