"No soy un tanguero de ley, a mí me gusta Spinetta"

Desde París, el bandoneonista Pablo Gignoli, y una obra que respeta la tradición sónica del género y busca generar conciencia desde la lírica
Desde París, el bandoneonista Pablo Gignoli, y una obra que respeta la tradición sónica del género y busca generar conciencia desde la lírica Fuente: LA NACION - Crédito: Luciano Menardo
Marcela Ayora
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12 de septiembre de 2020  

Es sábado a la noche en la ciudad y cuesta caminar por la avenida Corrientes. No es el mejor año para los espectáculos ni las librerías, pero la gente anda. Justo ahí, entre el teatro Picadilly y el San Martín, casi sobre el cordón, un músico joven toca a repetición dos tangos. Los que pasan no saben, en ese poco tiempo de escucha, que ese concierto binario tiene arreglos de Néstor Marconi, con quien el músico estudia, y por eso va y viene de "Che bandoneón" a "Quejas de bandoneón". En un impasse, prende un cigarrillo. Un hombre grande, de porte robusto, saco cruzado sobre el brazo, camina hacia él. "Eh, pibe, ¿no tocás más?". El fueye vuelve a abrirse y el hombre se queda a escucharlo. La siguiente pregunta es sobre los arreglos; después, una acción simple: le deja veinte pesos. Era el 2001, y ese billete fue valioso. "Yo no sabía que era José Libertella, del Sexteto mayor. Si me hubiese dado cuenta ahí, me desmayaba", dice el músico Pablo Gignoli desde París, mate en mano, a través de la pantalla de Zoom.

Nació en Córdoba (Villa María, 1978). Vivió una infancia tranquila, entre las comidas de la madre y los aromas de las horneadas en la panadería de uno de sus padres. Uno, porque tuvo dos: el biológico y el otro, el político, como lo llama. Al político, que era el panadero, lo recuerda como a un artesano de la panadería, alguien que amaba lo que hacía. Pero lo que más lo marcó fue lo que le dijo a los 18 años: que no perdiera el tiempo, que fuera a estudiar música a Buenos Aires. Su padre murió joven y él considera esa recomendación como un legado. De la influencia de ambos padres, hizo esa fusión de estilos: el tango y el rock. "Siempre fui músico, desde que tengo memoria", dice. Pero también llegó a Buenos Aires porque tiene -en presente-, una fascinación por la ciudad, los edificios, los ruidos. A poco de haberse mudado, empezó a estudiar guitarra con Walter Malosetti, "mi maestro"; luego, bandoneón con Marconi. Antes, piano. En 2005 llegó a la Orquesta Típica Fernández Fierro, donde tocó hasta 2012, año en que se mudó con su mujer francesa y su hija a París. Actualmente está al frente de la banda franco-argentina TAXXI Tango XXI como compositor y bandoneonista. La salida de este segundo disco, Alimentation Générale (almacén, en francés), coincide con la irrupción de la pandemia, de manera que arte y realidad van juntos. "Muchos de los problemas de la sociedad actual están directamente relacionados con la producción y el reparto de la comida", señala Gignoli. Eso que lleva con él "desde siempre" pareciera estar tejido por la música tanto como por el olor del pan, la comida alimentando las rítmicas dolientes del tango o los acordes del rock. A su gusto, entre el bullicio de lo urbano, para llevar adelante una búsqueda de lo distinto.

"En el tango hay reviente, noche, herida: ya lo empiezo a encontrar repetitivo", dice el ex Fernández Fierro, anclado en París
"En el tango hay reviente, noche, herida: ya lo empiezo a encontrar repetitivo", dice el ex Fernández Fierro, anclado en París Fuente: LA NACION - Crédito: Luciano Menardo

¿Cuál es el concepto de este segundo disco de TAXXI Tango XXI?

La alimentación humana. Un pequeño paseo por algunas cuestiones. No es un disco vegano, hay mucha gente que lo piensa, y no. Es un disco un poco corto, seis temas: tres instrumentales y tres cantados. Entre los títulos, hablamos de algunas cosas de la buena alimentación, de la mala.

¿Por qué sobre la alimentación?

Acá me voy a poner un poco vegetariano. Hace tiempo, tuve la suerte de ir a una escuela de yoga. Ese año fui vegetariano, y la verdad es que fue genial en muchos aspectos. El tango no es muy vegetariano, más bien sangriento. Pero yo tuve mi propia experiencia. En una época, en Buenos Aires, con el pianista de la Fernández Fierro, que es ultravegetariano, íbamos a comprar comida orgánica, que siempre es un poco más complicado, y es más cara. Desde el punto de vista de la ciudad en la que vivimos, en el nuevo disco hablamos de eso. Por ejemplo, "Big Mec", segundo tema (las letras son de Sebastián Rossi, el cantante), habla sobre un obrero de la construcción que vive en la ciudad y sueña que come manjares con sus amigos. Medio Todo por dos pesos, de hecho aparece Saborido al final. Ese obrero se despierta y termina comiendo una porquería en medio de las máquinas. Un poco lo que vemos en las grandes ciudades. La gente que tiene los trabajos más duros, es la que debería comer mejor para construir un edificio, pero termina siendo la que peor se alimenta. También hay otro tema que se llama "Los sabios". Acá puedo contar una historia.

"El disco no está planteado desde una posición moralista", advierte sobre la obra, que indaga en los hábitos de consumo
"El disco no está planteado desde una posición moralista", advierte sobre la obra, que indaga en los hábitos de consumo

¿Cuál es la historia?

Los sabios es un lugar de comida libre. Sobre las mesas hay un individual de papel con un texto que dice así: "En este lugar, la comida es sagrada. Sírvase solo lo que va a comer. Solo se trata de no desperdiciar. Recuerde siempre que sirviéndose lo justo y necesario evitará el hambre en el mundo". Lo vi cincuenta mil veces, de ir ahí. Pero una vez lo anoté en un cuadernito y comencé a hacer este tango, que se llama "Los sabios". El otro día lo pasaron en la 2x4, y una oyente que frecuenta Los sabios, escribió por IG al restaurante y les envió el tema. Me puse en contacto con ellos y me mostraron que hicieron una traducción del tango al chino y se lo pasaron a los cocineros, que no entienden bien español. Parece que estaban emocionados con el tema. Incluso, se lo mandaron a sus familiares a Taiwán. Le pregunté al dueño si esa frase de los manteles era budista. Me dijo que era un concepto popular en el mundo oriental. Que Buda habla, justamente, de que la acción de cuidar produce abundancia, mientras que el derroche genera escasez. Es lo que queremos transmitir. Cuidar no solo lo que comemos, cómo nos vestimos, cuántos somos en el auto, sino aportar un grano de arena. Ahora la gente consume más. Comida, películas, todo. Por eso el disco no está planteado desde una posición moralista.

¿De no instalarse en la queja, pero sí en la reflexión?

Es sobre el hecho consumir todo lo que nos venden. El que vende alimenta la maquinaria de un montón de gente que viene atrás. Acá, en París, yo trabajé con Benjamin Biolay. Una vez, fuimos a hacer una captación para un programa de TV y había muchísima gente trabajando para que un tipo cantara tres canciones. ¿Yo estoy en contra de la tele, si le da trabajo a toda esta gente? Hay que tomar con mucho cuidado cuando uno se queja. Hay que ver qué hay detrás de todo eso. Es complejo. El tema de la cuarentena tal vez algo nos enseñó. Que no necesitamos consumir tantas cosas. Bajamos un cambio. Todo el mundo cocina. Tal vez, cuando estás corriendo de un lado para otro en la ciudad comés cualquier cosa. El primer tema del disco es "Comida lenta".

En bandoneón a Gignoli lo formó Néstor Marconi
En bandoneón a Gignoli lo formó Néstor Marconi

¿Por qué se llama así?

Está bueno bajar un cambio, si se puede. Tomarse el tiempo de preparar la comida, elegir mejor lo que se va a comer. Después está la realidad contrastante, que a todo el mundo le gustaría comer muy bien y no tiene plata. O si la tiene, come súper mal, porque compra por Internet y pide galletitas con manteca. Es lo mismo que pasa si uno se levanta y escucha Bach. La cabeza va a ser otra cosa.

El hoy del arrabal

La relación del tango con París viene de largo. Comenzó con Gardel enamorando a la bohemia posterior a la Gran Guerra. Luego vendría la generación del exilio, durante la Dictadura, una lista de nombres como Piazzolla, Rinaldi, Piro, el Sexteto Mayor, donde tocaba Libertella. El nuevo siglo subió al avión una versión con influencia del rock y la música electrónica. TAXXI Tango XXL entra en esta última serie. El primer disco, Sweet Saint Denis, salió en 2017. Gignoli tuvo su propio cuarteto de tango, Derrotas Cadenas, y el dúo Volco & Gignoli junto con Sebastián Volco. Como bandoneonista, tocó con el cantautor francés Benjamin Biolay en más de treinta conciertos, uno de ellos en el Palais del Festival de Cannes. También, y como arreglador, con Plaza Francia Orchestra, de los fundadores de Gotan Project, a quienes considera "la otra vuelta del tango".

¿Cómo empieza la música en vos?

Tengo dos padres. Uno biológico (bandoneón) y otro político (panadería). Mi viejo no podía tener hijos y mi mamá decidió traerme con otro tipo, que pasó a ser mi padrino de bautismo. Lo vi todos los días de mi vida, fue otro papá. Y a mi otro papá le gustaba el rock. Uno me daba un casete de los Beatles y otro de Goyeneche. El del bandoneón era más músico, tenía un grupo de folclore y tocaba.

¿Vos empezaste con su bandoneón?

Sí. Empecé a tocar en ese y sigo con ese. Tremendo fueye que está en la familia desde 1952. Ese cruce de músicas es bastante orgánico. Lo que nos pasa a los de nuestra generación, que estamos con esta locura del tango moderno. Creo que de alguna manera lo que estamos haciendo muchos de nosotros, personalmente lo considero así, es un poco la continuación del rock nacional. Yo escuché más a Charly García que a Troilo. Mentiría si dijera que soy un tanguero de ley. A mí me gusta Spinetta. Y García.

El respeto por Gotan Project
El respeto por Gotan Project

¿Cómo es la relación del público parisino con el tango?

No es el medio ambiente natural del tango. Hay mucho baile. Pero no siempre es necesario gastar plata en músicos. Con TAXXI Tango XXI tenemos dos versiones, una de concierto y una híbrida. Con una versión anduvimos por festivales. No es una música de acá. Hay que estar todo el tiempo dando explicaciones. Sobre todo si querés hacer algo nuevo. Si uno le pregunta a cualquiera de la calle y le dice "tango", lo primero que va a pensar es en Al Pacino en Perfume de mujer. Si se habla con músicos, tal vez digan Piazzolla, pero no más de ahí. Eso sí, seguramente todo el mundo conozca a Gotan Project, son la otra vuelta de tuerca al tango. Pese a quien le pese, amigos tangueros, Gotan Project, hace que la gente sepa que exista la palabra tango en el mundo. Hay cosas que están muy bien hechas.

¿En qué lugar está el tango contemporáneo?

El tradicional es fantástico, maravilloso. Les gusta mucho a los bailarines, pero ya no se puede hacer mucho con eso. El tango es fantástico, una perla única en la cultura mundial. De las músicas más exquisitas que han salido en esa época. Si hablamos de Piazzolla como artista, no hay más nada que decir, es lo más grande. Hay mucha gente que está interesada en esa corriente musical porque es muy virtuosa, técnica. Y el lugar donde nos ponemos nosotros tiene que ver con una cuestión técnica de la música. Hay una construcción teórica que hay que respetar, porque es un género clásico. Y así suena bien. Exige ponerse a estudiar. Nosotros tomamos esta música como una manera de poder hablar de un montón de cosas. El amor está buenísimo como tema, pero también hay otros. En este disco, pudimos hablar de algo de lo que no se habla mucho. En el tango hay reviente, noche, herida: ya lo empiezo a encontrar repetitivo. El tango moderno está buenísimo, hay cosas geniales, pero se empieza a hacer como un embudo donde vamos todos a masacrarnos en una misma temática, en los mismos colores y sonidos. El tango moderno empieza a ser una música que está tan reventada que dan ganas de apagar lo que estás escuchando.

¿Por reventada a qué te referís?

A una música complicada. Gente que escribe cosas muy barrocas llenas de contrapuntos, cada vez más complejos. Empieza a ser como ir un poco en contra de tratar de mostrarle esta música a más gente. Se intelectualiza tanto el tango, que nos perdemos la oportunidad de que un montón de gente acceda a esta música por querer complicarla de más. Es una lástima que se pierda la canción. Es un concepto que trato de tenerlo en cuenta cuando hago algo. Por ejemplo, ¿por qué lo queremos tanto a Piazzolla? Porque lo podemos cantar, sus músicas instrumentales quedan en la cabeza. Ese es un camino más difícil, incluso, que hacer las cosas complicadas.

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