El cantante y guitarrista de Sonic Youth habla de black metal sudamericano y de recuerdos porteños.
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Una leyenda de culto. Esa es la primera sensación que surge al comenzar el diálogo con Thurston Moore, una de las cuatro (ahora cinco, con la incorporación del ex Pavement Mark Ibold en bajo) puntas de esa estrella llamada Sonic Youth. Desde principios de los años 80, la banda se ubicó en un espacio de prestigio singular entre sus contemporáneos, de la mano de guitarras disonantes, una postura política sólida (recordar un disco como Daydream Nation en el contexto neoconservador de la era Reagan, una canción como "Youth Against Fascism" o Murray Street, insuperable postal de la Nueva York post 11 de septiembre de 2001) y personalidades bien marcadas: el sex appeal y la convicción feminista de Kim Gordon, el espíritu beat y deadhead de Lee Ranaldo y el costado melómano y coleccionista tanto de Steve Shelley como de Moore, al comando ambos de sus respectivos sellos independientes (Smells Like Records y Ecstatic Peace) y de múltiples proyectos experimentales.
Lo que nos ocupa en esta ocasión es el lanzamiento de The Eternal, un nuevo álbum de canciones de la Juventud Sónica, y la vuelta a un sello indie (Matador) después de años de batallar por un (inútil) reconocimiento masivo en las huestes de David Geffen. Pero ellos lo supieron de entrada: su suceso es, fue y será la permanencia y el grupo es, fue y será exitoso, aunque no sea masivo. O, como bien le dijo Thurston en 1992 al New York Times: "Somos los nuevos Beatles, ¡sólo que aún nadie se dio cuenta!".
El título The Eternal, ¿tiene que ver con una cita homenaje a la canción homónima de Joy Division?
No, no tiene nada que ver con esa canción. Es más, era un tema que tenía borrado de mi cabeza hasta que lo recordé viendo la película Control, que me encantó. En realidad, lo titulé así pensando en grupos de black metal sudamericanos, que suelen tener un mensaje sobre la salvación eterna de las almas. No recuerdo sus nombres, pero nos pareció una idea divertida.
Dijiste que una de tus influencias para este disco fueron los Wipers. ¿Seguís escuchando a las bandas hardcore de los 80?
Creo que esos grupos fueron grupos clásicos desde el momento de su aparición. En cuanto a los Wipers, los reescuché y me sirvieron para la primera canción de The Eternal, "Sacred Trickster". Tiene un costado hardcore no wave, y para mí es bien similar a lo que hacía Greg Sage en los 80.
Para la banda, ¿cuál es la diferencia entre ser un cuarteto o un quinteto?
La diferencia entre un quinteto y un cuarteto se da básicamente a la hora de improvisar. Un quinteto tiene otra dinámica arriba de un escenario, nos deja más libertad a la hora de tocar. La habíamos logrado con Jim [O’Rourke] y tras su partida necesitamos volver a esa forma, que volvimos a alcanzar con Mark [Ibold].
¿Mantienen algún contacto con Jim O’Rourke?
Precisamente hoy hablé con él. Está viviendo en Japón, y haciendo un disco con guitarras muy ruidosas, bien experimental. Además, continúa con sus proyectos cinematográficos con Kôji Wakamatsu.
Leí que preferís el formato casete por sobre el vinilo, el CD o el MP3. ¿Por qué?
Sí, me gusta como suena y el objeto me sigue pareciendo hermoso. Para mi formación, la cultura del casete y los mixtapes fueron muy importantes, tanto es así que me dediqué a recopilar historias referidas al tema en el libro Mix Tape: The Art of Cassette Culture.
También hiciste un libro con el crítico Byron Coley (No Wave - Post-Punk. Underground. New York. 1976-1980)...
Sí, ambos fuimos parte de esa escena, de la no wave, como público. Es la historia sobre la verdad de la escena underground de la ciudad por aquel entonces, una escena hermosa desde lo artístico, que no sólo tenía rock sino también el cruce de la música con el cine o la pintura. Me gustó mucho hacerlo y también seleccionar las fotos, la gran mayoría de ellas inéditas hasta este momento.
¿Qué recordás de tu paso por Buenos Aires?
Me encantó la ciudad y fuimos muy bien tratados por la gente. Recuerdo haber ido a un gran mercado de discos al aire libre, no recuerdo su nombre…
¿El Parque Rivadavia?
¡Sí! Yo estaba buscando discos de Reynols y de free jazz argentino. Mucho no encontré, pero me encantó el lugar. ¡Así que quiero volver a ese mercado y a tomar vino tinto!
Mirá el video de "Sacred Trickster" por Sonic Youth
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