Guns N'Roses: pasado salvaje, presente prolijo

Silvina Marino
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3 de octubre de 2017  

Pueden dejarse los sombreros puestos: Axl Rose y Slash, en la noche de domingo
Pueden dejarse los sombreros puestos: Axl Rose y Slash, en la noche de domingo Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Hafford

Músicos: Axl Rose (voz y piano), Slash (guitarra), Duff McKagan (bajo), Dizzy Reed (piano), Richard Fortus (guitarra), Frank Ferrer (batería) y Melissa Reese (teclados)/ lugar: Estadio Único de La Plata/ Nuestra opinión: muy bueno

Es todo un gesto elegir, como música previa a cada presentación de la banda, el soundtrack de Looney Tunes: Bugs Bunny, Porky, El Pato Lucas, el Gato Silvestre, Piolín. Dibujitos animados sonorizados por "melodías alocadas".

Stop. Si esto es lo que sucede como preludio a los shows de Guns N' Roses, entonces ¿la alusión a los cartoons es una metáfora de los estadounidenses en pleno ejercicio de autoconsciencia? ¿Unifican en su propuesta campos semánticos sobre caricaturas y melodías alocadas?

Estamos en el Estadio Único de La Plata y acaba de terminar The Who. Hay espacios vacíos. Al margen, el devenir de los sucesos se convierte en una cadena de ironías curiosamente sincronizadas con la fría noche que inicia octubre.

Primero, porque pasadas las 22.15 estalla la previa, con pantallas con el logo de los Guns y una ruta atravesada a fuego. Y lo hace de manera más ruidosa que la seguidilla de los ingleses, los mismos que en 1976 entraban en el Guinness por registrar 126 decibeles en un escenario londinense. Segundo, porque el propio título del tour es un guiño: la gira Not in This Lifetime hace referencia a la frase de Axl cuando le preguntaron en 2012 si los Guns volverían a tocar juntos: "No en esta vida".

Bien. Allí está Rose, con su mirada moldeada por el bótox y su pasito célebre. Y, lo más importante, su voz: no inalterada, pero sí al nivel de una reunión que se había dejado esperar por más de veinte años. Y allí están Duff y Slash, con sus intervenciones indispensables. Ambos completan el triángulo estelar, que tenía insalvables diferencias y que ahora no cuentan como tales. Y allí está el resto de la banda, todos ellos aceitados para la maratón de temas que incluye hits, covers, homenajes, versiones instrumentales. Treinta canciones como un resumen de tres décadas pasean la memoria musical por anchos terrenos que van del sello de Guns N' Roses ("Welcome to the Jungle", "Used to Love Her", "November Rain", "Paradise City") a los clásicos ajenos ("Knockin' on Heaven's Door", "Live and Let Die" y otras variaciones: "Speak Softly Love" (el inolvidable tema de El padrino, de Nino Rota), "Wish You Were Here", sin letra ni voz, de Pink Floyd).

El setlist, se sabe, suele ser extenso. Demasiado. Pero ni esto ni la lectura en clave caricaturesca impiden que el show salga ileso (de la lluvia y del paso del tiempo). Con una puesta que acompaña los climas de cada tema (en imagen detrás del escenario y en luces), el profesionalismo contrasta con los exabruptos de otras épocas (¿de otras vidas?). Y los machos salvajes que repartían testosterona en la década del noventa se permiten hoy revisar clichés y volver a elegirlos. O no.

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