Andy Kusnetzoff: "Me da orgullo decir que este formato lo inventamos nosotros"

Andy Kusnetzoff
Andy Kusnetzoff
Liliana Podestá
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14 de marzo de 2020  

Dos meses viviendo en Barcelona. Un mes de vacaciones. Siempre acompañado por su hija Helena y su mujer, Florencia Suárez, que además es su productora en la radio. "Tuve reuniones, estoy generando un par de proyectos para tele y radio, que ojalá salgan", sintetiza Andy Kusnetzoff a LA NACION , sin dar más detalles.

Volvió de su descanso y enseguida arrancó la temporada número 17 de Perros de la calle , en las mañanas de la Metro y la cuarta de PH Podemos hablar , que empieza hoy, a las 22, por Telefe, con invitados de lujo: Pampita Ardohain, Paula Chaves, Florencia Peña, el basquetbolista Andrés Nocioni, Santiago Artemis y Rodrigo Lussich. Sin embargo, dice: "Estoy acostumbrado a los objetivos cortos. Voy paso a paso, sino es muy difícil hacerlo. PH estaba pensado para que fueran cuatro programas y ya vamos por la cuarta temporada. En nuestra televisión hay muchos formatos de afuera que ya funcionaron en otros países y no se valora el propio. Me da orgullo decir que este formato lo inventamos nosotros. Por eso a PH le tengo un cariño especial. Conduje muy pocos formatos de otros, como por ejemplo Extreme Make Over . Trato de hacer programas personales que tengan mi sello y encontré esta posibilidad. Podemos Hablar tiene mucho que ver conmigo porque siempre me gustó contar historias. En este caso son seis entrevistas al mismo tiempo, trato de que tengan humor, emoción, profundidad", cuenta Andy mientras toma un cortado, sorbo a sorbo. Dice que el programa es un gran desafío porque en estos cuatro años hubo muchos invitados y es difícil no repetirse. "De todas maneras siempre van saliendo historias que vamos a ver a dónde nos llevan. Hay cambio de escenografía, aunque la mesa está porque es fundamental para sentirme cómodo. Hay detalles en las luces y cosas nuevas que van a pasar. Me gusta generar espacios para que los invitados se puedan abrir y compartir. El momento del lavado de manos era de mis favoritos, pero después lo sacamos y apareció el semáforo. Esta vez hay un detector de metales o mentiras, un espacio individual, interacción con invitados y muchas sorpresas. Buscamos renovar, dentro del formato".

-¿Logras siempre la intimidad con tus entrevistados?

-Hay algo que pasa y que tiene que ver con la energía de todos. Hay maridajes muy buenos. Ricardo Darín, por ejemplo, vino con Mercedes Morán y con Ricardo Centurión. Si hubiese venido con Leo Sbaraglia y Cecilia Roth hubiese sido distinto. Hay algo personal y hay algo que se da de manera grupal y se logra entre todos. No es individual, seguro.

-Y cuándo las charlas no fluyen, ¿qué haces?

-Trato de hacerlo parte del programa, de blanquear lo que pasa y tengo la manera de poner foco en uno o en otro. Me gusta blanquear los momentos incómodos aunque estoy más entrenado en la radio, pero lo manejo. Recuerdo que una vez vino Griselda Siciliani y estaba raro el ambiente. Le dije: "Griselda, algo pasa, esto no está fluyendo". Y cada uno empezó a decir lo que estaba sintiendo. Trato de mantener la verdad, lo máximo posible. Cuanta más verdad, mejor. No importa si es un momento triste o alegre, no hay que forzarlo. Para que a PH le vaya bien hay que tratar de mantener la autenticidad: la mía y la de todos.

"Para que a PH le vaya bien hay que tratar de mantener la autenticidad: la mía y la de todos"
"Para que a PH le vaya bien hay que tratar de mantener la autenticidad: la mía y la de todos"

-Y cuando el entrevistado abre su corazón, ¿sentís que metés un gol?

-Estoy más metido en disfrutar ese relato que en el lugar del productor, que piensa si ese momento mide o no. Vivo en tiempo real esas dos horas que dura el programa y estoy presente en cada instante. También trato de cuidar al entrevistado porque me siento un anfitrión responsable y no es que quiero que diga cualquier cosa. Respeto los espacios.

-¿Cuál es tu participación en el armado de cada programa?

-Tengo bastante participación, discutimos sobre los invitados. A veces una cosa es lo que te gusta y otra lo que se puede. Muchos de los llamados los tengo que hacer yo. Es muy difícil no estar en el armado porque el programa es muy personal.

-¿Hay algún personaje que no te interese entrevistar?

-Todos tienen una historia para contar y a veces es la combinación. Me gusta descubrir la humanidad en cada uno de los invitados. Recuerdo una entrevista a Guido Süller en donde no hubo chistes ni nada bizarro y salió un tipo inteligente, culto, sufrido, que dedicó una parte de su vida a lo mediático. No importa cuán famoso o exitoso seas, me interesa ver qué hay en cada uno.

-¿Y a quién no pudiste tener, pero vas a seguir invitando?

-Hay varios que son difíciles, pero seguimos insistiendo. Siempre espero que venga Cristina Fernández de Kirchner, Susana Giménez, Carlos Tevez, Marcelo Gallardo. Muchos que dijeron que no en la primera y segunda temporada, vinieron en la tercera. Ojalá siga pasando eso. Hay otros que te dicen que sí, pero quieren una entrevista a solas y yo no traiciono el formato.

-Mario Pergolini nunca fue a PH , ¿vas a intentar otra vez?

-Es uno de los que pidió entrevista individual. Está siempre invitado, pero tampoco lo puedo obligar si no puede venir. Me gustaría tener a Adrián Suar, por ejemplo. Es una cuestión entre canales. Un tema difícil. Lo luché un tiempo, pero hay temas que me superan, son las reglas de la tele.

Mario Pergolini está siempre invitado, pero tampoco lo puedo obligar si no puede venir
Mario Pergolini está siempre invitado, pero tampoco lo puedo obligar si no puede venir

-¿Cómo manejas la grieta con tus entrevistados?

-En lo personal tengo más en claro qué siento. Hay que tratar de empezar a respetar al que no piensa como uno. Es muy difícil cambiar al otro y, que yo sepa, nunca nadie hizo cambiar de opinión a nadie por discutir o hablar más fuerte. Creo que hay que aprender a manejar las energías, desde el respeto y con argumentos. Cada uno tiene derecho a pensar lo que quiere. Me parece que si nos respetamos, vamos a estar mejor. Eso nos falta. Mientras esté el espíritu de Podemos Hablar , todo puede estar mejor. Hay que escucharnos y entendernos. Hay una obsesión de querer tener la razón. Tengo muy claras mis convicciones y aprendí que la discusión, a veces, no tiene tanto sentido. Sí escucharse, aprender e intercambiar argumentos. La agresividad no nos va a llevar a ningún lado.

-Si fueras el invitado, ¿cuál sería la mesa ideal?

-La que me toque. No me gusta esa cosa selectiva de especular quién va. Me entrego, sin prejuicios. Cuando mas ecléctica la combinación de invitados, mejor. Tampoco me interesa que sean todos del mismo palo.

-¿Sos muy competitivo?

-Mi objetivo es tratar de liderar, me interesa ganar, por supuesto, porque sino se termina el programa. No soy adicto al rating tampoco, pero mientras estoy jugando el juego, necesito que vaya bien. Son las reglas de la televisión.

-Decías que tenés objetivos cortos, sin embargo Perros de la calle ya lleva 17 años y sigue, ¿es una estrategia?

-Con Perros... no tuve ningún objetivo y mirá... Si en 2002 me decían que iba a quedarme 17 años yendo todos los días al mismo lugar, en vivo, durante cuatro horas, me pegaba un tiro. En Perros... llevo más tiempo que en la escuela primaria, la secundaria y la facultad juntos. Entonces digo: "¡Guau, es mucho!" Y sigue fluyendo con trabajo, con cambios, gente que entra y sale. Hay que estar dinámicos. Tuvimos columnistas como el Gato Gaudio, Eduardo Sacheri, Verónica Lozano, Alessandra Rampolla, Hernán Casciari, Gabriel Rolón.

No soy adicto al rating tampoco, pero mientras estoy jugando el juego, necesito que vaya bien""

-¿Qué tenes todavía del notero atrevido que fuiste en Caiga quien caiga ?

-Hay una madurez después 25 años y es lógico. Me preocuparía si no fuera así porque tenía 24 años y ahora tengo 49. Tenía una energía que me sirvió para muchas cosas. Cuando compartís el día a día con la gente, se nota que vas madurando y hasta se ve el cambio físico, aunque canoso siempre fui... [se ríe]. Me preocuparía si tuviera la misma energía que a los 24, pero tengo la misma esencia y trato de tener la misma integridad y coherencia. Seguramente hay un aprendizaje y un recorrido que se nota y me encanta que sea así. Sin llegar a la solemnidad, hay muchas cosas que he cambiado. Además, era otro el mundo y mi mundo era otro también, ahora es más familiar. Me gusta el recorrido que hice. Le puse mucho trabajo, mucha pasión a todos los productos que generé. Algunos fueron más exitosos que otros, pero en todos hay algo de mí. Cuando veo el archivo de lo que hice, entiendo que en cada cosa hay parte de la persona que soy hoy. Ese recorrido me trajo hasta donde estoy hoy. Yo no podría haber hecho PH a los 20 años y no podría hacer CQC a los 49. Puedo ser notero y lo haría muy bien, pero no sería el que fui, sería otro, porque soy otra persona, tengo otra energía aunque creo que no perdí la rapidez y la espontaneidad.

-Alguna vez contaste que tenés una estructura de pensamiento bastante femenina, ¿cómo es eso?

-Muchas veces, de chico, me decían que tengo una mentalidad muy femenina y eso tiene que ver con mi forma de hablar y relacionarme, que está muy lejos del macho. Siempre fui de expresar mis sentimientos y le doy un lugar muy importante a las emociones. Y eso es más femenino que masculino. ¡Y lloro en las películas! A veces me es más fácil relacionarme con las mujeres y eso Flor, mi mujer, lo sabe bien. Todo esto nada tiene que ver con el movimiento feminista, claro.

-¿Cómo te llevas con el movimiento feminista, entonces?

-Es muy difícil para los hombres, hay que tratar de acompañar, entender y aprender. Esa es la idea.

-El "Da para darse" era una sección muy festejada en tu audiencia radial y la sacaste a partir del movimiento feminista, ¿te arrepentiste?

-No, pero puede volver. Todo cambió, hasta la forma de hacer radio. Toda la sociedad tuvo un cambio importante. En los medios estás expuesto, pero si vas a cualquier oficina ocurre lo mismo y los chistes que se hacían hace diez años, seguramente no pasarían ningún filtro y sería un desastre si salen a la luz hoy. Lo importante es aprender y cambiar el hoy y el mañana, porque ya no se puede modificar lo que se hizo. Nadie puede cambiar el pasado, pero sí entender qué tenemos que corregir para que mejoren las cosas y en eso estoy, como muchos hombres.

"Los chistes que se hacían hace diez años, seguramente no pasarían ningún filtro y sería un desastre si salen a la luz hoy"
"Los chistes que se hacían hace diez años, seguramente no pasarían ningún filtro y sería un desastre si salen a la luz hoy"

-Ese modo femenino de relacionarte, ¿tiene que ver con haber crecido en una familia con padres psicólogos y sexólogos? ¿Cómo recordás tu infancia?

-En mi casa se hablaban mucho las cosas. La educación fue importante y tuve cariño. Tuve mucha suerte con los padres que me tocaron, tengo una linda relación con ellos y trato de devolverles lo que me dieron. Cuando te convertís en padre, valorás más muchas cosas. Los primeros años marcan mucho la relación padre e hijo. Es importante ser afectuoso, íntegro y coherente porque eso es lo que tus hijos van a tomar. Y eso me gustaría dejarle a mi hija: que sea una buena persona, que tenga amigos, que no cague a nadie, que tenga conciencia social, que sea íntegra.

-¿Te imaginabas un padre tan atento y cariñoso?

-Todos se sorprendieron cuando fui padre, pero nunca estuve en contra de la paternidad ni la rechacé. Simplemente estaba en otra cosa y no era mi momento. Estaba esperando a la persona adecuada y llegó. Banco a los padres más grandes, aunque tiene sus pro y sus contra. A los 25 años no podría haber sido padre porque estaba en otra y ahora, a los sumo, me cuesta agacharme un poco más.

-Este año cumplís los 50, ¿asusta el número o los llevás bien?

-Lo más importante era llegar con pelo; era mi objetivo desde los 30... [se ríe]. Tengo una familia, tengo salud, hago lo que me gusta. Trato de tener empatía con el otro. Creo que a la sociedad le falta ponerse en el lugar del otro y me parece que los argentinos no vamos a salir adelante si no entendemos que la realidad nos atraviesa a todos. Tenemos que trabajar para que todos estemos mejor y no enriquecerse individualmente y que no te importe lo que le pase al otro.

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