Carlos Baute cuenta cómo celebró la captura de Maduro y habla el grupo de chat que comparte con María Corina Machado
El cantante venezolano, radicado desde hace años en España con su esposa y sus tres hijos, habla de la situación en Venezuela, su país natal y del sueño de verlo libre
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Radicado en España, donde vive con su esposa, Astrid Klisans y sus tres hijos, Carlos Baute se encuentra de gira y tiene agendados dos shows en Uruguay para los próximos días (en Durazno y en Punta del Este). Por ese motivo conversó con el diario EL PAÍS, con quien también habló de la actualidad de su país, Venezuela, al que no visita desde hace años.
—En Historias desconocidas hay una canción que se resignificó en este tiempo: “Mi país cambió”. Y no es la única de tu obra que adquirió un nuevo significado...
—Total. Hay otra que se llama “Te extraño porque te extraño”, y otra que volví a grabar hace poco, y se llama “Yo nací para quererte”. Es de 1997, y el estribillo dice: “Es que yo nací para vivir en libertad, / y en tu tierra andar, / yo quiero sembrar en ti, / verte crecer, mi Venezuela”. ¡Imagínate! Eso lo escribí cuando vivíamos en libertad y no lo sabíamos.
—Ya que mencionás los noventa, tus primeros discos estaban dedicados a celebrar las raíces musicales de Venezuela. Es un enfoque diferente al de tus trabajos posteriores.
—Sí, y en mi segundo disco, Orígenes II: Tambores, hay una canción que ya tiene más de 30 años y se llama “Yo me quedo en Venezuela”. La empecé a cantar hace poco en vivo, cambiándole una parte del estribillo. La original dice: “No hay mal que dure mil años, ni cuerpo que lo resista, / yo me quedo en Venezuela porque yo soy optimista”. Así era en esa época. Ahora es: “Volveremos a Venezuela porque yo soy optimista”… o “porque no soy madurista”, o “no soy chavista”, o “no soy comunista” (se ríe). Las puedo ir cambiando.
—Cuando se anunció la captura de Nicolás Maduro, fuiste uno de los primeros artistas en celebrarlo en redes. ¿Cómo te atraviesa, emocionalmente, todo este proceso?
—Estoy muy feliz por lo que sucedió, porque era el deseo de la mayoría de los venezolanos, pero, obviamente, hoy también estoy preocupado. No se sabe qué va a pasar. Yo creo que este año vamos a salir, que vamos a estar libres; pero ahorita mismo seguimos en una dictadura. Me da muchísima pena que el yerno del presidente electo, Edmundo González, siga preso. Es un preso político, simplemente por ser familiar del presidente. ¡Es una locura! Y después, a algunos presos que liberaron por presión de Donald Trump, los sacaron de la cárcel pero no les devolvieron el pasaporte y a muchos les dijeron que no pueden hablar. Es duro.
—Es una libertad parcial...
—Claro, seguimos bajo el régimen. La transición no es fácil. Lo que ya se empezó a hacer fue espectacular, y ahora vendrán los que tienen que venir, muchos de los que están dentro del sistema. Ya los conocemos, sabemos los nombres; tienen que ir por ellos. Espero que Delcy Rodríguez siga colaborando, aunque lo haga solo para no caer presa.
—¿Cómo fue el momento en que te enteraste de la noticia de la captura de Maduro?
—Yo estaba en Letonia con toda la familia porque seguíamos de viaje de Navidad. Tenía el teléfono en silencio, pero no dejaba de iluminarse con notificaciones. Cuando empecé a leer los mensajes de todas mis amistades no lo podía creer. Se me paran los pelos de solo recordarlo. Desperté a todo el mundo para contarle. Primero salió una foto por ahí que era mentira, así que había dudas. Pero yo tengo un chat del equipo de María Corina Machado, y ahí no tiran mentiras. Me volví loco. Entonces, cuando leí los mensajes estuve solo viendo las noticias; luego ya vimos la foto verdadera y habló Trump. Todas las cosas las viví intensa y felizmente.
—¿Cómo recordás el momento de contarle la noticia a tus hijos? Si no me equivoco, ellos no conocen Venezuela.
—Es verdad. Mis hijos tienen 9, 8 y 6 años, y en casa tenemos un libro espectacular en el living, sobre la mesa del sillón. Es un libro de imágenes de Venezuela que me regaló un fotógrafo que pasó un año viajando por allí. Es increíble, con fotos hechas con dron. Me lo regaló con mucho cariño y pensé: esto tiene que estar acá, como una obra de arte que se pueda tocar y leer. No sabés la cantidad de veces que lo vimos juntos. Mientras lo miramos, les digo: “Vamos a ir a esta playa”, “Este es el Salto Ángel”, “Un día vamos a conocer esta selva”. Entonces, apenas vieron las noticias, me dijeron: “¿Ya nos vamos?” (sonríe). Ellos quieren irse de vacaciones, pero todavía falta tiempo.
—¿Cuál es la primera imagen que te viene a la mente cuando pensás en Venezuela?
—Siempre es la misma imagen, pero que probablemente nunca voy a poder tener de nuevo: la familia. Recuerdo los fiestones que hacíamos para los cumpleaños de mi tío o mi papá. Y yo sé que eso ya no va a estar, porque muchos ya están muertos y la familia está afuera; está repartida entre España, Letonia, Canadá y varias ciudades de Estados Unidos. Es una pena, porque ya son 26 años sin poder recibir una Navidad con más de 12 miembros familiares. Ahora ya no. Esas imágenes me vienen siempre. Después, mis amigos, el surf y la playa.
—¿Hace cuánto no volvés?
—Desde 2010. Ya van 16 años sin ir.
—En una entrevista dijiste que intentaste volver, pero no te dieron el pasaporte. ¿Cuándo fue?
—Hace tres años. Me ofrecieron hacer una gira en Venezuela, pero me negaron el pasaporte. Y si no tengo pasaporte, no puedo trabajar.
—Al inicio de la entrevista hablamos de canciones que se resignificaban, y algo similar sucede con tus hits. Acabás de lanzar una nueva versión de “Amor y dolor” junto a Max Carra y Agustín Bernasconi. ¿Cómo surgió?
-Eso fue superlindo. Max hizo una versión de “Quién te quiere como yo” con Q’Lokura. Yo le di like, se volvió loco y dijo que quería cantar conmigo. Le escribí y me propuso hacer “Amor y dolor”. Después se sumó Agus y fue genial. Hace poco, en noviembre, estuve de gira por Argentina y noté algo muy fuerte: cuando canté “Quién te quiere como yo”, que es una de mis canciones más conocidas, sentí una euforia especial, incluso mayor que antes. Pensé: “¿Qué está pasando acá?”. Y claro, era porque la versión de Max Carra la había pegado. Fue brutal. Así que es un win-win.
—Eso habla de que cuando una canción es buena no solo resiste el paso del tiempo, sino también distintos trajes musicales, otros estilos...
—Totalmente. Hace poco me llamaron de Brasil para versionar “Colgando en tus manos”. Es la tercera vez que lo hacen, y esta vez fueron unos chicos super jóvenes (Hugo & Guilherme y Maiara & Maraisa). Fue un pelotazo: hicieron 100 millones de reproducciones en tres meses. ¡Brasil es una cosa loca! Después me pasó algo parecido con unos chicos de 18 años que hicieron un merenguetón usando el estribillo de “Yo me quedo en Venezuela”, con una letra nueva. Les di like, se contactaron conmigo y me propusieron grabar juntos. En dos días armamos “Ya no estás sola”, con Milo Bvgatti y ADSO. Esa canción la colgué hace unos días en mis stories de Instagram por el encuentro de María Corina Machado con Trump, y esa canción pega en muchas oportunidades. Nombra a “Yo me quedo en Venezuela” de una forma moderna y es una forma de decirle a María Corina que no está sola.
—¿Te ves volviendo a vivir en Venezuela?
—Yo nunca digo “de esta agua no beberé”. Han pasado muchas cosas en mi vida. En un momento nos planteamos irnos a vivir a Letonia, algo que jamás se me hubiese ocurrido, con el frío que hace ahí. Ahora se abre esta historia en Venezuela y no me cierro, pero tampoco me ilusiono del todo, porque no sé qué puede pasar. Yo ya soy un inmigrante: viví en Estados Unidos, México, España y Letonia. Mudarse siempre da miedo, pero también lo llevo en la sangre. No es fácil, pero mientras pueda irme con mi esposa y mis hijos, el resto de la familia nos veremos cuando se pueda. Eso ya lo viví, así que esa coraza ya la tengo. Si se da, y dentro de diez años estoy otra vez viviendo en Venezuela, encantado de la vida. Siempre voy a buscar el bienestar de mi familia.
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