Damián de Santo: por qué no vive con su esposa, sus experiencias con ovnis y el día que el fuego lo cercó
El actor, junto con Martín Seefeld, protagoniza Una clase especial, obra que se ofrece en el Teatro Lido de Mar del Plata y recupera el lenguaje efectivo de la comedia tradicional
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MAR DEL PLATA.- Sin estridencias. Así se maneja Damián de Santo por las playas más céntricas de la ciudad. Lo saludan, le piden posar para algunas fotografías. Él responde, naturalizando su estatus de figura pública, pero sin otorgarle ningún tipo de valor agregado. Es uno más.
-¿Cómo te percibís?
-Como un trabajador. Por supuesto, me identifico con el arte en general, ya que no sólo actúo, sin que también canto y bailo. Siempre digo que la máxima expresión de un actor es la comedia musical, un género que me encanta.
Actualmente, protagoniza la pieza Una clase especial, con autoría de Daniel Dátola y dirección de Manuel González Gil, donde comparte el escenario del Teatro Lido con Martín Seefeld.
“Gracias a esta obra tenemos la posibilidad de mostrarnos también cantando y bailando. Llegarle a la gente con cómo uno dice, canta o baila, donde se compromete mucho el cuerpo, es agotador, pero es hermoso”, sostiene el actor, que maneja el “tempo” de la comedia con gran dominio.
El rango de “trabajador” le cuadra muy bien y no, exclusivamente, por su labor artística, sino también por su emprendimiento de alojamiento turístico en Villa Giardino, en el corazón de las sierras cordobesas, el refugio donde se encuentra radicado y que, tiempo atrás, estuvo a punto de sucumbir afectado por un incendio forestal de grandes dimensiones.
Ese dolor material no fue el único que lo atravesó en su vida. También conoció de los otros. Los que más duelen. La pérdida de su amiga Romina Yan lo enfrentó a un debate interior en torno a la existencia.
Disfruta de Mar del Plata, aunque, durante buena parte de la temporada de verano, se hospeda en la casa familiar de Mar de Ajó. Si en la adultez eligió las sierras, el mar fue el ecosistema que lo cobijó durante su infancia, ya que parte de su familia es oriunda de ese enclave de dunas y tiempos cansinos.
Pide un café, silencia el teléfono y se dispone a pensar con LA NACION bastante de aquello que lo llevó a plantarse de otra manera. Una madurez que no sólo tiene que ver con lo cronológico ni con el calendario.
Posturas
-Sos de los actores que no están permanentemente exhibiéndose. ¿Qué parámetros tiene que tener un proyecto para que te sumes?
-Como tengo la suerte de vivir de otra cosa, no me desespero por actuar en algo que no me gusta para poder pagar el supermercado. Es cierto que me eligen a mí, pero yo también quiero elegir qué proyectos hacer. Hice muchas cosas para sumar horas de vuelo y bancarme económicamente, porque no tenía otros trabajos. No digo que fui inteligente, sino previsor. Le hice mucho caso a mis sensaciones. Elegir es lo que uno busca poder lograr con los años de trabajo.

Una clase especial logró muy buena acogida de público en México y, desde hace tiempo, la intención de su autor era ofrecerla en Buenos Aires con Damián de Santo cumpliendo con uno de los roles protagónicos.
“En plena mudanza, volví a releer algunos textos, entre ellos esta obra de Dani (Daniel Dátola) y me morí de risa. Además, tiene que ver con una ruptura del machismo y el feminismo, para dejar de lado el fanatismo extremo de un lado y del otro y poder convivir”.
El actor le propuso a su representante el nombre de Martín Seefeld: “Somos muy amigos”, comenta. Que fuera Damián de Santo su coequiper, impulsó la decisión afirmativa de su compañero.
Un hombre de alrededor de cincuenta años, separado, luego de muchos años de casado, tiene la intención de volver a sumergirse en el mundo de la seducción. “No sabe cómo hacerlo, los tiempos cambiaron y no entiende nada sobre las plataformas, aplicaciones de cita, cómo se habla ni qué se baila, es muy estructurado”.
Lalo, el “alumno”, interpretado por Damián de Santo, y su profesor, un seductor de raza, a cargo de Martín Seefeld, se entreveran en un ida y vuelta donde todo es puesto en tensión y se revisa. Desde la masculinidad hasta las formas de entender el amor. “La obra, sobre el final, tiene un efecto certero, donde la comedia pasa a ser otra cosa, es muy inteligente”.
Sin ficción
Lleva veinticinco años de casado con Vanina Bilous, reconocida bailarina de tango de rango internacional, la madre de sus hijos Joaquín (24) -que decidió seguir los pasos artísticos de su padre- y Camilo (19), de profesión guardavidas. “No me quiero hacer el moderno, pero, desde hace bastante tiempo, vivimos en casas separadas. Decidimos hacerlo para no morir en el intento de seguir”.
-¿Cómo resulta la experiencia?
-Nos venimos llevando muy bien.
-Es decir que no están separados.
-No estamos separados, por ahora, pero nunca se sabe. Es más, el cambio es para estar mejor, si sucede lo contrario, ya no depende de nosotros.
-¿Costó tomar la decisión?
-No. No es que promociono esta manera de vivir, pero es la que veo para mí. Me gustó, me gusta estar solo.
Uno de los méritos que se atribuye el actor -compartido con su esposa- es haberles inculcado a sus hijos la convicción de la elección a través del deseo vocacional: “Yo, en cambio, pelee mucho para ser feliz con mi profesión. Mi vieja no quería saber nada, en cambio mi papá apoyaba mi decisión”.
-¿En qué se basaba la objeción de tu madre?
-Era docente y no le veía futuro a la actuación, pero también hay gente que es filatelista o vende antigüedades a la que le fue muy bien. Siendo padre, entiendo los miedos de mi mamá. De todos modos, laburé de muchas cosas para poder bancar mis gastos y pagar el alquiler.
Vendió medias y llaveros por la calle, fabricó relojes, fue chofer en una empresa de transporte y fundó un emprendimiento especializado en combatir la humedad de los cimientos.
-En la jerga se diría que “tenés calle”.
-Soy vendedor. Aprendí a actuar, a vender. Un gran entrenamiento. Es ir a rebotar, como cuando iba al boliche, pero después me veían bailar y querían estar conmigo.
-La recompensa.
-Pero, en esa instancia, ya les decía que no. “Andá a buscarte el rubiecito que te gustaba antes”. Odiaba a los rubios, porque me sacaban todas las minas, y mis dos hijos me salieron rubios. No hay que escupir para arriba.
-Entonces, la venta callejera requiere de las dotes actorales. Herramientas de transteatralidad, se diría en el campo de la teoría escénica.
-Es que, cuando te fue mal en una puerta, tenés que golpear la de al lado, pero con espíritu de ganador, como si nada hubiese pasado. Yo vivía de lo que vendía, así que tenía que convencer, lograr que me compren lo que ofrecía. En el escenario tenés un respaldo que tiene que ver con el estudio, la preparación, compartir con tus compañeros. A la hora de vender en la calle, estaba solo, por eso soy tan entrador; aprendí a serlo.

En la caminata desde el espigón histórico de la playa céntrica hasta el café, no dejó de responder un solo saludo. Empático, su devolución al pedido de fotos fue siempre sumamente cálido. De igual a igual. “Eso lo aprendí vendiendo en la calle”.
-Das la sensación de no terminar de creerte la parafernalia que propone el medio artístico, como que estás con un pie dentro de ese universo y el otro bastante afuera.
-Es un laburo.
-Sin embargo, sos un actor muy conocido y reconocido.
-No soy inalcanzable, entonces la histeria no se genera. Siempre fui así, desde que, en mi barrio, me decían Magoo.
Cierta dificultad en su visión llevó a que sus amigos de Caballito, el barrio donde se crio, lo bautizaran de esa manera. “No veo un pomo”, grafica, sin medias tintas. “El que me llama así es porque me conoce de niño”.
-Entonces, famoso, pero no inalcanzable.
-Vivo de la profesión, pero no vivo en la profesión, y lo digo con todo el amor del mundo.
-No sos de las figuras que se exponen permanentemente en estrenos, fiestas o eventos sociales.
-Me cuido, no necesito exponerme sin necesidad.
-¿Tiene costo?
-Sí, pero no me importa pagarlo. No entro a un lugar y vienen todas las cámaras a buscarme. De todos modos, todo eso también está en decadencia. Lo entiendo en grandes figuras como Mirtha (Legrand), Susana (Giménez) o Ricardo (Darín), que son de una época donde eso era llamativo, pero ya no sucede con la mayoría de los actores y me parece bueno.
-Es sano.
-Para el que le gusta vivir más normalmente, está bien y, el que prefiere otra cosa, genera llamar la atención con algún pequeño escándalo o discusión. También creo que se humanizó más el trabajo.

-¿Cómo vivís la ausencia de ficción en la televisión abierta?
-Como no hay ficción en aire, no miro televisión. No sólo me molesta esta situación por ser actor, también me duele como espectador que consume productos nacionales. No quiero ver la ficción en plataformas, la quiero ver en los canales, soy nacionalista.
Según su punto de vista, “desacostumbramos a los pibes a ver televisión con la familia, a compartir una ficción a la hora de la cena; la gente está ávida de todo eso. ¿Por qué funciona el teatro? Porque el público quiere ver a sus actores”.
Cuenta que, hace poco tiempo, realizó una publicidad de sus cabañas defendiendo el valor de lo nacional. “Nadie puede prohibir que la gente se vaya de vacaciones a Brasil o a Europa, pero tenemos un país hermoso, con opciones turísticas por todos lados. Si es más caro que otros lugares, tiene que ver con lo que pagamos de servicios, ¿cómo hago para afrontar tres millones de luz y tres millones de gas por mes? Pero, así y todo, brindamos mucho servicio, por eso es bueno que se consuma el turismo de nuestro país”.
Algo distinto
-¿Fue positiva la experiencia de participar en el certamen Bake off durante la temporada 2024?
-Fue buenísimo, porque nos llevamos bárbaro y rompimos, sin darnos cuenta, la estructura del formato. Fue una edición donde la protagonista no fue la competencia, se priorizó el compañerismo. No íbamos por la guita o el cetro, sino para aprender. Llorábamos cuando alguien debía dejar el certamen. Generamos lazos muy fuertes y eso le gustó a la gente.
-Hablábamos sobre la ausencia de ficción nacional en la televisión abierta, ¿qué te sucede ante la cantidad de horas de aire que ocupan los programas sostenidos en paneles?
-Nada es veneno y todo es veneno, según la dosis. Sucede lo mismo con el periodismo, la cuestión es la medida en la que se cuenta algo. No todo puede ser violencia, algún bálsamo tiene que haber.
Creer o...
-¿Es cierto que, cerca de tus cabañas de Villa Giardino, observás en el horizonte, con cierta regularidad, luces no identificables?
-La (Georgina) Barbarossa también las vio y, a veces, lo cuenta.
La actriz también posee una propiedad en ese pueblo, una zona sobre la que se dice que suelen avistarse objetos y luminosidades no explicables desde el punto de vista terrenal y de la razón humana.
-¿Qué pudiste experimentar?
-Vi luces llamativas. He llevado directores de fotografía que me han dicho que, para producir ese efecto, habría que haber puesto mucha plata.
-No se trataba, entonces, de una producción especial de FX para atraer turistas.
-Para nada. No eran tres locos moviendo unas luces, ¿qué sentido hubiese tenido? Además, sé que, en ese sector, donde se ven las apariciones, no hay acceso posible. Por otra parte, se acercaban muy rápido a dónde estaba yo. Mi teoría es que nosotros estamos viendo el futuro y ellos están viendo el pasado.
-¿“Ellos”?
-Es como una fisura en el tiempo, otro plano. Si es que nos ven, porque, quizás, sólo los vemos nosotros a ellos.
-¿Te asustó divisar esos resplandores?
-Para nada, me dio mucha paz. Por favor, que alguien venga a salvar a la humanidad, alguien superior, que ya haya experimentado la basura humana que somos.
-¿Te sucedió una sola vez?
-No, allá es muy común. Ya no nos llama la atención, convivimos con eso. Los vecinos tenemos grupos de WhatsApp y nos vamos comentando lo que vamos viendo. “Luz a la derecha, para el lado del hotel cervecero”. Nos pasamos los datos para que todos podamos visualizar las luces. No son aviones, son luces que se dejan ver y están en movimiento. Es creer o reventar, yo elijo creer.

Romina, su amiga
En 2005, Damián de Santo coprotagonizó la telecomedia Amor mío junto a Romina Yan. A partir del trabajo compartido, surgió entre ellos una amistad que los unió hasta el fallecimiento de la actriz, ocurrido el 28 de septiembre de 2010.
-¿Aparece en tus pensamientos?
-Siempre. La amé. Como compañeros y amigos puedo decir que nos enamoramos. Tuve una conexión grosa con ella. Fue algo muy especial. La sentí muy vulnerable y muy preparada para lo que hicimos, la agarré en su mejor momento profesional. Mi hijo Camilo y su hija Azul se llevan una semana de diferencia.
El actor recuerda aquellas jornadas de grabación bajo las órdenes de Tomás Yankelevich, como director del proyecto, y la producción de Cris Morena. “Fui muy atrevido con el hermano y la madre de Romina (Yan), soy así; ella se moría de risa, la pasamos divino”.
-¿Cómo te enteraste del fallecimiento de Romina Yan?
-Fue un golpe muy duro, no lo podía creer. Estaba manejando por la ruta, rumbo a mi casa, y me llamaron de la producción de un canal de noticias. Me dijeron ‘queremos hablar con vos sobre Romina´ y yo respondí: ´no me digas que está embarazada de nuevo´. Cuando escuché ´Damián, Romina falleció´, encendí la baliza, me paré a un costado de la ruta y me disculpé con esa productora, no podía hablar. Llamé a un amigo en común para que me confirmaran la noticia.
-¿Sos de planificar tu futuro artístico?
-Para nada. Lo único que proyecto es viajar. No conozco casi nada de Europa, solo París. Y de Estados Unidos conozco Nueva York porque acompañé a Vanina (Bilous) a bailar tango.
-Sos una persona arraigada a lo suyo.
-Es que me gasté toda la plata construyendo las cabañas en el predio de mi casa, es matemática. Tengo dos piletas, la última que construí es cubierta, puse 300.000 dólares. Con eso me podría haber ido a Europa, comprarme un departamento allá y hasta vivir dos años seguidos. Soy tano, pienso en el futuro; recién ahora planeo viajar.
El tiempo
Reconoce que su físico le pasa facturas. “Siempre fui medio acróbata y le puse algo de eso a los personajes, pero ya estoy medio roto. Pensaba que iba a ser joven toda la vida y no calentaba el cuerpo antes de hacer alguna pirueta. Un día me desperté y ya no era más joven”.
Aunque sostiene que el físico le remarca sus 57 años, lo cierto es que trabaja activamente en sus cabañas cordobesas. “Voy y vengo con carretillas con leña, construyo, muevo la tierra”.
-Fue muy conmovedor verte combatir los incendios forestales que pusieron en riesgo tu complejo hace algunos años.
-Fue como ver cómo se puede hundir el barco. Ahí está puesto todo lo que tengo, así que, en algún momento, pensé: “lo voy a perder todo”.
Así como actualmente una gran quema azota en el Parque Nacional Los Glaciares, también en Córdoba las llamas suelen ser una pesadilla de algunos veranos cuando, a las temperaturas elevadas se le suma también la imprudencia del ser humano.
“Mi hermano mayor, ingeniero en seguridad e higiene, y un colega suyo me diseñaron un sistema de conexión con las piletas, así que tenemos 380.000 litros de agua para combatir el fuego durante 72 horas. Son cañerías soldadas de dos pulgadas, con mangueras, bombas que tiran a ochenta metros. Aquella vez se juntó la sequía y el viento, porque el viento hizo que las llamas pasaran por arriba del río y llegaran hasta mi casa”.
-¿Cómo vivís tu presente?
-Bien, porque me cambió la cabeza, ya no me tiro a la pileta si no hay agua. Antes lo hacía, y me llegó a salir bien, pero hoy no me puedo arriesgar. La experiencia me llevó a ser más analítico y no tan orgánico. No tengo miedo a envejecer, me parece divino.
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