El triste momento de Alberto Cormillot por la muerte de Mónika, su exmujer

Alberto Cormillot
Alberto Cormillot Crédito: Archivo
Si bien se separaron en 1976, el nutricionista y la madre de sus hijos se mantuvieron muy cercanos
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21 de septiembre de 2017  • 10:43

Alberto Cormillot se mostró muy apenado por la muerte de Mónika, quien fue su compañera de vida. Más allá de haberse separado en 1976 de la madre de sus hijos, Adrián y Reneé, el nutricionista nunca perdió el contacto con su exmujer, quien falleció a los 75 años días atrás.

"Estábamos esperando el final. Pasaron así cinco o seis horas... Hablé con un enfermero y me preguntó: ´¿Está esperando a alguien? ¿Falta alguno de la familia?´ Mi hijo Adrián no podía venir: estaba hecho mierda. Entonces me acerqué a la cama de terapia donde estaba Mónika y le hablé casi al oído: ´Quedate tranquila. Podés irte. Adrián no va a venir, está llorando en casa´ Al minuto mi hija me señala el aparato que mide el ritmo cardíaco. ´Mirá papá se detuvo, la línea está lisa´. Ya estaba todo. Después le pregunté al enfermero: ´¿Por qué me dijiste si estábamos todos?´ Me respondió: ´Porque ellos siempre esperan a alguien. Lo vi infinidad de veces´", contó el nutricionista, entre lágrimas, a revista Gente.

Según reveló, Mónika y él trabajaban juntos, incluso ella era quien le manejaba las cuentas. Y ahora, no sabe ni hacer un cheque. "La extraño mucho. Muchísimo. Me dejó un agujero en el alma. ¿Viste que siempre dicen que nadie es indispensable? Mónika ponía en duda eso: era indispensable. Ella trabajó acá hasta el último día. Para mí, estuvimos 56 años juntos", dijo.

"Siempre nos llevamos bien. Eso no cambió. Ella manejaba todo, incluido lo económico. Le tenía confianza absoluta. Yo no sé hacer un cheque... Ahora tengo que aprender, y estoy grandecito. Me despedí, le dije que la quería. Ella no sabía que yo me estaba despidiendo. Estaba muy confusa, tenía falta de oxígeno, decía que se ahogaba", agregó. Mónika y Alberto se conocieron en el año 61. Ella era oriunda de Alemania y trabajaba en el Hospital Alemán como recepcionista, donde él atendía como médico.

La mamá de sus hijos había sido diagnosticada de un cáncer de pulmón fulminante y, si bien le dieron pocos meses de vida, gracias a buen tratamiento vivió dos años. Finalmente, una neumonía complicó su cuadro, tras doce días en terapia intensiva.

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