En una charla íntima, los actores reviven sus siete años de noviazgo y cuentan cómo les cambió la vida la llegada de su hijo, Luis Ernesto
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La cita es un gélido sábado por la mañana, de aquellos que hacen tiritar el cuerpo, pero que también regalan cielos despejados y luminosos. Esteban Lamothe (37), el actor cuyo protagónico en el film El estudiante le valió un pase directo a la televisión, llega con puntualidad al encuentro. Accesible y de muy buen humor, parece no haber sido presa de las mañas que suelen colarse en el camino al estrellato, un recorrido que comenzó en Sos mi hombre, se cimentó en Farsantes y se consolidó en Guapas, la tira furor de El Trece.
Una hora y media más tarde, y en un horario más "amigable", se suman su novia desde hace siete años, la actriz Julieta Zylberberg (31), y el pequeño Luis Ernesto (1 año y 8 meses), el bebé que llegó para inaugurar un capítulo "de a tres" en su historia. Dueña de una carrera impecable, Julieta comenzó en Magazine For Fai –el programa que conducía Mex Urtizberea a mediados de los 90– y hoy es una de las protagonistas de Relatos salvajes, la película de Damián Szifrón que causó sensación en el último Festival de Cannes.
Una vez aclimatados, madre e hijo se acoplan a la sesión fotográfica inaugurada por "papá" y, como él, posan con la soltura y la alegría que devienen de un presente pleno, repleto de amor y de proyectos. Terminada la sesión, Julieta y Esteban se disponen a una charla íntima.
–¿Cómo se conocieron?
Esteban: En una obra en el Goethe-Institut. Estábamos los dos de novios, así que no pasó nada. Terminó la obra, nos dejamos de ver y nos reencontramos después del verano.
Julieta: Unos amigos en común organizaron un asado para reunirnos…
–¡La clásica emboscada!
Julieta: Sí, era gracioso porque los dos hablábamos con el resto de una manera muy suelta, pero entre nosotros todo era pura tensión: sabíamos que estábamos ahí para terminar juntos.
–Es que se gustaban desde hacía meses, ¿no?
Esteban: Sí, la atracción había sido muy física, muy potente.

–¿Qué te cautivó de ella, Esteban?
–Lo linda que es. Lo primero que te pasa con una persona es que te atrae físicamente.
-¿Y cómo fue el approach?
–Después de comer, nos fuimos todos a una fiesta, en un mismo auto. Si no le daba un beso ahí era un tonto.
Julieta: Fue muy poco íntimo y muy gracioso… Nuestros amigos, unos genios, hicieron todo por nosotros.
–¿Qué los llevó a seguir construyendo una historia de a dos?
Esteban: Tuvimos química en todo sentido. Desde aquel momento, la relación fluyó y se fue desplegando sola. En algún punto es medio inexplicable: encajamos y ya.
–Julieta, ¿qué es lo que más te fascina de él?
–Es difícil reducirlo a una sola cosa: es un padre maravilloso, lo pasamos bien juntos, nos divertimos, disfrutamos del ocio, nos gusta viajar… Y compartimos el humor, que es esencial para mí. Eso. ¡O todo, en realidad! [Sonríe].
–Por si fuera poco, gozan de un presente profesional perfecto. ¿Se saben exitosos?
Esteban: Estamos en un momento de mucho trabajo y de mucha intensidad en general, con nuestras vidas y criando un hijo. Con un bebé no tenemos tiempo de pensar en eso. Gracias a Dios nos va bien en paralelo. Somos conscientes de que eso ayuda.
–¿Cómo organizan la crianza de Luis con tanto trabajo?
Esteban: Es intenso en ese sentido. Estamos enfocados en pasar de a un día por vez y que todo salga bien, como en la guerra. [Se ríe].
Julieta: Es la parte burocrática de la familia. Para estar en armonía necesitamos estar organizados. Con un hijo, a veces la cosa se pone agitada y estar en equilibrio ayuda a encarar el día a día con tranquilidad.
–Son "exitosos", entonces, también en la organización de la familia…
Esteban: No siempre, como le debe pasar a muchos padres primerizos. Pero sí, gracias a Dios, Luis está bien, es un chico divino. Salvo que no duerme de noche. [Se ríe].
Julieta: Se levanta tres veces y se queda despierto un rato. Por suerte, nos turnamos. [Suspira].
–A nivel pareja, ¿los movilizó la llegada de Luis?
Julieta: Fue una revolución total. Nos llenó de obligaciones nuevas, pero también de un amor inmenso que yo no sabía que existía. Un hijo te enriquece de formas indescriptibles, nos conocimos siendo padres y nos abrió una faceta nueva frente al otro.
Esteban: Lo buscamos mucho tiempo, hasta que nos relajamos y llegó. Cuando Julieta quedó embarazada, yo justo empecé a trabajar en mi primera novela, Sos mi hombre. Luisito vino con el pan abajo del brazo, si se quiere.
–Es una preocupación supermasculina la de proveer, ¿no?
Esteban: No estábamos mal, pero tampoco nos sobraba nada. Desde entonces tengo una continuidad laboral, algo que Julieta ya tenía. Tengo la estampita de San Cayetano en la billetera y todos los días le pido: "Sigamos así".
–Julieta, ¿cómo te transformó la maternidad?
–[Piensa]. Me enriqueció. Empezás a poner tu vida al servicio de que alguien esté bien, de cuidarlo, de que crezca feliz y, a la vez, te pone frente al desafío de seguir siendo vos, con lo que te gustaba antes de ser madre. Como mujer, Luis me completó.
–¿Y vos, Esteban? ¿Cómo vivís la paternidad?
–Nada me importa más que mi hijo. Estoy aprendiendo a ser padre, y es difícil. Ahora, por ejemplo, no me vuelvo tan loco cuando se enferma. Antes, cuando tenía fiebre, me paralizaba y me angustiaba que no pudiera explicarme lo que le pasaba.

–Ahora que tienen un hijo, ¿qué entendieron de sus padres?
Julieta: El esfuerzo que implica no dormir, por ejemplo.
Esteban: Tomás conciencia de la cantidad de cosas que dejaron de hacer por vos. Ser padre es todo amor y entrega e implica resignar un montón de cosas en función del otro.
–¿Qué les gustaría repetir de su crianza con Luis?
–Esteban: La libertad, el amor y la confianza. Mis padres confiaron en mí desde muy chiquito. No eran de bajar línea, ni de estar muy encima. Solían decirme "vos sabés lo que está bien y lo que está mal, te vamos a querer igual, hagas lo que hagas", y eso estuvo buenísimo. Quizá le inculcaría un poco más el tema del deporte, porque te enseña a trabajar en equipo, a perder y a ganar, a relativizar los triunfos y los fracasos, y eso sirve para la vida en general. Yo, de chico, jugaba al tenis y competía, pero a los 12 me cansé y dejé.
–Julieta: En mi caso, tengo dos hermanas, así que me gustaría que Luis tenga al menos un hermano. Sueño con viajar juntos, en auto, a cualquier lado. Los grandes recuerdos de mi infancia son de nuestros viajes en familia, con Valeria y Luciana en el asiento de atrás.
Esteban: Tenemos ganas de tener otro hijo, pero no ahora. Cuando Luis deje los pañales, empiece a dormir ¡y hayamos recuperado algo de sueño!
–Todavía son novios, ¿planean casarse algún día?
Esteban: Sí, los dos tenemos ganas, alguna vez lo hemos hablado, pero no pensamos en fechas ni nada parecido.
Julieta: Hoy no está dentro de nuestras prioridades, contamos con muy poco tiempo y no nos resulta tan importante.
Esteban: Son cosas estructurales, no sentimentales, las que hacen que el casamiento siga en el horizonte, digamos.
–¿Cómo imaginan ese día?
Julieta: Como una gran fiesta, con nuestros amigos bailando hasta tarde. Algo superfestivo, con alcohol y música.
Esteban: Sería un momento para celebrar el amor con las personas que queremos. A mí, por lo pronto, me encantaría que fuera en Ameghino. [N. de la R. el pueblo donde se crio].
Julieta: Y, no sé…¡Tendríamos que alquilar al menos un ómnibus! [Se ríe, pícara].
Texto: María Güiraldes
Fotos: Matías Salgado
Producción: Georgina Colzani
Maquillaje y peinado: Matías Callegari Howlin, para Sebastián Correa Estudio, con productos Lancôme
Agradecimientos: Celeste Bernardini y Patricio Lix Klett, De La Feliz (www.lafeliz.com), A. Y. Not Dead, Herencia Argentina, Kosiuko, Lacoste, Les Croquants, Mimo y Ufficio, Tienda de juguetes
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