
Violencia de género
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Después de 25 años en la pantalla de eltrece, Sandra Borghi decidió frenar. A los 50 y atravesada por una crisis personal y profesional, que incluyó una separación, un profundo replanteo interno y el desgaste de años de exposición, la periodista eligió bajarse del ritmo vertiginoso de la televisión diaria para empezar una nueva vida.
“Había cosas que ya no me hacían tan feliz”, admite en esta charla íntima con LA NACION en la que repasa cómo fue dejar atrás la conducción de Mediodía Noticias, lugar en el que soñó estar desde chica y el impacto emocional que tuvo alejarse de sus compañeros y de una rutina que la acompañó durante más de dos décadas.
En medio de este quiebre personal y profesional que trajo la nueva década hubo otro detonante: esa nota a Fabiola Yañez —antes de que estallara públicamente la denuncia por violencia de género contra el expresidente Alberto Fernández— que la colocó en el centro de una tormenta mediática inesperada a través de una feroz campaña que, según sostiene, le hizo vivir uno de los peores momentos de su vida. “No sabía lo que era una campaña sucia hasta que la sentí en el cuerpo”, asegura. Hoy, lejos del noticiero y enfocada en sus hijos, en su bienestar y en una nueva relación amorosa, la periodista habla de renacer, de animarse a soltar y de aprender, por primera vez, a priorizarse.
-Llegaste a los 50 e hiciste un cambio de vida radical…
-Para mí los 50 fueron como un quiebre. Nunca tuve problemas con la edad, ni los tengo. Yo soy muy de festejar los cumpleaños y les transmito a mis hijos la importancia de celebrar la vida. En casa los cumpleaños se festejan tres veces mínimo (risas). Nunca me pesó la edad pero los 50 me pusieron un espejo en frente.
-¿Y qué veías?
-Me planteé si estaba haciendo lo que quería hacer. Obviamente que fue paulatino. Ya un año antes empecé a sentir que no estaba cómoda con lo que estaba haciendo profesionalmente. Que había perdido algo de mística, que ya no disfrutaba como antes. Y la verdad es que yo en el canal siempre tuve mi lugar, crecimiento, oportunidades. De hecho, mi carrera fue permanentemente en ascenso. Estaba en el noticiero que quería estar. Había llegado donde quería llegar, que fue mi propósito de vida. Yo a mi papá le decía: “Cuando sea grande, quiero trabajar en ese noticiero con ese señor que se llama Luis Otero”, y mi viejo me decía: “Vas a estar ahí y yo voy a estar viéndote”. Me vio desde el cielo porque lamentablemente cuando me nombraron ya no estaba, pero para mí fue como misión cumplida. Atravesé un montón de situaciones hermosas, viví experiencias increíbles, pero en un momento tuve que ser también honesta conmigo misma y darme cuenta que estaba viviendo como encorsetada. Me empecé a sentir mal al aire, empecé a sentir que había perdido la mística, que había cosas que ya no me hacían tan feliz.
-¿Volvías a tu casa y te lo planteabas?
-Estuve un año en terapia replanteándomelo porque yo soy periodista de alma. Llevo el periodismo en la sangre, sé lo que es la pasión en el cuerpo. Ahora pasa algo en la calle y te digo: “Dame el micrófono que voy yo”. Me desespera la cobertura, la creación de la noticia, el contar historias. Siempre fue mi pasión contar historias, entrevistar. Siempre me sentí muy cómoda en ese lugar y lo que me empezó a pasar en el noticiero es que empecé a sentir que estaba encorsetada, que ya no lo disfrutaba tanto. Si dilaté la salida fue por la gente, fue por entrar a maquillaje y abrazarme con todos mis amigos. Te juro que es lo que me quiebra la voz. Extraño a mis compañeros. Yo sabía que perdía esos lazos diarios, entonces tardé mucho en tomar esa decisión, sobre todo, por los vínculos creados de tantos años. Pero después me di cuenta que tenía que priorizarme y ese fue el quiebre. Tenía que priorizarme en casa, priorizarme con mis hijos. Sentí que era momento de ocuparme más de mí.
-¿La separación vino también en ese momento?
-Nosotros transitamos un duelo que fuimos viviéndolo entre los dos sin que los chicos se enteren. Cuando llegamos al final, ya teníamos la valija afuera los dos. El duelo lo vas procesando, no te separás de la noche a la mañana. No hubo otros, no hubo otras, no hubo peleas, no hubo dramas, no hubo. Será aburrido contarlo, pero es así. Hubo dolor. Yo velé mucho por esa familia ensamblada. Aposté mucho por esos cuatro hermanos unidos y, de hecho, es lo que más me duele el haber disuelto esa familia. Cuando los dos tomamos esa decisión, sabíamos que había cosas que se iban a quebrar y que durante un tiempo iba a haber un bando y otro. Eso a mí me pesaba un montón, porque para mí eran mis cuatro hijos. Isabela estuvo conmigo desde los cinco años. Para mí la hija de Fer está tatuada en mi corazón. Ahí te das cuenta que la maternidad es una construcción. Yo soy una madre natural de la vida y voy maternando siempre.

-¿Pero lo del trabajo y lo de tu separación se dio en el mismo año?
-Todo el mismo año. El 31 de diciembre de 2024 cuando brindé, dije: “Va a ser un año de cambios, no me voy a hacer más la distraída. Esto es lo que me pasa”. Yo ya sentía que era el final. Quería esperar a cumplir 50 pero no llegué (risas). De hecho, mi separación fue antes y mi cumpleaños fue sin Fer, porque yo estaba separada desde abril. Y el cambio laboral lo empecé a transitar también en diciembre de 2024. Empecé con reuniones con el gerente de Recursos Humanos, con el gerente de Noticias, donde les decía: “Me quiero ir, siento que estoy cumpliendo un ciclo”.
-¿Te enojaste con todo lo que se dijo en el medio como, por ejemplo, que eras mala compañera?
-Me re enojé porque no era real. Si de algo me jacto en la vida es de la capacidad que tengo de generar lazos fuertes. Soy muy del equipo de trabajo. Yo sé qué vínculos tengo en el canal entonces nada de todo eso fue verdad. Obviamente diferencias con jefes tenemos todos todo el tiempo. Pero eran diferencias periodísticas, discrepancias desde la profesión. Nunca hubo nada personal.
-¿Qué te pasó con el tema Fabiola Yañez?
-Fabiola fue un detonante de todo esto también porque para mí fue muy injusto lo que pasó. Yo tuve mucha palabra con ella y las cosas no se dieron como habíamos hablado o se presentaron diferentes. No la culpo a ella ni a nadie. Las cosas a veces no se dan como uno planea. Yo fui a buscar una nota, un mano a mano con ella. El mano a mano lo tuve, pero sin cámara. Ella a mí me contó primero que nadie -porque no lo sabía nadie- todo lo que después se convirtió en una causa judicial. Cuando me lo contó, me tomé un avión y me fui sola. Le pedí vacaciones al canal para no involucrarlo en todo esto.
-¿Es cierto que vos te pagaste tu pasaje?
-Sí, si, no tenía nada cerrado. Fui al gerente de Noticias y le dije: “Dame 15 días de vacaciones que voy a ir en busca de algo. Si lo tengo, vamos con todo, pero dejá que yo me hago responsable de este riesgo”. Me hice responsable porque soy una enferma del periodismo. De hecho, no medí consecuencias porque fue muy arriesgado lo que hice.
-¿Por qué?
-Porque fui en busca de algo y no sabía con qué me iba a encontrar. Yo hablé siempre con intermediarios, nunca la llamé a su teléfono. Ella nunca me dio su teléfono directo hasta que después entablamos un poco más de vínculo. Yo fui a buscar la fiesta de Olivos. Teníamos una persona en común y yo le decía: “Fabiola, ¿por qué no rompés el silencio y contás cómo fue?”, y ella me dijo: “Sí, vení, pero no vamos a hablar de eso. Vamos a hablar de otra cosa, que es mucho peor que eso”. Me tomé un avión y me fui. Ni remotamente me imaginé ver lo que vi en la computadora. Ella me dio a entender que había algo relacionado con la violencia pero yo no lo dimensioné. De hecho, el encuentro fue bastante riesgoso. Ella estaba con custodia presidencial. Nos juntamos en un lugar las dos solas, dejamos los teléfonos y ahí ella abrió la computadora y me dijo: “Mirá esto”. Ahí empezó a pasar todo: las fotos, los videos, las imágenes. Yo estaba espantada cuando le vi el ojo negro (la foto que después recorrió toda la Argentina y el mundo), no lo podía creer.
–¿Y qué hiciste en ese momento?
–Lo primero que hice fue preguntarle quién sabía sobre esto. Me dijo: “Vos y mi círculo más íntimo”. Y ahí tomé dimensión del riesgo que estaba asumiendo. Ella quería que yo lo haga público y yo le dije que hasta que ella no denuncie, yo no lo iba a hacer público. Yo tengo mucha experiencia en violencia de género. Muchos casos de víctimas que piden ayuda y después se arrepienten. Vos lo contás y después la víctima no está preparada para que se haga público. Es muy finito el límite, es muy delicado. Entonces hasta que ella no denunció, yo no abrí la boca.
-¿Por qué sentís que esto fue un detonante para tu carrera? ¿Sentís que ella te usó de alguna manera?
-No, ella hizo lo que pudo. Y en el hacer lo que podía y su necesidad, pasaron cosas en las que yo me quedé afuera de la nota. Como la que había denunciado era yo, ahí empezó toda una campaña muy sucia contra mí. Muy sucia, muy mentirosa, en donde me trataron de cualquier cosa que no era real. La pasé muy mal. Estuve 15 días enferma en mi casa, encerrada.
-¿Te amenazaron?
-Tuve amenazas, tuve mensajes tremendos en mi teléfono. Me cancelaron en todos lados. Yo ponía una foto con vos abrazada y me empezaban a decir: “Chorra, ladrona, devolvé la plata al canal”.
-¿Porque eras la amiga de Fabiola?
-No, no sé por qué, pero ahí hubo una mano rara que operó contra mí. Empezaron a decir que yo le había robado al canal, pero yo no tenía nada que demostrar.
-¿El canal te bancó ahí?
-Me bancó dejándome al aire. “Nuestra manera de respaldar lo que sos para nosotros es dejándote al aire”, me decían. Lo que pasa que yo no podía ni estar al aire. Me enfermé, me salió un quiste en la frente, me lo tuvieron que operar. Fue una cosa horrible. Mirá que cubrí cosas durísimas, tremendas y estuve en momentos bisagra de la Argentina, pero nunca me pasó una cosa así.
-¿Qué respuesta le encontrás hoy a todo eso?
-Yo destapé la olla y en el momento que lo hice, hubo una campaña sucia atrás. Yo no sabía lo que era una campaña sucia hasta la que la sentí en el cuerpo. Cuando empezaron a inventar que yo le había robado al canal… Yo tenía un sueldo y entre los beneficios tenía remises, como todo el canal. Todos los conductores teníamos remises históricamente. Pero empezaron a decir que yo tenía choferes, que había gastado una fortuna, que le robaba al canal, que lo usaba para buscar a los chicos en el colegio. Ha pasado que yo iba a buscar a los chicos al colegio pero yo lo tenía autorizado. Después, cuando pasó todo, sí, recortaron un montón de cosas, de beneficios, de servicios. La verdad que fue feo lo que pasó porque nada fue real. Yo quería defenderme y el canal me decía: “Bajá, pará, porque va a ser peor”.
-¿Tuviste miedo?
-Sí, obvio que tuve miedo por mí, por mis hijos. Tuve charlas con mis hijos que me decían: “Mamá, ¿por qué te metiste ahí?”. Yo fui a buscar una nota y me encontré con una víctima de violencia de género. Cuando me encontré con la víctima de violencia de género, hice lo que tenía que hacer: esperé que denuncie y después conté lo que sabía. Es más, yo fui la que le recomendé a Mariana Gallego, que fue su abogada.
-¿Ella se comunicó con vos después?
-No, no hablé más y no quise saber más nada tampoco. Yo me encontré con una persona rota emocionalmente. Creo que es una persona que sufrió una situación de violencia de género que lo tendrá que probar la Justicia. Daremos la noticia cuando finalmente se resuelva la causa.
-Pediste un 2025 distinto y así fue. ¿Qué pasó en ese Año Nuevo?
-Brindé por un renacer, por volver a pararme emocionalmente, porque fue muy duro también separarme y todo lo que vino después. Yo estaba muy feliz con la familia ensamblada, pero mi corazón no estaba feliz. Realmente hacía mucho tiempo que no estaba plena ni completa en el amor. Entonces brindé por volver a pararme emocionalmente en la vida, por volver a creer en el amor. Y volví a creer en el amor. Pero, más allá de eso, también me propuse trabajar para mí. Así que brindé por ser feliz todos los días, brindé por un camino de más tiempo con mis hijos y es lo que estoy haciendo.
-¿Fue difícil adaptarse a esta nueva rutina después de 25 años?
-Sí, todos los días a las 11 yo decía: “A esta hora debería estar saliendo para el canal”. El cuerpo me hacía darme cuenta que a esa hora tenía que ir para el canal (risas). Y la verdad es que fue raro, pero lo disfruté. Yo salí del canal tan convencida el último día, tan plena, tan feliz, tan libre, que me saqué el traje y dije: “Decisión tomada, camino correcto. Allá vamos”. No dudé, nunca miré para atrás. Es raro que yo mire para atrás. Todos los días de mi vida agradezco la decisión que tomé porque fue en el momento justo. Tenía que irme como me fui: llorando de emoción y abrazando a mis compañeros. Tenía que irme con ese homenaje que me hicieron al aire. Fue hermosa la salida.
-¿Y hoy como son tus días?
-Me dedico mucho a mis hijos. Llevo a mis hijos al colegio todas las mañanas. La espero a Juana cuando baja del micro, le abro la puerta y le hago la merienda. Disfruto de mis tiempos. Hoy manejo mis tiempos y voy al gimnasio a la 1 de la tarde, por ejemplo. Hoy vivo mucho más despacio, más consciente, dándome cuenta que estoy aquí y ahora en un presente muy lindo. Tengo tiempo, tengo prestigio, tengo años de trabajo, tengo carrera desarrollada, tengo los mandatos todos cumplidos. Estoy para disfrutar de lo que me presenta la vida, pero ya sin zanahorias por delante, sino viviendo en el hoy. De los 20 a los 30, quería ser madre, encontrar un amor y casarme de blanco en la iglesia porque mi papá quería que yo me case de blanco. De los 30 a los 40, había que meter la familia, el crecimiento profesional y desarrollarme como mujer sin depender de nadie. Tener una carrera y ser exitosa. De los 40 a los 50, ya te consolidás. Ahí yo ensamblé, le di una segunda vuelta. A los 50, dije: “Soy yo y se terminó”.
-También hiciste un gran cambio estético. ¿Cuándo se dio?
-Cuando no me gustó lo que vi en el espejo. Me vi con un exceso de peso para mi altura. No podía correr ni media cuadra. Empecé a sentir que estaba descuidándome. Después del nacimiento de Juana, yo la tuve a los 41, empecé a sentir que tenía que hacer algo por mi cuerpo. Fui a un nutricionista y le dije: “Quiero volver a sentirme sexy y que me guste lo que veo en el espejo”. Fue un cambio emocional, espiritual, un cambio de vida. Fue decir: “Quiero tener fuerza en los brazos. No quiero sentir que no tengo fuerza para levantar a mi hija”. No fue un cambio abrupto.
-¿Qué pasa hoy cuando te ves frente al espejo?
-Me gusta lo que veo. Me siento sexy. Me siento bien con mi cuerpo, sabiendo que tengo 50 años y que tengo tres hijos que pasaron por él. Trabajo para eso. Me pongo cremas, voy al gimnasio; además de que siempre tuve buena genética. Patiné toda mi vida, hice deporte siempre, entonces la verdad es que no me cuesta. Yo estoy una hora y media, dos horas en el gimnasio y disfruto.
-En este gran momento apareció Pablito, tu nueva pareja, alguien a quien ya conocías desde hace un tiempo...
-Una amiga en común nos había presentado. Yo decía: “Wow, qué facha que tiene, qué guapo ese hombre, qué estilo”, pero él no me daba mucha bola. No le gusté (risas). Él es una persona muy recta, estaba en pareja, yo estaba en pareja. Es un tipo que va por la vida de manera muy lineal y sabe lo que está bien y lo que está mal, entonces no me dio bola. Después pasó el tiempo, tuvimos algunos encuentros casuales de trabajo, pero yo le iba a hablar y mucho no me respondía. Hasta que ambos nos separamos y pactamos un encuentro. Fuimos a almorzar y me llevó a casa. Otro día me llevó a cenar y después a casa y así me tuvo un tiempo de amigos y conociéndonos. El tiene nueve años más que yo, entonces el riesgo a esta edad siempre es otro. Él, desde el primer momento me dijo: “Para mí no es fácil estar con una mujer como vos y cuando decidamos estar juntos, vamos a estar juntos, vos y yo. Y yo quiero que te rindas en mi pecho. Cuando yo sienta ese momento, ahí vamos a estar juntos. Para mí vos no sos una persona más y no quiero una relación más con vos. Prefiero no tenerla”. Y así transcurrió un tiempo de amistad en donde ni un beso me daba. Hasta que después las cosas se fueron dando y nos fuimos como enganchando desde otro lugar, porque hoy las relaciones son distintas. Yo estaba escribiendo una historia sin darme cuenta que la estaba escribiendo. Yo no me di cuenta que lo estaba buscando y él no se daba cuenta que me estaba buscando.
-¿Te gusta estar de novia a los 50?
-A mí me parece rarísimo. No sé cómo decirle: novio, pareja (risas). Pero, ¿por qué no reivindicar el término noviazgo a los 50? Es mi novio y me encanta decirlo. Está buenísimo el noviazgo. De lunes a jueves está cada uno en su casa y los viernes arranca el noviazgo y ahí compartimos. El vive en Pilar y yo en Belgrano. Yo tengo nenes que están escolarizados, él ya no. El juega al tenis y tiene una vida más tranquila. Si tiene que dormir la siesta, duerme la siesta. Yo todavía voy mucho más rápido, a otra velocidad. Yo estoy construyendo. El, que es un tipo muy inteligente, también hizo un quiebre a los 48. Se paró en la vida desde otro lugar y dijo: “Yo voy a transitar el camino de la felicidad y para mí la felicidad es trabajar menos y disfrutar más”.
-¿A qué se dedica?
-Tiene una empresa de turismo, pero montó una estructura que funciona sin él. Tiene que viajar bastante, así que viajamos juntos, como yo ahora soy libre (risas). Disfrutamos mucho. También me da miedo porque a esta edad estar de novia y apostar de nuevo al amor y encarar una nueva relación da miedo. Pero asumo ese riesgo porque no me voy a perder esta historia de amor. Es una historia de película. Pablo tiene una vida de película y me invitó a ser parte de su peli y ahí estoy, disfrutándola.
