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Entrevistas

Eugenia Tobal: "Hay amores que matan, que son tóxicos, enfermos"

Pablo Mascareño
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16 de marzo de 2019  • 00:32

A la charla con LA NACION llega escoltada por Romeo, el perrito que la acompaña a todos lados y que es mucho más que una mascota: es el responsable de haber conocido a Francisco García Ibar, su novio de 38 años responsable de La Manada, un refugio canino ubicado en pleno campo. Eugenia Tobal tiene mucho de esa atmósfera agreste, alejada de las artificialidades del show business. Vive en zona norte, rodeada de verde, y, a pesar de ser una figura que transita desde sus veinte años los estudios de televisión, disfruta de una vida resguardada fruto de su estricto bajo perfil. No siempre fue así. Aún a pesar suyo. Ese resguardo no le impide ser saludada ni reconocida por el público, pero evita aglomeraciones y todo aquello que la aleje de su eje.

Es de las actrices que eligen qué hacer y cuándo hacerlo. Se toma su tiempo para decidir y no acepta aquello que le pueda implicar algún sinsabor. Hoy, es una de las figuras de Campanas en la noche, la tira que Telefe estrenó en enero. En la presentación que hace de Griselda Ramos, su personaje, Tobal desliza cualidades como la lealtad, el gran poder de amar y la firmeza de las convicciones y no se priva de plantarla en un universo de soledad, de darle pertenencia dentro del colectivo de los que no tienen a nadie más que a ellos mismos. ¿Ficción o realidad? ¿Cuánto hay de esa descripción en la mujer real de carne y hueso? "Cuando se compone, indefectiblemente hay algo de uno ahí. Este personaje es uno de los más lindos que interpreté y aún le falta dar varios giros. Tiene muchas aristas, lo disfruto", explica la actriz en una de las oficinas del canal antes de partir rumbo a México, donde disfruta de unos días de descanso junto a su novio.

-¿Qué te vincula y qué te aleja de tu personaje?

-Soy leal, tengo capacidad de amar, pero no estoy sola como ella.

-Griselda es una mujer desvalida.

-La familia sustituta que encontró ha sido su sostén, pero tiene su locurita con respecto a eso. Hay amores que matan, que son tóxicos, enfermos.

Eugenia Tobal, en Campanas en la noche. Fuente: Telefe

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-En ese aspecto, ¿qué territorios exploraste para componer? ¿Buceaste en tu vida?

-Uno siempre busca en el archivo. Cuando más grande me voy poniendo, mejor actriz me siento, justamente por la capacidad de ir hacia ese disco rígido de la vida y tener la experiencia de decir: "Esto se siente de esta forma, lo conozco". El gran libro de aprendizaje de la actuación es la vida, por eso me sumerjo en sentimientos reales.

La actriz comenzó a estudiar actuación a los quince años en la escuela de Carlos Moreno. A los veinte, se enfrentó a una cámara profesional. Y en aquel episodio fundacional rubricó su vocación profunda por la interpretación, por hacerse carne de las historias de personajes que llegan a ella para poseerla, encriptarse dentro suyo para anclarse en el televidente desde un lugar de mayor verdad. A pesar de lo complejo, en ese proceso, no hay patologías. Se puede diferenciar, claramente, entre el yo real y el compuesto. Ella puede. "Aunque busco, como dije, en mi archivo, no me propongo ingresar en el recuerdo de un dolor, es un proceso natural. Al componer, no apelo a algo que me haya sucedido a mí".

-¿No indagas en la memoria emotiva como método?

-No. Uno puede actuar con verdad solamente entendiendo lo que está diciendo. Me da pudor dar clases, pero me gustaría transmitir mi experiencia. Si uno está sumergido en el texto, y hay compromiso, sucede algo. Al personaje le pongo todo, no escatimo. Lo hago como si fuese el protagónico.

-Es muy sincero de tu parte reconocer el estatus de tu personaje dentro del relato.

-Me encantará que me vuelva a suceder, pero éste personaje es protagónico para mí. El peso lo pone uno, sino te quedás en la mitad. No hay personajes chicos, hay actores chicos.

La tira fue grabada en su totalidad antes de salir al aire, lo cual impide que se pueda apelar a cambios de rumbo a partir de la devolución de las audiencias. "Así se trabaja de otra manera, con más prolijidad, con respeto al público. Me ha pasado que algún personaje que me tocó interpretar de vuelcos insólitos. Acá eso no sucede", reconoce la actriz que ha transitado buena parte de su carrera repartida en un mundo binario: "Trabajé mucho en Pol-Ka, donde he crecido y hoy, volver a Telefe, después de once años desde que hice mi primer protagónico, es muy lindo. Telefe tiene esa cosa de canal bien grande, pero a la vez familiar. Fue un reencuentro con mucha gente querida".

En armonía

"Alguna vez me fui de un trabajo porque no la estaba pasando bien, pero fue una decisión personal, muy mía"
"Alguna vez me fui de un trabajo porque no la estaba pasando bien, pero fue una decisión personal, muy mía" Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

"Tuve mucha suerte, no he tenido problemas de convivencia laboral. Además, llego, trabajo y me voy a mi casa. No estoy mucho en el trasfondo de lo que sucede, ni en chusmeríos. No me importa eso. Alguna vez me fui de un trabajo porque no la estaba pasando bien, pero fue una decisión personal, muy mía".

La actriz se refiere a su renuncia a Se dice amor, tira en la que compartía el protagónico con Juan Darthés y Millie Stegmann. "Tuvo que ver con los libros, con cosas que se habían pautado y no se estaban cumpliendo. Había empezado a pasarla mal, luego se habló y se aclaró. Fue muy dura la decisión, pero soy muy drástica. Además se estaba poniendo en juego mi salud: llegaba a mi casa y lloraba. Seguramente, influyó que era muy chica. Había peleas entre productores y la dirección del canal, así que patee el tablero y dije: "Que Dios me ayude". Siempre trato de pasarla bien. Me llevo bien con mis compañeros, aunque no tengo muchos amigos en el medio y soy muy afectiva con el detrás de escena. Se merecen el mayor de los respetos. Los técnicos llegan a las seis de la mañana y se van cuando tiran el último cable a las ocho de la noche, cobran menos de la mitad de lo que nosotros cobramos, así que les guardo mucho respeto".

-¿Cómo ha sido tu experiencia compartiendo el trabajo con Juan Darthés?

-Con él no he tenido mayores inconvenientes, la verdad que no. Esto no quiere decir que todo lo otro no haya sucedido. No lo sé y tampoco opino. Son temas muy sensibles donde cualquier palabra que uno pone de más puede herir susceptibilidades o generar un conflicto que no me interesa generar.

-¿Esta posición hace que no integres el colectivo de actrices?

-Respeto todas las opiniones y las voces que se alcen. Yo tengo otras luchas donde pongo mi voz y mi energía.

Tengo mis opiniones y me las guardo para conversarlas puertas adentro. Lo mismo me sucede con la política. Trato de no hablar de lo que no sé y de la gente que no conozco

-En general, no sos de mostrarte mucho o de exponer tus ideas.

-No soy partidaria de salir a manifestarme públicamente sobre cuestiones que no tienen que ver con mi trabajo. Tengo mis opiniones y me las guardo para conversarlas de la puerta para adentro. Lo mismo me sucede con la política. Trato de no hablar de lo que no sé y de la gente que no conozco, por eso no opino.

-Vas a contrapelo de ciertas tendencias, la televisión está sembrada de personajes que hablan de todo y de todos.

-Tengo 43 años y me han pasado muchas cosas en lo personal. Lo que fue conocido y lo que no. No tengo ganas de referirme a cosas feas, no tiene que ver conmigo. No soy opinóloga y no me interesa hablar de todo el mundo. La vida pasa por otro lado. Mi obligación es transmitir eso por ocupar un lugar público. No voy a hablar de algo que no transmita amorosidad. Pregono el amor. Necesitamos parar la agresión.

-¿Cómo ves que se maneja la sociedad con respecto a estas cuestiones?

-Está irascible, hay muchas grietas. Veo demasiada agresión y falta de tolerancia.

Dar de nuevo

"Pregono el amor, necesitamos parar la agresión"
"Pregono el amor, necesitamos parar la agresión" Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

-Ese anclaje en el bajo perfil y en el no opinar sobre los demás, ¿es una actitud que nació en vos luego de haberte visto tan expuesta cuando te separaste de Nicolás Cabré ?

-Siempre fui de estar vinculada con lo positivo. En mi casa, desde chica, me inculcaron estar conectada con lo solidario, con la ayuda al otro.

-¿Cómo transitaste aquellos tiempos de tanta exposición?

-Sucedió a pesar mío, no lo busqué ni lo esperaba, lo banqué como pude. Tuve una vida antes y tengo una vida después de eso.

-¿Te incomoda que, recurrentemente, se te consulte por esa etapa de tu vida?

-Parece que fuese lo único que me sucedió en la vida. Después de eso tuve otros novios, pasaron otras cosas. Hoy ya es vintage, pero fue un gran aprendizaje. Así lo vivo. No es eso la vida. Mi mamá hoy está peleando un cáncer, entonces qué me importan las otras cosas. Lo único que importa es entender que la vida se puede apagar en un segundo.

-Luego de aquel momento tan crítico, te recluiste y si bien es un concepto algo trillado, se puede decir que, a la luz del paso del tiempo, la resiliencia te ha atravesado.

-Antes que se ponga de moda la resiliencia, ya tenía tatuado esto...

La actriz levanta su pierna, la acomoda sobre la mesa y exhibe orgullosa la palabra tatuada en su tobillo: a lquimia. "Es la transformación. Todos podemos".

-¿Todos podemos?

-Sí, se trata de tener la voluntad y la inteligencia de entender que eso tiene que ver con el aprendizaje y con la misión. Todos tenemos una misión. Para mí, el tema social es muy importante, tiene que ver con el ayudar.

-¿Cómo lo canalizás?

-Hace más de quince años que soy madrina de la fundación Por los chicos y, como soy muy amiga de Lucía y Joaquín Galán, me involucré mucho con el Hogar Pimpinela. Siempre hice trabajos vinculados con la niñez, la desnutrición. Es prioritario para mí. Y también trabajo en defensa de los animales. Para mí es natural, todos deberíamos tener esa conciencia. Debería ser normal que uno se preocupe para que no haya niños maltratados o perros en las calles. Somos seres humanos y tendríamos que tener eso como prioridad. Hay gente que ni se lo plantea, yo pongo la voz ahí. Con estos temas hago causa común, invierto mi tiempo. La gratificación es personal, casi un acto egoísta.

Todos tenemos una misión. Para mí, el tema social es muy importante, tiene que ver con el ayudar

-En las redes sociales, te preocupás por irradiar frases esperanzadoras...

-Uno no tiene idea en qué momento la gente lo puede leer y qué le puede estar sucediendo cuando lo lee, quizás es una ayuda. Parece una utopía, pero es una manera de hacer algo por los demás. Si el otro me observa como soy, puede copiar eso. Es lo que quiero dar.

La actriz trabaja permanentemente para que su aquí y ahora no la encuentre mareada: "Cómo no te vas a sentir un Dios si estás arriba de un escenario o adentro de una tele", reconoce mientras asegura que volverá a intentar la autogestión para llevar adelante una nueva serie documental vinculada a las cuestiones altruistas y de crecimiento humano.

-Hace años, atravesaste el duro trance de la pérdida de un embarazo. ¿Ese suceso te hizo replantear el deseo de ser madre?

-No... para nada.

-¿Figura en tus planes y en los de tu pareja, una posible maternidad?

-Es un deseo. Las mujeres tenemos diferentes tiempos, hay que estar intentando.

A la hora de referirse a Francisco García Ibar, su novio, no duda en remarcar algunos valores esenciales que son con los que construyó y confirma su relación: "Es un ser elevado. Las personas que tienen vínculo con los animales y la naturaleza tienen otra visión de la vida".

-¿Intentarás nuevamente la experiencia del casamiento?

-No, por ahora no. Ya lo probé.

Tobal y su novio en un evento en agosto pasado
Tobal y su novio en un evento en agosto pasado Crédito: Gerardo Viercovich

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