La pareja más sexy del momento abrió las puertas de su casa para ¡Hola! Argentina
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Frente a la casa de Ezequiel "Pocho" Lavezzi (29) cinco chicos de entre 7 y 12 años esperan impacientes la salida de su ídolo. En una mano llevan el teléfono celular listo para la foto y en la otra, la remera celeste y blanca para el autógrafo del 22. Desde que supieron que en este country de Pilar vive el delantero de la selección argentina, los vecinos se acercan a dejarle cartas de gratitud y admiración. A unos diez días de la gran final, el "Pocho furor" sigue intacto. "Eso es lo que tiene el fútbol: une a la gente. Siempre va a ser popular. No importa cómo ni dónde vivas, cuando llega el momento de prender el televisor y ver un partido, todos estamos en la misma sopa", dice Ezequiel mientras espera la llegada de su hijo Tomás (8), fruto de una relación de la que prefiere no hablar. Muy cerca, Yanina Screpante (30), su novia desde hace cuatro años, le alcanza el mate que compartirán durante la entrevista.
–¿Te sentís un héroe?
–No, para nada. Si bien no pudimos llevarnos la frutilla del postre, logramos algo muy importante. Pero de ahí a ser héroes hay una gran distancia. Héroes son los que dan la vida por otros, los que arriesgan sin pedir nada a cambio. Estoy orgulloso del trabajo que hicimos, pero también sé que si hubiésemos ganado, esa alegría hubiera sido eterna para todos los argentinos. Hubiéramos cambiado la historia… Igualmente, soy un tipo feliz. Después de muchos años de ponerle garra a lo que tanto me gusta, cumplí el sueño de jugar una final del Mundo.
–¿Cómo viviste los días mundialistas?
–Nadie me cree, pero dormí muy tranquilo. Soy bastante relajado en ese sentido, no sufro de insomnio. Más que nervios, tenía ansiedad y ganas de jugar un partido de semejante magnitud. Con los chicos armamos un grupo de WhatsApp para que cada uno expresara qué sentía en ese momento y cómo había vivido en este tiempo. Sabíamos que iba a ser un partido difícil.
–Una vez dijiste que sos un luchador...
–Tiene que ver con el lugar humilde donde nací. Siempre pienso que la vida que tuve fue la que me enseñó a tener valores y a pararme de otra manera frente a situaciones complicadas. Yo estoy más que orgulloso del lugar donde nací porque me convirtió en quien soy.
VOLVER A EMPEZAR

Antes, mucho antes de consagrarse en San Lorenzo y de que el Nápoli comprara su pase por seis millones de euros, Lavezzi pateaba la pelota en su casa –sencilla, precaria– de Villa Gobernador Gálvez, Santa Fe. Mientras su madre Doris se ganaba la vida como mucama y su hermano mayor Diego colaboraba con el presupuesto familiar como electricista, Ezequiel empezaba a jugar en el Club Coronel Aguirre, a pocas cuadras de donde vivía. A pesar de que tenía condiciones, un plan trunco de jugar en Italia y una experiencia fallida en Boca Juniors lo desanimaron enseguida. Colgó los botines, dejó el colegio y se fue a instalar enchufes y a conectar cables con Diego. Sin embargo, fue su propio hermano quien después de una larga charla lo convenció para que hiciera el último intento en las inferiores de Estudiantes de Buenos Aires. Quedó seleccionado y a los 17 años debutó en la Primera B Metropolitana.
–Si tu hermano no te hubiera insistido, tal vez hoy tu vida sería otra...
–Pero no fue así. A veces pienso: "¡Qué loco, hasta dónde llegué!", porque la verdad es que nunca me imaginé esta vida. Hoy estoy económicamente bien, recorrí (y recorro) el mundo, aprendí tres idiomas nuevos (francés, italiano e inglés) y descubrí otras culturas. Uno siempre tiene que rescatar el poder crecer. Y si no crecés y mirás hacia afuera, de nada te sirve la plata.
–¿Cuál fue el regalo más significativo que te hiciste con el primer sueldo?
–Una cosa que me marcó mucho fue cuando cumplí 18 años y mi representante me compró un par de zapatillas que me tenían loco. Después, con la primera plata del fútbol me hice la casa en Rosario. En ese momento me di cuenta de que realmente podía vivir de esto y hacer del fútbol una profesión. Con el pase a San Lorenzo le pedí a mamá que dejara de limpiar casas.
–Me imagino la emoción de tu madre…
–Sí, después me enteré que siguió trabajando igual, a pesar de que yo podía mantenerla. En su momento me enojé mucho, no podía entender que ella quisiera seguir limpiando casas. Yo le decía: "Ahora tenés todo el tiempo del mundo para hacer lo que quieras". Creo que no entendió que a mí también me exponía tomando esa decisión.
DE NAPOLES A PARIS

La vida de Ezequiel cambió en poco tiempo. Además de futbolista, se animó a posar como modelo y a probar suerte como empresario (en 2010 inauguró un emprendimiento de moda online: The net boutique). Hoy vive a veinte minutos de París con su novia, Yanina Screpante (30), en un espectacular departamento en la localidad de Neuilly-sur-Seine. Se conocieron hace poco más de cuatro años por unos amigos en común. Después de mucho cortejo, ella aceptó una primera cita y a los tres meses se quedó a vivir con él en Nápoles. "Me costó conquistarla. Yo estaba muy enganchado y por eso le di para adelante. Cuando quiero estar con alguien busco la manera de lograrlo. Igual, reconozco que Nápoles tuvo mucho que ver en todo esto. El escenario ayudó mucho", cuenta con una sonrisa.
Yanina: Es que yo no quería saber nada con un futbolista y si podía evitarlo, mejor. Después lo fui conociendo y me enamoré perdidamente.
–¿Qué es lo que te gusta de él?
Yanina: Me da orgullo cómo se planta ante la vida. Es caritativo, bondadoso con los que quiere y también con los que apenas conoce. Me encanta que siempre sea tan desestructurado. Pocho es muy divertido, así como se lo ve en la televisión. Me divierte y creo que el humor es la clave de nuestra relación. Desde el primer día aprendimos a reírnos de nosotros mismos, sin importarnos el qué dirán.
Ezequiel: Me gusta hacer reír a los demás, es parte de mi personalidad. Es una manera de encontrarle un disfrute a un deporte de mucha presión. A algunos puede caerles bien y a otros no, pero soy así. Más de una vez despeiné al presidente de la Liga de Francia y lo mismo hice cuando vino a jugar con nosotros David Beckham. Ese jopo tan prolijo daba ganas de destriparlo. [Risas]. Para compensarlo, organicé una salida con todo el equipo, fuimos a comer a Volver, un restaurante de comida argentina en París.
–A los tres meses de conocerse apostaron a la convivencia…
Ezequiel: Sí, fue una decisión muy jugada, sobre todo para Yanina, que era quien tenía que dejar su vida para acompañarme.
Yanina: El me dijo que viniera, que me extrañaba, y la única manera de conocernos era estando juntos. De alguna manera fue una apuesta al amor, quise animarme a ver si esto resultaba y, por suerte, así fue.
–¿Qué cosas son las más difíciles de la convivencia?
Yanina: El está todo el día con el teléfono, es como estar almorzando con la pared. [Risas].
Ezequiel: … Y vos sos un poco despelotada. El tema es que yo soy muy organizado, así que imaginate… Cada vez que salimos, se cambia veinte veces de vestido y después, cuando volvemos, la cama está llena de ropa.
–¿Se hacen regalos?
Yanina: Yo lo mimo mucho. Cada vez que salgo le traigo un regalito. El, ya no tanto. Al principio me mandaba flores de Italia, me regaló a Camilo, mi perro labrador, pero ahora que me conquistó, medio que se relajó. [Risas].
Ezequiel: Tenés razón, reconozco que antes lo hacía más seguido. Pero seguimos juntos porque nos queremos. Siempre le buscamos la vuelta para mantener viva nuestra relación. Los dos somos muy apasionados: amamos y discutimos con la misma intensidad.
–¿Fue difícil la abstinencia durante los treinta y tres días del Mundial?
Ezequiel: Al final se te hace duro, pero la realidad es que tenemos la cabeza puesta en el Mundial. Estás en otra sintonía… Igual, yo soy un chico muy disciplinado. [Risas].
Yanina: Y tampoco es para tanto… El estaba en otra cosa y no tenía tiempo para pensar en eso.
–Ezequiel, ¿es cierto que leíste la novela Las cincuenta sombras de Grey?
Ezequiel: Sí, justo estaba en un aeropuerto viendo un par de revistas y encontré el libro.
Yanina: Lo compró sin saber de qué trataba. Pero estuvo bueno, creo que lo hizo entender un poco más la mente femenina. [Risas].
Ezequiel: Cuando me puse a leerlo dije: "¡Mirá qué buen libro!". Se lo recomendé a los chicos y me dijeron que todas las mujeres del planeta lo habían leído.
–¿Son celosos?
Yanina: No. Me parece divertido siempre y cuando me respeten, porque te aseguro que cualquiera que se zarpe se las va a tener que ver conmigo. No tengo ningún problema en marcar territorio. [Risas].
Ezequiel: Los dos somos bastante relajados en cuanto a los celos. También pienso que si tiene que pasar algo, va a pasar, y no porque yo le esté encima lo voy a evitar. Obvio que si veo cosas raras se las planteo, pero por lo general trato de no molestar porque tampoco me gusta que me lo hagan a mí. En ese sentido nos respetamos mucho.
–¿Hay planes de casamiento?
Yanina: Preguntale a él. [Risas]. Ya sabe que yo soy más conservadora y que me gustaría un compromiso antes de tener un hijo.
Ezequiel: A mí me parece mucho más importante el tema de tener una familia que el hecho de casarse. Tampoco digo que no; es una posibilidad. Yo quiero tener otro hijo y seguir disfrutando de la paternidad, pero entiendo el deseo de Yani.
–¿Entonces?
Ezequiel: Seguimos negociando...
Texto: Jacqueline Isola
Fotos: María Teresa de Jesús Alvarez
Producción: Georgina Colzani
Maquillaje: Carolina Fernández, www.carofernandez.com.ar
Peinado: Elvio Casciano, para Elite Estudio
Agradecimientos: Claude Benard, El Camarín, Santino Joyeros, Etiqueta Negra, Evangelina Bomparola
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