Germán Tripel: su nuevo show de Queen, su opinión sobre el regreso de Bandana y por qué no es “el momento” para la vuelta de Mambrú
El cantante y actor habló con LA NACION de la influencia de Freddie Mercury, contó cómo superó las frustraciones en su carrera artística y puso en tela de juicio el accionar de las integrantes de Bandana
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“Es como un soundtrack de la vida”, dice Germán “Tripa” Tripel a la hora de definir la música de Queen, la gran protagonista del espectáculo que el actor y cantante presentará junto a los hermanos Federico y Nicolás Di Lorenzo bajo la dirección artística de Manuel Attwell, el 30 y 31 de enero y el 6, 7 y 8 de febrero en Espacio Origami.
Killer Queen, el nuevo show de Ópera Prima Rock, combina los grandes éxitos de la banda británica liderada por Freddie Mercury con una importante puesta que incluye a 15 artistas en escena entre músicos, cantantes y bailarines, invitados especiales (como Francisco Posse, nieto de Jairo, la cantante de ópera Mónica Ferracani y la cantante pop Kala Bidner), vestuario de inspiración barroca, visuales de impacto y la particularidad de hacer en vivo los arreglos originales de Queen. Además, habrá una experiencia inmersiva previa, donde Tripel cantará junto al pianista y coleccionista Iván Petracchi y juntos harán un recorrido por historias y memorabilia original de la banda.

“Está hecho con mucho respeto y calidad, no lo tomamos a la liviana, no es que armamos un show de Queen y hacemos ‘Don’t Stop Me Now’ para que la gente salte. No, están los arreglos todo el tiempo porque hay siete cantantes todo el tiempo”, destaca Tripel en diálogo con LA NACION, en una charla en la que repasarás las consecuencias de la fama repentina que conoció con el fenómeno Mambrú; la posibilidad de un regreso del quinteto surgido del reality Popstars y las alertas rojas que, para ellos, se encendieron tras la reunión de Bandana; su camino en el teatro musical, el ego y las frustraciones artísticas y la familia que formó con la actriz Florencia Otero.
-¿De qué manera sentís la influencia de Freddie Mercury y de Queen en tu carrera artística?
-Freddie fue un actor toda la vida, desde tener que actuar su sexualidad hasta poder expresarla en vivo y poder ser estandarte de una enfermedad que nos marcó mucho en una época. Creo que nos marcó a todos, yo lloré el día que falleció Freddie Mercury y no era tan fanático de Queen. La veía a mi vieja llorar y pensaba: “se terminó una etapa”. Queen marcó un antes y un después en la mentalidad de un montón de gente, en los músicos.
-Después de Mambrú lograste construir una sólida carrera: hiciste televisión, te posicionaste como un referente del teatro musical. ¿Qué tan difícil fue ese camino?
-Yo siempre digo que maduré a los ponchazos y lo mismo me pasó con lo de Mambrú. Yo quise estar, pero que después fue un limbo que nadie te enseña a vivir; no te dicen “tené cuidado”. Acá nadie tenía noción previa, ninguno era seguidor de Bandana y no escuchábamos las radios donde sonaban, o sea, te diría que los cinco no teníamos ni idea de dónde nos metíamos. Pasó y fue hermoso, siempre digo que fue un gran viaje de egresados, pero después nos encontramos con la realidad, con cómo es el medio, con la sangre que el medio quiere, que necesita mártires todo el tiempo. Después de esa experiencia me encontré con el musical, me enamoré de Flor y empecé a encontrar mi rumbo. Al día de hoy agradezco no solo haberme cruzado con ella sino también haber tomado la decisión de hacer lo que yo quería porque muchas veces uno hace lo que cree que el resto quiere.
-¿Qué pasó con ese sueño en el que vos te visualizabas como cantante?
-Me di cuenta de que no era mi sueño, era un sueño impuesto. Es lo que te dicen después de estar en una banda: “Ahora tenés que ser solista”. Y claro, yo quería ser solista pero no quería hacer la música de Mambrú, que era lo que me decía la discográfica o tal manager. ¡Era un embole! Después empecé a hacer otras cosas y hoy en día mi sueño es que mi hija esté feliz y que mi mujer esté bien. Si me sale grabar un disco o ser protagonista de tal cosa, bienvenido sea, pero no estoy buscando llamar la atención ni ser el número uno de nada. Mi expectativa está más puesta en vivir que en demostrar.
-¿En algún momento sentiste que no tenías el reconocimiento que te merecías?
-Sí, hasta el día de hoy. Soy de Capricornio y hay veces que me levanto malhumorado pensando: “¿Por qué no estoy cantando al lado de Bono?”. Y después digo: “Qué estúpido, porque la situación que me tocó es otra”. El reconocimiento es subjetivo, yo ahora quiero que me reconozcan mi mujer y mi hija. El otro día una chica me dijo: “¿Vos sos el de los Backstreet Boys?”. Le contesté: “Si fuera no estaría acá”.
-¿Cómo aprendiste a sobrellevar las frustraciones artísticas y ese enojo que tuviste mucho tiempo con Mambrú?
-Me ayudó un montón la prensa, siempre me dio lugar y me acobijó para que cuente mi verdad sin volverse amarillista. Siempre pude contar la realidad que viví a pesar de que le ha molestado a un montón de gente y a pesar de que me he ido de boca muchas veces. Seguramente, si se lo contaba a un psicólogo o a un terapeuta me hubiera hecho mejor, pero yo siento que curé algo dentro del medio que me dio vida.
-¿Y las críticas? Porque a Mambrú le pegaban mucho...
-Y gente que uno admira, ¿viste? Porque nosotros éramos, somos, músicos, cantantes, que nos gusta la música, nos gusta Charly, nos gusta Kapanga, nos gustan un montón de artistas que en su momento nos criticaban y mucho. También hemos sido nosotros los detractores, me pasa hoy cuando escucho a los cantantes que usan autotune en vivo.
-¿En qué parte de la ecuación entra el ego?
-El ego está siempre y trato todo el tiempo de educarlo porque es tremendo. El otro día mi hija hablaba por teléfono con una amiguita que le preguntaba por qué no nos íbamos de vacaciones. Hay algo de mi ego que pensaba: “Podemos irnos si queremos, pero no podemos en este momento por trabajo”. Hay que aplacar un poco la cabeza, bajarlo al ego; solo tiene que estar arriba del escenario, ahí tenemos que ser los mejores sin faltar el respeto, obviamente. Tuve momentos en los que mi ego me superó y fui un pelotudo grande como una casa.
-¿Por ejemplo?
-Con Mambrú yo creía que tenían que pasar a buscarme por todos lados con una camioneta. ¡Pará! ¿Qué te pasa? O cuando vas a un lugar y no está todo como uno quiere, tenés que aprender a decirlo: “Che, no está como yo quiero, siento que tengo un nivel que hay que cuidar”, y muchas veces eso se malentiende. Hasta con mi mujer me pasa. De pronto la llaman para un proyecto fantástico y yo la re apoyo y después le reclamo que no está nunca.
-¿Es complicado el ego en una pareja de artistas?
-Por momentos chocan y por momentos, no. Flor sabe manejarlo un poco mejor. Yo, con 46 años, sintiéndome que estoy gordo, que tengo entradas y 10 años más que mi mujer, por momentos quiero volver para atrás. Pero la verdad es que lo llevamos muy bien.

-En este boom nostálgico en el que, a nivel local, volvieron Erreway y Bandana, ¿vuelve Mambrú?
-Nos lo plantearon y nos lo planteamos el año pasado. Veníamos muy bien y teníamos un cronograma listo para ver si podíamos armarlo para este año o el que viene y empezaron a pasar cosas que nos prendieron una lucecita con lo de Lourdes, con la reunión de Bandana, con cómo se bastardeó algo por vender entradas. Yo siento eso en lo personal. Quedó todo en un limbo y el volver con dos, con tres, con cuatro, con no sabemos qué pasa, nosotros [Mambrú] recibiendo alguna que otra crítica de atrás, sumado a que vuelve Popstars. Ahí dijimos: “Capaz no es el momento de volver”.
–Tampoco lo necesitan, ¿no?
–La realidad es que ninguno de los cinco necesitamos a Mambrú, no necesitamos la plata ni la prensa; estamos todos cómodos y felices en el lugar que cada uno logró. Así que frenamos y le dijimos al productor con el que estábamos trabajando que vamos a esperar un poco para ver qué pasa. Seguramente en algún momento cerraremos el ciclo, es más por nosotros, igual. Yo tuve la oportunidad de hablar un montón con la prensa pero hay otros que no y algunos están todavía en un proceso de cerrar un círculo, pero sí o sí tenemos que ser los cinco. Nos parece una buena despedida porque fueron tres años y medio nada más. En la calle me siguen diciendo Mambrú, imaginate que ya ni reacciono. ¡Tengo papada ya, chicos, ojalá estuviera en el mismo estado que en esa época!

-¿Formarías parte de Popstars si te llaman?
-Sí, si nos llaman para dar alguna charla o estar en el programa, que no creo que suceda, lo haría. No sería un jugador para el equipo, les diría a los participantes que lo piensen bien, que está bueno pero si son conscientes [de lo que puede pasar luego]. Primero y principal, les aconsejaría tener un sistema de apoyo importante porque a mí me sirvió muchísimo. En mi caso fueron mis viejos y mis amigos que me acompañan desde chico. Después, que piensen cada paso. Yo era inconsciente. Es muy divertido y hermoso pero entrás en una vorágine que es difícil de manejar y después te encontrás con una pared, te encontrás con el vacío y ese vacío te lleva a todas tus inseguridades, que no trabajaste en ese tiempo y son las que más te debilitan.

-Dijiste que se “bastardeó” lo de Bandana. ¿Sentís que su regreso quedó mezclado con la situación de Lourdes Fernández y los entredichos que ellas tuvieron con Lissa Vera?
-Hubo mucho lío en el medio mezclando cosas que para mí son muy sensibles, como la violencia de género. Entonces, quedó en una nebulosa de si pasó y lo usaron para, si pasó y... Mucha gente lo siente y lo piensa. Yo no lo podía entender, primero la agresión y la pelea porque sí, el no medir las consecuencias y el mostrar algo tan abiertamente. Y esto es lo que te decía de que el medio busca mártires. Si Lourdes no hubiera tenido alguien de contención como fue la mamá o como Lissa, creo que teníamos una mártir que podría haber terminado mal, y eso es lo que el medio muchas veces trata de buscar; sin criticar al medio. Es como “hablemos de esto”. Ahora tenemos que hablar de Luciano Castro y lo matamos, que está bien, él se brindó y no fue inteligente, pero más allá de eso son cosas muy sensibles: la violencia de género, el abuso. Hay gente que lo pasó realmente mal y que no tiene la libertad de poder contarlo. Hay gente que ya no está con nosotros por culpa de eso. Entonces, tomarlo muy a la liviana en un contexto en el que justo están haciendo el show, justo se van a juntar, justo pasa esto y toma repercusión. Hay que saber parar la pelota y frenar. Ojalá que les vaya bien, que tengan una buena vuelta y que lo disfruten, pero nosotros por el momento nos guardamos como los osos a hibernar.
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