El periodista y su mujer esperan su tercer hijo y están felices: "Teníamos ganas de ser padres otra vez"
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En la "Casa de los Suspiros" de Martínez –así fue bautizada desde que se construyó, hace diez años–, Carolina Prat (40) habla de su nuevo embarazo. Dice que está ansiosa por conocer a su hijo. Sabe, ya le anticipó su obstetra, que será varón. Y decidió bautizarlo Ramón, en honor a su suegro, el inolvidable Ramón Andino. Mientras habla, cada tanto, como en un acto reflejo, pone la mano sobre su panza de cinco meses.
Todo está en su lugar, las mesas de campo conviven en perfecta armonía con las lámparas rescatadas de algún viejo galpón. Sin embargo, Carolina insiste en pedir disculpas "por el desorden". Su gusto por la decoración, exquisito, fue moldeado durante su formación como artista plástica y a través de los cinco años que cursó como alumna de Arquitectura. Nunca se recibió. Sus hijas, Victoria (6) y Sofía (14) la acompañan en la entrevista. Su marido, el periodista Guillermo Andino (46), posa en las primeras tomas y se despide apurado: lo esperan en América para una nueva edición del noticiero.
Carolina dice que, por su edad, este embarazo requiere más atención. Y recuerda con infinito dolor que en 2005 perdió un bebé a los seis meses de gestación. "La verdad es que si bien estoy viviendo este momento con mucha felicidad, también tengo un poco de nervios, no me relajo del todo. Todo embarazo, a los 40, es ‘de riesgo’. Eso lo tengo muy presente. Para mí, fue muy duro lo que me tocó vivir en su momento… Tuve que hacer terapia un año entero antes de volver a pensar en ser madre de nuevo. Después llegó Vicu, una bendición, pero esa sensación todavía perdura. Igual, te confieso que nunca perdí la esperanza de tener otro hijo después de Victoria? Creo que de algún modo, inconscientemente, necesitaba completar esa familia con Ramón", cuenta.

–¿Le hablás a la panza?
–Sí, mi momento de conexión llega a la noche, cuando me tiro a la cama a ver tele con Guille. Ahí me relajo y pongo una mano en la panza. El otro día le hablé para mis adentros y le dije algo así como: "No sabés cuánto te amo ya, muero de ganas de conocerte y escuchar tu voz". ¡Y en dos segundos empezó a patear y a moverse de una manera tremenda! Se lo conté a Guillermo y se emocionó un montón, enseguida me empezó a dar besos en la panza. Es increíble cómo ya comenzamos a conectarnos con Ramón y cómo estamos esperando su llegada.
–¿El embarazo fue una sorpresa?
–Un poco sí y un poco no. Con Guille teníamos ganas de ser padres otra vez. Y ya desde noviembre del año pasado habíamos empezado a buscarlo en serio. Mi frase de cabecera es "Todo lo que tiene que ser en la vida es". Y como ya habían pasado seis meses y no había quedado embarazada, le dije: "Hagamos una cosa, relajemos. Si no quedo embarazada, es porque no tiene que ser". El incluso propuso hacer un tratamiento de fertilización, pero la realidad es que me parecía que no tenía por qué ser así. Uno hace todo lo posible para hacer realidad su sueño, pero hay un porcentaje que ya depende de otro, en mi caso, yo creo que es de Dios. Es muy importante mantener el deseo, pero en definitiva el que decide es Dios o ese otro alguien que determina si tiene que ser o no. En nuestro caso, justo cuando decidimos dejar de buscar, quedamos embarazados.
–¿Cómo fue el momento en que se enteraron?
–En julio yo tenía la cabeza en cualquier lugar, estaba muy metida con nuestra gata Calu, que estuvo muy enferma y después murió… Estaba en otra. Pero Guille, que es muy intuitivo, reaccionó a la primera señal: llegó un día del noticiero con el test en la mano. Me hice el examen y él me mostró el resultado, muy emocionado. Yo, que seguía sin caer con la noticia, le seguía preguntando: "¿Entonces estoy embarazada?".

–¿Cómo recibieron la noticia las chicas?
–A Sofi, que es la más grande, se lo contamos primero, y no lo podía creer. "Están flasheando", nos decía riéndose. Con la peque fue más complicado… Ya unos días antes de darle la noticia, me había dicho: "Mamá, no quiero que tengas más hijos. Quiero primos". Así que cuando le contamos, no teníamos idea de cómo iba a ser su reacción. Por suerte, sólo se quedó petrificada un minuto y después se puso feliz.
–¿Y finalmente llega el varón?
–¡Sí! Estábamos en el auto, yendo a grabar el programa que hacemos juntos, Andino y el país, cuando llamó el obstetra para revelarnos el sexo del bebé. Guillermo justo estaba manejando, así que de los nervios paramos el auto justo frente al Monumento de los Españoles y ahí nos dijo "es un varón". Los dos nos miramos y en esa mezcla de risa-llanto que tenemos siempre, nos abrazamos un ratito. Todavía no nos llegó la multa. [Risas].
–¿Ya armaste su cuarto?
–No, tiene su lugar, pero todavía no lo armé. La idea es terminarlo cuando volvamos de las vacaciones.
–¿Qué tal es Guillermo como padre?
–A pesar de la intensidad de su trabajo en el noticiero, está muy presente en la familia. El es un payaso, muy gracioso y tiene esa virtud de generar complicidad con las chicas a través del chiste. No tiene vergüenza ni ningún problema en sumarse al juego de ellas. Yo siempre le digo que él es un chico más en la casa y siento que es así? En el fondo, sigue siendo un nene.
–El año pasado renovaron sus votos matrimoniales después de quince años juntos.
–Yo sé que a muchos les resulta difícil creer en el amor a largo plazo, pero te aseguro que hoy los dos seguimos viviendo nuestro matrimonio como si fuéramos novios. Así nos sentimos, y creo que en parte es porque en nuestra relación todo se da naturalmente desde el día en que nos conocimos. A ninguno de nosotros nos costó dejar la soltería, ni nos dio trabajo sostener la relación. Obvio que tenemos nuestras discusiones, pero en el medio hay mucho amor y eso trasciende todo. A mí me siguen pasando cosas con Guille como si lo hubiese conocido ayer. Yo muero de amor por él y, por lo que escuché, él también. [Risas]. Nos vemos reflejados en la mirada y, cuando te pasa eso, sentís que la otra persona te completa. Somos nuestros complementos.
–¿Cómo es tu relación con tus hijas?
–Sofi está en plena adolescencia, así que es una etapa difícil para las dos. Pero es una chica que sabe escuchar y cuando le pasa algo no tiene ningún problema en venir a consultármelo… En ese sentido, es muy compañera y eso me encanta de nuestra relación. A Vicu siempre le digo que es como mi hadita madrina en la vida. Es muy dulce y divertida. En algunas cosas, me hace acordar a mí de chica.
–Ya llegan las fiestas de fin de año, ¿cómo viven esta época?
–El armado del arbolito de Navidad para nosotros es como una invitación a compartir un momento en familia. Todos, incluidos los grandes, de verdad lo disfrutamos mucho, cada uno piensa en serio en qué adorno va a colgar. Nuestro árbol es como una estampa llena de recuerdos, porque tiene adornos de Guille y míos de cuando éramos chicos. Incluso pusimos un Papá Noel que tiene más de veinte años en la familia. Y eso me encanta. Si bien el árbol es decorativo, tiene un sentido más profundo, es sentir que estamos festejando el nacimiento de Jesús. Yo suelo poner el "Ave María" de fondo, ver la emoción que le pone Guille buscando los adornitos que ponía cuando era chico, eso es lo que vale la pena.
Texto: Jacqueline Isola
Fotos: Tadeo Jones
Producción: Consuelo Sánchez
Maquillaje: Joaquina Espinola
Peinado: Cris Cagnina, para Cerini, con productos Redken
Agradecimientos: Clara, Vero Alfie, María Gorof, Jackie Smith, De María y Luna Garzón
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