Llegó a Buenos Aires en calidad de “acompañante” de su joven amor, la fotógrafa Irene Meritxell, veintiún años menor, que expuso su trabajo en el Centro Cultural Borges
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En cuanto pone un pie en la calle Florida, Imanol Arias (58) enciende un cigarrillo. Basta con que dé una pitada para que una mujer aparezca entre el gentío y le pida una foto. Inmediatamente, Irene Meritxell (37), pareja del actor español desde hace cinco años, retrata aquel encuentro casual. En pocos minutos, la escena se repite tres o cuatro veces. Es que para el público argentino Imanol será recordado eternamente como Ladislao Gutiérrez, el sacerdote de la película Camila.
Esta vez, el galán no viajó al país por compromisos laborales, sino que llegó en calidad de "acompañante" de su mujer: por primera vez, la bellísima Irene presenta su trabajo fotográfico en el Centro Cultural Borges. La muestra es el resultado del trabajo de la artista en Anantapur, India, donde estuvo instalada durante el rodaje del film Vicente Ferrer. "Yo hacía la foto fija de la película que protagonizaba Imanol y quedé maravillada con India. Cuando volvimos a España, después de conocer a fondo el trabajo impresionante que hace la fundación Vicente Ferrer, pensé en usar el material con un fin benéfico. Y encontré la forma de mostrar la problemática de India y pedir ayuda", explicó Meritxell.

–Irene, ¿ya conocías Buenos Aires?
–Sí, vine muchas veces. Imanol y yo tenemos mucha relación con Argentina, hay muchos amigos viviendo aquí, uno de ellos es Lino Patalano, quien cuando vio mi trabajo durante la inauguración de la muestra en Madrid quiso que la trajera a Argentina.
Imanol: Para mí es una ciudad comodísima, me siento muy a gusto, pasé épocas de mi vida muy importantes y tengo proyectos para hacer teatro una temporada entera. Entiendo que las circunstancias, a medida que pasa el tiempo, son diferentes, pero a mí nunca me han engañado, ni me golpearon, ni nada por el estilo. Alguna vez probé un bife de chorizo que no estaba tan bueno. [Se ríe].
–Hablando de su historia de amor, ¿cómo se conocieron?
Irene: Nos unió un amigo en común, Miguel Pittier, que es argentino. Nos invitó a su cumpleaños en Madrid y esa noche empezamos a hablar. De pequeña recuerdo tener fotos de Imanol en mi carpeta, pero con el tiempo dejó de estar en mi radar, no le seguí el rastro. Cuando coincidimos esa noche me di cuenta de que era una persona muy interesante y a los dos meses empezamos a salir. Me costó al principio meterme en su mundo, porque me daba miedo, era bastante diferente al mío. Pero es una persona que causa mucho interés, es curioso e interesante.

–Imanol, ¿cómo te conquistó Irene?
–Es alguien que tiene una gran pasión por salir y moverse. Con ella viajo más que nunca, estoy más en la calle que antes, tengo menos sensación de edad… Ella es casi veinte años más joven que yo y no necesité transformarme. Su juventud me da la posibilidad de vivir mucho más al día, con sensatez. Tener en mi vida una mujer con tanta iniciativa es una suerte, no importa la edad. Es del Sur, de Andalucía, y ellos tienen una alegría especial. Es la primera vez que estoy con una mujer como Irene, que me hace tan feliz.
–¿Tienen planes de casamiento?
Imanol: Ya estamos más que casados. En España puedes declararte en pareja de hecho, así le quitas presión pública, que te invadan en la boda, que vengan doscientas personas de más o que alguien se ponga nervioso. Nosotros lo hicimos de una manera silenciosa. Yo me casé una vez, hace muchísimos años [con Socorro Anadón] y no siento la necesidad de volver a hacerlo.
Irene: Ya nos sentimos comprometidos, vivimos juntos y yo ya soy su mujer. No me planteo vestirme de novia ni nada por el estilo. Prefiero invertir ese dinero en proyectos.
–Imanol ya tiene dos hijos, Jon (27) y Daniel (13) (con la actriz Pastora Vega). ¿Les gustaría tener los suyos propios?
Irene: Disfruto mucho de los niños, pero creo que en la vida hay que renunciar a algo. O tienes hijos o te sientes profesionalmente realizada. Si algún día me da la vena loca de ser madre, adoptaré a alguno que ya esté en el mundo y que necesite que lo ayude. Soy capaz de querer a un niño como a un hijo propio, me pasa con los hijos de "Manu". Ser madre no me preocupa ni tengo el instinto maternal que me lo pida. Si llega de casualidad, me volveré loca, pero no lo voy a buscar. Tengo una vida estupenda, muchísima libertad, muchas cosas de las que puedo disfrutar y dar a los demás.•
Texto: Paula Galloni
Fotos: Matías Salgado
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