1 minuto de lectura'
No hay un ápice de ansiedad en su cuerpo, ni en sus gestos. Habla, lanza una carcajada y vuelve a ponerse seria. Tal vez cualquier otra mujer en su lugar estaría nerviosa, pero Juana Viale está viviendo un presente de plenitud total y se le nota. Mientras continúa con las grabaciones de Malparida, la nieta de Mirtha Legrand le pone todas sus energías a los preparativos de su boda con el actor chileno Gonzalo Valenzuela, con quien está en pareja desde hace cinco años. La gran fiesta de casamiento se llevará a cabo en marzo del año próximo, en un country de la zona Norte, pero Juana ya está pendiente de todos los detalles para que no quede nada librado al azar. Con una taza de té con leche entre las manos y tremendamente dispuesta para la charla con ¡Hola!, le hace frente a los rumores de un supuesto embarazo. ''Me encantaría tener dos hijos más, pero no creo que éste sea el momento'', dice, y deja en claro que -por ahora- los dos únicos principitos en su vida son Ambar y Silvestre.
-Juana, ¿cómo estás viviendo el éxito de Malparida?
-Muy bien, aunque yo no lo veo como ''el'' éxito de Malparida. Lo vivo más como un año laboral excelente, de una exigencia como no había tenido nunca en mi vida. Grabo durante diez horas de lunes a viernes y un sábado por mes. Reconozco que mis afectos -hijos, familia, amigos- han quedado relegados, postergados… Eso es muy fuerte.
-¿Te genera cierta culpa?
-Al principio me dolía mucho la situación porque llegaba a mi casa sin energías, estaba un rato con mis hijos, comía, estudiaba las escenas para el otro día y me iba a dormir. Cuando me quedaba charlando con Gonzalo para ponerle un poco de onda a la familia, me quedaba dormida sentada. Literalmente dormida.
-¿Tus hijos entienden la situación?
-¡No! El otro día yo me tenía que ir muy temprano a la mañana, entonces la noche anterior le dije a Ambar que no nos íbamos a ver en el desayuno y ella me respondió: ''Mamá, ¿en tu trabajo no saben que vos tenés dos hijos?''.
-¿Y qué le respondiste?
-''Sí, amor, saben, pero es mi trabajo y me comprometí con esto y tengo que hacerlo.'' La verdad es que tengo una familia de fierro, que siempre me hace el aguante. Algunas veces he llevado a mis hijos a las grabaciones para que vean y comprendan de qué se trata. También, convengamos que es sólo un año en mi vida y en la de ellos, nada grave, pero en el día a día se me hace un poco cuesta arriba.
-De los fracasos solemos tener más claro qué es lo que hay que aprender. ¿Y de los éxitos?
-Mirá, cuando hice Doble vida me fue pésimo y creo que hasta me gané un premio como peor actriz, pero yo no lo viví como un fracaso, ¿entendés? Lo que quiero decir es que hacer un éxito o un fracaso no me modifica como persona, yo sigo siendo la misma que era antes de empezar a grabar Malparida. No he cambiado en nada, o al menos eso espero.
-Pero el entorno sí cambia. Este año hiciste muchas campañas publicitarias, por ejemplo.
-Sí, eso es cierto. Obvio que si estuviera en mi casa haciendo barquitos de papel no me convocarían tanto. Se genera una especie de hambre de querer contar con este ser humano llamado Juana, pero mi plan más inmediato es descansar la mente y el cuerpo. Tengo algunas ofertas interesantes para hacer teatro y me encantaría hacer cine. Actuar en cine tiene una magia especial y me gustaría volver a eso.
-¿En qué momento decidiste que querías ser actriz?
-Cuando probé, me gustó y no me pude resistir. No es una profesión fácil y no basta con hacer un programa o una película para saber si querés ser actriz o no. Hay que transitar…
-¿Sentís que tenés que rendir más que el resto de tus colegas por ser ''la nieta'' o ''la hija de''?
-Creo que existe un prejuicio mayor… Algo así como si dijeran: ''A ver qué viene a hacer ésta'', pero igualmente yo no me hago cargo. Sé que tengo limitaciones, pero también sé que soy buena en algunas cosas, que me gusta lo que hago y que puedo superarme.
-¿Qué cosas de tu rutina diaria modificó ser la protagonista de la novela más exitosa del año?
-Amo ir al supermercado, es mi gran terapia, me encanta recorrer las góndolas, comparar precios y, de repente, me encuentro con un niño prendido a mi pierna llamándome por el nombre de mi personaje. ''Perdón, ¿dónde está la mamá de este nene?'' Otra situación genial es cuando veo que una señora pasa siete veces con su carrito y no se da cuenta de que yo ya me di cuenta de que me está rondando. [Risas.]
-Además del supermercado, ¿qué otro quehacer doméstico te gusta?
-¡Me encanta cocinar! Los fines de semana o los jueves -que tengo reunión de chicas- me gusta cocinar para todas. Me doy mucha maña con lo que haya en la heladera, me divierte inventar… Hago tartas muy ricas, podría decir que soy una especialista en el tema.
-¿Cómo fue crecer siendo famosa desde antes de nacer?
-Muy raro. Creo que hubiera necesitado que alguien me explicara mejor qué era lo que estaba pasando. Yo nunca entendía ni aceptaba por qué me molestaban o me seguían para sacarme fotos si yo no pertenecía al medio. Mi abuela es Mirtha Legrand, pero antes que nada es ''mi'' abuela. ¿Por qué se suponía que yo tenía que sonreír para una foto por ser la nieta de Mirtha o la hija de Marcela Tinayre? Siempre sentí que yo tenía todo el derecho a no querer figurar o a no querer aparecer en una revista.
-Y cuando empezaste a trabajar en la televisión, ¿algo cambió?
-Entendí que tenía que ir a ciertos eventos o hacer algunas notas, pero aun así quiero que mi vida privada sea pri-va-da. Tengo mis límites y sé hasta dónde quiero que se sepa de mí, de mi familia y de lo que hago o dejo de hacer. Por ejemplo, jamás se me ocurriría armar mi casamiento con canjes, ni se me cruza por la cabeza.
-¿Cómo es la relación con tu madre?
-Somos polos muy complementarios y, a la vez, muy opuestos. Algo así como el yin y el yang. Tenemos caracteres muy complicados, podemos ser muy compañeras y a los dos minutos estar caminando por veredas opuestas; y al tercer minuto, otra vez juntas como si nada. La nuestra es una relación muy pasional.
-¿Y cómo te llevás con tu hermano Nacho [Ignacio Viale]?
-Somos totalmente opuestos. El es políticamente correcto y yo, no. A él le encanta estar siempre impecablemente vestido y a mí, no. Nacho siempre me dice: ''A vos nunca te importa nada'', y yo creo que a él le importa demasiado todo. Si tenemos una esfera enfrente, él la ve ovalada y yo, redonda. Pero aun así nos defendemos a capa y a espada.
-¿Cómo te definirías como mamá?
-Creo que soy bastante relajada y siento que mis hijos tienen que expresarse, pensar y ser como ellos quieren ser pero, por otro lado, soy una madre que pone límites. Yo a mi mamá le decía: ''Ma, hoy no quiero ir al colegio'', y ella contestaba: ''Bueno, gorda, quedate en la cama, no vayas''. Yo, con mi hija, ¡ni loca! Siento que el colegio es su responsabilidad y me gusta que sea disciplinada.
-Juana, ¿qué te enamoró de Gonzalo?
-Cuando lo conocí me encontré con un ser lleno de vida, con ganas de amar, de construir. Amo su tremendo desorden en la vida y su enorme sensibilidad con el mundo. Gonzalo es un hijo más. [Risas.]
-¿En qué sentido?
-''Amor, ¿trajiste las llaves de casa?'' ''No.'' ''¿Y la billetera?'' ''Tampoco.'' ''¿Y el aparatito para el asma?'' ''No.'' Me encanta que sea así.
-¿Siempre tuviste tan claro tu instinto maternal?
-Cuando era más chica, creía que nunca iba a tener hijos porque me parecía cruel enfrentar a un niño con este mundo, demasiado violento para mi gusto. Pero después entendí que hay muchas opciones para que los chicos no se enfrenten a esa violencia. Ser mamá es lo más gratificante que te puede pasar en la vida. No hay profesión, ni premio, ni logro que se pueda comparar. Yo lo veo a Gonzalo en su rol de padre y digo: ''¡No puede ser más feliz!''.
-Tan felices están que decidieron pasar por el Registro Civil…
-¡Sí, nos casamos! Este es un momento muy lindo. Siento que casarme es el mejor modo de celebrar el amor que me une a Gonzalo. Queremos que nuestros amigos y nuestras familias la pasen genial, se rían, festejen con nosotros. Me imagino la cara de mis amigas o de mi mamá pasándola bien y ya me siento feliz.
-¿Cómo surgió la idea del casamiento? ¿Quién dio el primer paso?
-Un día veníamos en el auto y yo le pregunté: ''Gon, ¿no nos tendríamos que casar ya?'' Y él me dijo ''seee'', pero como si me respondiera ''seee, pidamos pizzas''. Después hubo un momento muy romántico y ¡colorín colorado!
-¿Y cómo venís con los preparativos de la fiesta?
- Con mi mamá estamos encargándonos de todo. Nunca pensé que planear un casamiento fuera algo tan divertido. Me parece un gran programa estar en todos los detalles, hasta en los más mínimos… Los manteles, los centros de mesa, las sillas, el piso… Si a mí me divierte el tema, ¡no sabés cómo está mi mamá! Te juro que si ella pudiera organizar un casamiento que dure un mes y medio, ¡lo haría!
-¿Tu abuela también está en el tema?
-No, la abuela no opina. Está feliz, pero confía absolutamente en todas las decisiones que tome mi mamá.
-¿Ya tenés el vestido?
-Aún no, pero ya sé cómo quiero que sea, lo tengo todo pensado. Aún no definí quién va a diseñarlo, pero hay un nombre que suena fuerte. Lo único que puedo contarte es que va a ser un vestido largo, pero no el típico vestido de novia. Viste que en mi vida nada es muy típico, ¿no?
Life Chekka, Lucila Sperber y Jimena Votta.
- 1
Jorgelina Aruzzi: del éxito en la TV a su desafío más íntimo y por qué no volvería a un reality
2El desgarrador mensaje de la viuda de James Van Der Beek, a tres meses de la muerte del actor: “El alivio inicial se ha desvanecido”
3Florencia Peña cruzó a Luis Ventura por los Martín Fierro y disparó contra Santiago Del Moro: “Misógino y cobarde”
4Mery del Cerro reveló desde una clínica el problema de salud que atraviesa: “Decidí entender qué me pasaba”





