Te contamos algunos detalles de la visita del actor al país en la que presentó su nuevo film Oblivion
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Con su simpatía y su aire de anti-divo –o de divo amigable, al menos–, Tom Cruise irrumpió por unas horas en Buenos Aires y trajo un poco del espíritu hollywoodense consigo. Sonrisas, autógrafos, fotografías y hasta una red carpet fueron algunos de los recuerdos que el actor dejó a su paso. ¿Pero qué pasó en esos espacios a los que las cámaras y los fanáticos no tuvieron acceso?
El lugar elegido para hospedarlo fue la Suite Royal del recoleto Alvear Palace Hotel, y la reserva se hizo con unos cinco meses de antelación, "tal como suele suceder con los jefes de Estado". La suite, inaugurada por la Reina Sofía durante su visita al país en 1992, tiene una dimensión de 176 metros cuadrados y la ambientación de un típico apartamento parisino. Cuenta con un hall de recepción, living, comedor para ocho comensales, estudio, dormitorio y dos baños revestidos en mármol italiano y equipados con hidromasaje y sauna. Arañas de estilo, géneros franceses, pinturas y esculturas de firma nacional y pisos de roble de Eslavonia hacen todo lo demás.
Según trascendió, Cruise trajo dentro de su comitiva a su cocinera personal. Ella tuvo su propia cocina con entrada independiente dentro de la suite, así también como una serie de productos orgánicos comprados a pedido del actor para poder elaborar sus comidas.
Dentro de la lista de requerimientos, también apuntó una serie de productos cosméticos –también orgánicos-, acaso una de las claves para lucir en muy buen estado a sus 51 años. La otra, seguramente, será el ejercicio físico: dentro del noveno piso del hotel, que fue especialmente acondicionado para él, se instaló un gimnasio que estuvo a su disposición durante las horas que estuvo en Buenos Aires.
La única comida que Cruise hizo fuera del hotel fue la del lunes por la noche, cuando se trasladó con una comitiva de 45 personas hasta el restó M Buenos Aires, en San Telmo. Tiraditos, sushi y tapas peruanas fueron parte del menú que se sirvió a los comensales, además de un pedido fuera de la carta: un bife de lomo especialmente preparado para el homenajeado. Pese a la oferta de pisco sour y margaritas de maracuyá, el actor prefirió no tomar alcohol y optó por acompañar la comida con limonada. Antes de retirarse, saludó personalmente a Ken Shiizu, el chef ejecutivo del lugar, quien más tarde dijo a Hola.com.ar: "Se mostró muy agradecido. Es una persona realmente amable".
Huésped de honor

El martes a las 14.30, Cruise y las actrices Olga Kurylenko y Andrea Riseborough –sus coprotagonistas en la película Oblivion: El tiempo del olvido – llegaron hasta el teatro Colón. Allí, fueron recibidos por el jefe de Gobierno porteño Mauricio Macri, el ministro de Cultura Hernán Lombardi, y el legislador del PRO Rogelio Frigerio, autor del proyecto para nombrarlo huésped de honor de la Ciudad de Buenos Aires. Se lo vio distendido y escuchó con mucha atención los comentarios sobre sus películas que los anfitriones le realizaban.
"Se mostró fascinado por la infraestructura y la estética del teatro", confió una fuente presente en el acto. "Me gustaría filmar algún día en este lugar", expresó Cruise, quien se interesó por saber el tipo de espectáculos que allí se presentaban. Luego, disfrutó de un show de tango al ritmo de la música de "Oblivion", de Astor Piazzolla; una vez finalizado el número, se acercó a saludar y felicitar a los bailarines y a la orquesta.
Lo que vino después ya es conocido por todos: alfombra roja en un cine de Recoleta, más fotos y autógrafos para los fans, notas con la prensa y avant premiere, para luego partir rumbo a Sao Paulo. Fueron 30 horas en total, el tiempo suficiente para que una estrella de la realeza de Hollywood provocara una pequeña revolución en Buenos Aires.
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