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La vida de Diego Olivera (42) tomó un nuevo camino hace tan sólo cuatro años, cuando la televisión mexicana tocó a su puerta en busca de nuevos galanes y le propuso, sin más, protagonizar la nueva versión latina de Montecristo. Desde entonces el actor se convirtió en uno de los preferidos por el público azteca y hoy se destaca como primera figura en la telenovela Triunfo del amor. El gran desafío, sin embargo, fue vivir a distancia el amor que lo unía a su mujer Mónica Ayos (36), a Federico (17) -fruto del primer matrimonio de la actriz- y a su pequeña hija Victoria (6). Pese a los seis mil kilómetros que los separaban, los Olivera sortearon los obstáculos geográficos y se las arreglaron para disfrutar en Acapulco del tiempo libre que les quedaba.
-Diego, ¿qué es lo que más te gusta de la vida en México?
-Tengo la suerte de no padecer un ''exilio'' obligado. Eso me hace disfrutarlo aún más. Y a México lo vivo y lo padezco sin idealizar. Eso lo aprendí como argentino y como latino. Me gusta su gente, sus playas, su ciudad, su arte culinario (rompo el mito: no todo pasa por el picante).
-¿Cómo están disfrutando las vacaciones?
Diego: La verdad es que hacemos de todo. A lo mejor yo voy menos al shopping que Moni, pero no quiere decir que no lo haga. Estando en la playa siempre intento hacerle entender a Vicky que la cajita no siempre es tan feliz, pero es más fuerte que ella. [Ríe.] A Fede le digo que el sonido del mar es tan groso como el que sale de su iPod... Y a Moni, ''que el Twitter es el opio de los pueblos''. [Risas.]
Mónica: Lo más valioso es que nuestras vacaciones en Tandil son tan importantes como las que tenemos en el exterior. Y eso lo aprendí de los chicos. Para ellos, la experiencia de andar a caballo o trepar una sierra es tan intensa como la de estar en Disney o en Nueva York.
-¿Qué es lo que los atrae del otro?
Mónica: Todavia nos siguen enamorando las mismas cosas que nos enamoraron hace ya diez años. Amo su inteligencia, su humor, su quietud, sus silencios y sus sabias conclusiones, que supieron abrirme puertas imaginarias en mi interior con el aleluya de fondo.
Diego: Me atrae su cuerpo y su ser. Moni es inmensamente humana. Y eso me encanta. Si yo soy el Zorro, ella es mi Batichica. [Risas.] Hablando en serio... somos la ''musa'' para el otro.
-¿Qué gestos dan alegría a la pareja?
Mónica: A Diego le saco una sonrisa cuando me empiezo a reír de mí misma; soy muy ácida, sobre todo conmigo, y eso creo que le atrae.
Diego: Ella se divierte mucho cuando me pongo a bailar. Se ríe a carcajadas. Pero creo que un ''te amo'' en el momento justo y en el lugar indicado es lo mejor, su sonrisa es mi premio.
Texto: Jacqueline Isola
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