Junto a sus tres hijas, protagonizaron el primer posado de verano en Villa Eikenhorst
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Guillermo Alejandro y Máxima de Holanda y sus hijas, las princesas Amalia (9), Alexia (8)y Ariane (6), protagonizaron el primer posado oficial veraniego desde su investidura como nuevos reyes de los Países Bajos, en abril pasado. La sesión fotográfica fue en los jardines de la por ahora residencia oficial de los monarcas, Villa Eikenhorst, en Wassenaar (La Haya). Vestidos de manera sencilla pero elegante, posaron juntos y con enormes sonrisas, como una forma de mostrar algo de su intimidad y acercarse al pueblo.
A diferencia de años anteriores, en los que las chicas –que acaban de comenzar sus vacaciones escolares– se mostraron más espontáneas, corriendo y jugando, esta vez la sesión tuvo un carácter menos lúdico debido a las nuevas responsabilidades asumidas por sus padres. Sin embargo, hubo espacio para las sonrisas, especialmente cuando entró en escena el perro de la familia, el labrador Skipper, que no dudó en jugar con los 85 fotógrafos congregados y en llamar la atención de sus tres pequeñas amas, que lo invitaron a quedarse.
Salvo un amable "felices vacaciones", que deseó Guillermo Alejandro cuando los flashes dejaron de disparar, los Reyes no hicieron ninguna declaración. Tampoco se pudieron saber precisiones sobre dónde descansarán en los próximos días –el Servicio de Información del Estado no quiso aclararlo–, aunque todo apunta a que viajarán a Grecia para disfrutar de su nueva residencia que, según declaraciones de hace unos meses del por entonces príncipe heredero, estaría lista este verano.
El ESCENARIO

Villa Eikenhorst es la casa donde viven Guillermo y Máxima desde su primer aniversario de casados, cuando la eligieron para armar su hogar y ver crecer a sus hijas, tras renunciar a vivir en alguno de los tantos castillos de la entonces reina Beatriz. Se trata de una preciosa mansión rodeada por 12 kilómetros de bosques, situada en una zona de caza. En sus más de 600 metros cuadrados repartidos en tres pisos, se destacan una inmensa galería en la parte trasera y una terraza cubierta (idea de Máxima) en la que pusieron una gran variedad de plantas típicas de Argentina.
Aunque muchos pensaban que a esta altura ya estarían mudados a Huis ten Bosch, la residencia de los monarcas holandeses, en La Haya, los planes estarían demorados porque la princesa Beatriz está en la última etapa de su mudanza al castillo de Drakensteyn –ubicado al borde del lago Vuursche, en el municipio de Baarn–, el mismo en el que vivió hasta que se convirtió en reina, en 1981. Por lo tanto, los nuevos reyes recién estarían instalados en el palacio construido en el siglo XVII a fin de año, y seguramente sea allí donde pasen las fiestas.
LA VUELTA A CASA
El posado de la familia real coincidió prácticamente con la vuelta a Holanda del príncipe Friso (44), quien está en coma desde el 17 de febrero de 2012, cuando sufrió un accidente fatal esquiando en Lech, la localidad austríaca donde los Orange pasan sus vacaciones de invierno. El hermano del Rey abandonó la clínica Wellington de Londres a pesar de que no tuvo progresos y sigue en "estado de conciencia mínima". Lo trasladaron al palacio Huis ten Bosch, donde pasará el verano acompañado por su familia y donde, no hay duda, su mujer, la princesa Mabel, contará con el apoyo incondicional que siempre le dieron su suegra y sus cuñados Guillermo y Máxima.
El segundo hijo de la princesa Beatriz llegó el lunes 8 a la capital holandesa, donde lo esperaba un equipo médico dirigido por los doctores Jan van Gijn y Michal Kuiper. En los próximos meses evaluarán si existen posibilidades de tratar al príncipe en Holanda o si, por el contrario, debe regresar al Reino Unido. La familia real agradeció en la nota al equipo de especialistas que durante estos meses lo trató "de forma excelente y dedicada".
REFERENTE DE LA REALEZA

El magnetismo y el carisma de la reina Máxima son indiscutibles. Desde el principio fue un modelo por su inteligencia, simpatía, elegancia y llegada a la gente. Pero, en los últimos años, la admiración hacia ella se extendió a sus pares de la realeza europea. La semana pasada, por ejemplo, la princesa Charlene de Mónaco rompió el silencio y le concedió una nota a la prensa británica. Entre muchos otros temas, contó que mantiene una estrecha amistad con Su Majestad y que fue ella quien la ayudó a superar la transición hacia la vida pública cuando se integró a la familia Grimaldi (está casada con Alberto desde julio de 2011). "Cada vez que la necesité, la reina Máxima fue un increíble apoyo para mí", reveló. Y siguió: "Ella abandonó Argentina y se trasladó a Holanda. Así que pienso que tomamos caminos similares y me identifico mucho con ella. Además, en numerosas ocasiones me dio consejos que me resultaron muy útiles".
Por otra parte, la flamante reina de Bélgica, Matilde, es otra royal que la cuenta como confidente: son íntimas amigas. Además de tener muchos rasgos en común, como trabajar activamente en temas relacionados con la niñez, tienen un gusto parecido a la hora de elegir su vestuario: ambas comparten su predilección por los diseños de Edouard Vermeulen, por lo que alguna vez hasta coincidieron, aunque en diferentes ocasiones, en la elección de algún modelo. Ellas son, hasta el momento, las únicas dos princesas que se convirtieron en reinas en este siglo. Pero claro, Máxima fue la pionera.
Texto: Lucila Olivera
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