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Entrevistas

Michel Brown: "Tengo el deseo de volver a trabajar en la Argentina"

Cynthia Caccia
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11 de agosto de 2020  • 00:45

Poco queda de aquel adolescente que debutó bajo el ala de Cris Morena en el ciclo Jugate conmigo. Hoy, a sus 43 años, y convertido en una estrella internacional, Michel Brown recuerda con una sonrisa aquella etapa en la que competía junto a Luciano Castro en los divertidos juegos con pintura de colores y en la que arrasaba con los suspiros de la platea femenina cada vez que interpretaba su hit "Mariposa mía".

"A los 19 años, agarré mi mochila y me fui a probar suerte a México", le contó el actor a LA NACION mientras hacía un repaso sobre cómo fueron sus primeros años en el exterior. Y si bien al principio su acento le jugó en contra, el artista encontró sus primeras oportunidades en varias ficciones de la TV azteca (DKDA Sueños de juventud, Lo que es el amor, Súbete a mi moto y Enamórate) hasta que el destino lo llevó a tierras colombianas para convertirlo en el galán de Pasión de gavilanes.

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#tbt por ahí por el año 2000 llegando a México D.F.

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El éxito de la novela fue tal que su nombre -que hasta el momento había quedado en el olvido- resurgió notablemente consagrándolo no sólo en la Argentina sino también en España y en toda América latina. Sin dudas, este culebrón -que tenía a los hermanos Reyes como protagonistas- le abrió las puertas a nuevos proyectos televisivos y lo llevó a debutar en cine y teatro (hace poco participó de la versión mexicana de Perfectos desconocidos).

Radicado nuevamente en D.F. y casado con la actriz colombiana Margarita Muñoz desde hace siete años, Brown disfruta de su gran presente laboral. Mientras que desde hace tiempo intenta despegarse del mote de "galán de telenovelas" interpretando papeles más jugados y "poco convencionales" (su actuación en Falco, Sr Ávila y Hernán son un claro ejemplo de ello), ahora se une como conductor de la tercera temporada de Desafío sobre fuego Latinoamérica, el reality que hoy, martes, vuelve a la pantalla de History, a las 22:35, para poner a prueba a ocho nuevos herreros.

"Es admirable ver cómo cada uno de los participantes demuestra sus habilidades, su fuerza, su destreza e imaginación para replicar armas tradicionales en un taller que no es de ellos y con las herramientas que les entrega la producción", reflexiona Brown a horas de que comience la gran competencia.

-¿Qué se siente volver a la conducción y encima en un proyecto del cual sos fan?

-La verdad fue un gran desafío. Había trabajado como presentador en España haciendo un programa en Antena 3 y en los Estados Unidos en un reality, pero siempre con formatos que tienen que ver más con las relaciones humanas o con el deporte. Ahora que te llamen para conducir un programa del cual sos fan absoluto, es algo que pasa pocas veces, así que estoy muy contento, disfrutándolo y aprendiendo muchísimo en un mundo que me parece fascinante.

Michel Brown: "Que te llamen para conducir un programa del cual sos fan absoluto es algo que pasa pocas veces, así que estoy muy contento, disfrutándolo y aprendiendo muchísimo"
Michel Brown: "Que te llamen para conducir un programa del cual sos fan absoluto es algo que pasa pocas veces, así que estoy muy contento, disfrutándolo y aprendiendo muchísimo" Crédito: gentileza History Channel

-¿Qué descubriste en este salto de espectador a "ser parte de..."?

-Claramente hay una gran diferencia en ser parte de este programa, que verlo en casa tirado en el sofá comiendo pizza. Entender los procesos, la tensión en la que se trabaja con hornos a mil grados de temperatura, donde todo el tiempo surgen imponderables a solucionar, donde hay mucha pasión y donde cada uno de los participantes lleva con orgullo la camiseta de su país y defiende ese oficio que tanto ama. Es muy distinto todo.

-¿Cómo te llego la propuesta?

-Me encantaría que algún día me cuenten a quién se le ocurrió para darle las gracias. [Risas]. Todo fue en un evento de History Channel, yo actuaba en Hernán (la serie que trata sobre la vida de Hernán Cortés) y era la presentación en México. Cuando entro, veo que estaban todos los integrantes de mi programa favorito y como si fuera un niño fui a saludarlos y a contarles que era fan del programa. En un momento recuerdo que hubo un corte de unas sandias con un cuchillo y le pedí por favor a los productores que me dejen participar. Creo que a partir de mi fascinación se les habrá ocurrido. Recibí esta propuesta con mucho cariño, echándole todas las ganas. Y hacerlo fue algo que me dejó enamorado desde el primer programa.

Michel Brown junto al jurado del programa de History, del cual se declara "fan absoluto"
Michel Brown junto al jurado del programa de History, del cual se declara "fan absoluto" Crédito: gentileza History Channel

-¿Cómo hacés para no encariñarte con los participantes?

-¡Con eso me va fatal! El primer día me tuvieron que parar el carro porque encima estaban mis tres nacionalidades (Argentina, México y Colombia) y me encariñé mucho con ellos. Y también conozco Brasil, que es un país que adoro. Entonces salí tipo televidente a hablar con ellos, les pedí el Instagram para seguirlos y desde la producción me dijeron que nadie podía hablar con los participantes ni crear empatía. Aunque inevitablemente, a lo largo de los programas, vas creando empatía y te vas enamorando del trabajo de cada uno de ellos. Es muy emocionante ver cómo dejan la vida ahí porque en el programa surgen muchas cosas. Son 10 horas de rodaje y de repente se pueden quemar con fuego, cortar con las lijas y no les importa. Algunos miden el filo del cuchillo con el vello de sus brazos y han pasado cosas. Yo como presentador soy el nexo entre el participante y el equipo de producción y tengo que entrar a ver cómo están, si quieren seguir o no. Están dándolo todo en cada momento y te terminás metiendo en la película.

-¿Te gustaría participar en algún reality en algún momento?

-Me gusta más el rol de presentador. No sé si soy muy bueno para trabajar bajo presión y eso lo corrobore durante este programa. [Risas]. Es muy duro. Un trabajo normal que ellos harían en su casa en siete días, acá lo tienen que hacer en seis horas y ahí me doy cuenta que no soy bueno para trabajar bajo presión o sintiéndome observado por otro, catalogando si lo que estoy haciendo está bien o mal. Hay que estar muy preparado porque tenés que tener un nivel de paz y control importante. Así que prefiero estar de este lado.

-Tenés una gran carrera en el exterior, pero ¿te gustaría volver a trabajar en la Argentina?

-¡Me encantaría! Hubo una propuesta de volver para hacer 100 días para enamorarse y al final no se dio porque yo estaba rodando Falco. El gran deseo que tengo y más en este momento de mi vida, es volver a trabajar en la Argentina por muchos motivos. Primero, porque hay grandes elencos con grandes actores. Segundo, porque sería volver a hablar mi lengua. Suena raro, pero llevo 20 años haciéndome el colombiano, el español y el mexicano. Hace poco hice una obra de teatro, en donde por primera vez hablé como argentino y me sentí como pez en el agua. Tener esa libertad de hablar mi lengua es una delicia. Y tercero, para tener a mi familia cerca.

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@perfectosdesconocidosmex hoy 6:30 y 8:30 en el teatro libanés .

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-¿Entonces te vamos a tener muy pronto por acá?

-Estamos en un coqueteo con una productora para un proyecto interesantísimo que ojalá se dé. Hubo varios approach en los últimos años pero, por un motivo u otro, no se pudo dar, pero tengo la sensación de que esto que está en camino va a ser diferente.

-¿Qué es lo que más extrañas del país?

-Ir caminando a la casa de mis viejos, que no los veo hace muchísimo tiempo. Generalmente, vienen más ellos acá, que lo que yo voy para allá. Pero si hay algo que siempre me llamó mucho la atención de Buenos Aires es que es una ciudad que uno la camina constantemente. Extraño esa cultura de caminarla, disfrutarla, ir a los parques, al río. Eso lo tienen muy pocas ciudades del mundo. Y también extraño mucho los desayunos [risas]. Ahora abrió una panadería cerca de mi casa que se llama "Corazón contento" y que vende medialunas. Tendrían que haberme visto la cara hundiendo la medialuna en el café con leche. ¡Hace 20 años que no hacía eso! O comer un sándwich de miga. Acá estamos acostumbrados a comer huevo revuelto, frijoles y chorizo en el desayuno. Yo vivo así, pero desde que abrió esa panadería a cuatro cuadras de casa, me siento un poco más cerca de mí país.

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[R]MARGARRICA[R] @margaritamparra

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-¿Por qué te fuiste en su momento? ¿Te costó radicarte al principio?

-Yo me fui en 1999 porque se veía venir una crisis muy dura. Tenía 19 años, mis viejos se habían separado y yo tenía un gran deseo de trabajar afuera. Había hecho algo con Fernando Carrillo y siempre me hablaba de cómo se trabajaba en México y de que ese país era un gran trampolín para trabajar en los Estados Unidos o para que te vean en otros lugares de Latinoamérica. Así que agarré mi mochila, vendí mi moto (una Honda Shadow 600) para irme con algo de plata y me fui al D.F. a probar suerte. Creí que iba a ser fácil y que me iba a ir increíble, pero al principio fueron unos años durísimos porque por el acento no había posibilidad de trabajar en ningún lado, así que hice de todo lo que se te ocurra. Trabajé de mesero, lavando copas en una cocina, disfrazado de muñeco para Cartoon Network, hice comerciales. Me acuerdo que mi viejo me llamaba y me decía que me vuelva, que acá tenía laburo, pero yo tenía muy claro lo que soñaba y no iba a aflojar. De a poquito, se empezaron a dar las cosas. Empecé a hacer telenovelas en un canal, después en otro y gracias a eso todo fue tomando color.

-Tenés un acento mexicano muy notable, ¿te costó al principio?

-Al principio sí. Tu pasaporte pelea en esto de si somos todos latinoamericanos, ¿por qué tengo que copiarlos para hablar? Hasta que después entendés que si querés trabajar no hay otro camino. Empecé a trabajar muy duro con un coach vocal y entendí que no se trata de copiar sino de colocar la lengua pegada al paladar, del tono que usás en el remate o en los finales de las oraciones, pero hasta que tu cabeza entiende ese proceso y tu cuerpo lo lleva a cabo a la hora de actuar, cuesta. A medida que pasa el tiempo te vas acostumbrando y ya es un poco como andar en bici. Ahora soy una cosa rara, hablo con acento mexicano, pero uso palabras colombianas [risas].

-Te fuiste de acá siendo el chico de Jugate Conmigo y, a los años, reapareciste convertido en un galán de telenovelas. ¿Cómo lo viviste?

-Fue increíble porque no estaba en la Argentina hacía muchos años y lo entendí una vez que fui al programa de Susana Giménez. Ahí entendí la magnitud de lo que pasaba en la Argentina con Pasión de gavilanes. También pasó algo muy loco con las nuevas generaciones que vieron la novela y nunca Jugate conmigo y pensaban que yo era mexicano. Siempre da gusto volver a tu país de origen, donde empezaste tu carrera, y que reconozcan tu trabajo. Años después volví después de hacer Sr Ávila, una serie para HBO, en donde tenía un personaje muy fuerte (un torturador por encargo), totalmente diferente a lo que venía haciendo hasta el momento y que me reconozcan desde otro lugar como actor, más comprometido, más evolucionado, me dio un placer inmenso. Eso terminó siendo más placentero que el hecho de la fama y la popularidad que me dio Pasión de gavilanes.

-¿Hay algún personaje que quieras interpretar y que todavía no hayas logrado?

-Tenía un pendiente, pero no puedo hablar mucho porque se está por concretar. Estaba esperando que esto suceda en mi vida hace mucho tiempo. Tengo muchísima emoción y te lo contaría todo, pero aún no me dejan [risas].

-¿Seguís en contacto con tus compañeros de Jugate conmigo?

-Hace poco estuve cantando "Mariposa mía" en el homenaje ViveRo que se hizo en el Gran Rex. No pude viajar porque justo estaba rodando, pero salí por Skype. Sigo en contacto con varios: con Nano, con Manuel, con Ana. Me da mucho gusto ver a Luciano (Castro), que está triunfando de una manera impecable. Lu es un guerrero de la vida y un tipo que tiene muy claro sus objetivos y cada vez que lo veo en algo me da un gusto increíble. Él es un tipo muy fresco que se merece todo lo que le está pasando. Estuvimos a punto de trabajar juntos en 100 días para enamorarse; hubiera estado muy bueno, pero no va a faltar oportunidad.

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