Después de celebrar Año Nuevo con su novio en un hotel nudista en Punta del Este, la periodista repasa su historia de amor con Ignacio Iparraguirre en Pinamar
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En el fondo del jardín de la casa que este verano le alquiló al ministro de Seguridad bonaerense, Cristian Ritondo (49), en Pinamar, Nancy Pazos (46) improvisó una cancha de vóley. Allí juega el partidito de las siete de la tarde contra su novio, Ignacio Iparraguirre (39), con quien comparte sus días desde hace dos años y medio. El 13 de enero, Nancy y Nacho desembarcaron en la costa con la familia ensamblada que conformaron desde que están juntos. Separada de Diego Santilli (48), la conductora del programa de radio Pazos en el aire hoy es feliz con su vida "de a siete". Por el lado de ella, están Teo (13), Nicanor (12) y Tonio (6), los hijos que tuvo con el vicejefe de Gobierno porteño; por el lado de él, Agustina (16) y Francisco (13). En la casa de veraneo, entre campeonatos de truco y desafíos en la "Play", la convivencia fluye de manera armoniosa. Aunque este no es el primer verano que pasan juntos: de hecho, las vacaciones pasadas alquilaron un motor-home y durante veinte días los siete recorrieron Buenos Aires, La Pampa, San Luis, Mendoza, La Rioja y Córdoba. "Después de eso, estábamos preparados para cualquier cosa", dice la periodista a carcajadas, mientras organiza a los suyos para salir de cabalgata. Tras pasar Navidad a bordo de un crucero por Río de Janeiro, Nancy decidió recibir 2016 con todo. "Los chicos pasaron fin de año con Diego, así que con Nacho festejamos solos. Y nos fuimos a Punta del Este a disfrutar tres días en un hotel nudista", confiesa.
–¿Cómo surgió esta idea tan original?
–Creo que era una fantasía que estaba dando vueltas por nuestras cabezas y al final nos animamos a concretar.
–¿Pero quién lo propuso primero?
–Nacho es muy libre en cuanto a su cuerpo, es muy abierto, pero nunca había tenido una experiencia de ese tipo. Y cuando yo estaba buscando hoteles, justo apareció esta opción y me divirtió la idea. Le mandé la propuesta por correo y esperé a ver qué pasaba: le encantó y la pasamos genial, había muchos extranjeros que practicaban naturismo y la verdad es que todos nos tratábamos con muchísimo respeto. Yo tengo el stop del qué dirán y Nacho tiene una mente abierta igual que la mía, pero viene de un lugar chico como Carmen de Areco, donde la mirada del otro está a la orden del día. Por eso, juntos nos reímos de haber hecho esto. Y mis hijos, por suerte, también son chicos de mente abierta. Fueron los primeros en matarse de risa cuando se enteraron de que íbamos a un hotel naturista. Eso sí, el más grande me dijo: "Si te llegan a sacar una foto, me emancipo".
–¿Qué significa Pinamar en tu vida?
–Este lugar es muy emblemático para mí, Diego y yo nos separamos acá y lo interesante es que logré resignificar esta ciudad como un espacio al que sigo eligiendo en mi nueva vida.
–¿Cómo fue este proceso de resignificación?
–Muy lento. Tampoco es que salí a casarme de nuevo. Nacho apareció en mi vida de manera casi mágica. En ese momento sentí que Dios, de alguna manera, me estaba amparando. Él vino a esta relación poniendo todo y sin esperar demasiado… Es el gran hacedor del lugar donde estamos hoy.
–¿Y dónde sentís que están?
–Estoy más guardada, no me expongo tanto. Creo que 2015 fue el momento oportuno para reencontrarme con mi profesión, que la tenía bastante abandonada. Fue como reenamorarme del oficio que tanto quiero. Sé que por un tiempo me alejé del periodismo por amor, por elección, para formar mi familia. Pero estoy de vuelta y disfrutando mucho la radio [está en Radio Uno, de siete a diez de la mañana]. En 2016 quiero volver a ser Nancy Pazos.
–¿A qué te referís cuando decís que Nacho es el gran hacedor de la relación?
–Siempre digo que en todas las parejas hay quien asume el rol principal, el que conduce, el que tiene trabajito de obrero. Yo venía de una pareja donde yo claramente era la obrera. Después de aquella desilusión, llegué a dos conclusiones: primero, nadie me iba a quitar la capacidad de amar; segundo: ya era tiempo de que alguien cuidara de mí. Hoy el que pone paños fríos y me contiene es Nacho. Con él me siento como una reina, es lo que necesitaba. Hace unos días me saqué unas fotos en la playa y me sentí una diva y eso es culpa de mi novio. [Se ríe]. Su mirada me engrandece, él me ve, me trata y me hace sentir como una reina.
–En abril, van a ser tres años desde que te separaste… ¿Cómo es tu relación con Diego?
–Nunca dejé de hablarme. Incluso cuando discutíamos sobre alimentos en Tribunales hablábamos todos los días. La verdad es que tenemos una relación óptima y es muy distinto lo que mantenemos en privado de lo que está en el ojo público. Estamos muy bien y él se lleva bárbaro con Nacho.
–¿Y vos con Analía (Maiorana)?
–Todo bien. Lo que espero se dé este año –es uno de mis deseos de 2016– es que algún día acepten venir a comer a casa. Quiero que los chicos perciban y sientan que está todo bien, pero es cuestión de tiempo. Yo ya superé todo y seguí adelante. Y Ana me parece una mujer macanuda, no tengo nada para decir. Y los chicos se llevan bien con sus hijas, así que todo genial. Mis hijos se sienten bien porque ven bien a su papá, nuevamente casado…
–¿Entonces las familias ensambladas se llevan bien?
–¡Sí! Los hijos de Nacho y los míos tienen una relación de hermandad absoluta. Este año hubo dos oportunidades en que Tonio se fue solo con Nacho a Carmen de Areco a ver a sus hijos y en ese sentido tanto Diego como yo confiamos plenamente en él. Hoy siento que todos somos más felices porque cada uno de nosotros es fiel a su "deber ser".
- Texto: Jacqueline Isola
- Fotos: Juan Ignacio Roncoroni
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