Tuqui, el espíritu transgresor de la Rock&Pop que llegó a todos los hogares con su humor

Tuqui nació en Floresta y se definía como un pibe de barrio, "descendiente de inmigrantes"
Tuqui nació en Floresta y se definía como un pibe de barrio, "descendiente de inmigrantes"
Gabriel Plaza
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27 de mayo de 2019  • 14:59

"Viví una época de libertad excesiva, donde todo estaba permitido, todo se podía decir, todo se podía hacer". Tuqui , el alias con el que todos conocieron a Gabriel Gustavo Pinto fue el espíritu trangresor y mordaz de los años de gloria de la radio Rock&Pop. Su humor ácido y políticamente incorrecto se ganó un lugar de privilegio en programas como Subí que te llevo, con Boby Flores; Tarde negra, con Elizabeth Vernaci ; Se nos hizo tarde, con Juan Di Natale y su última época con Carla Ritrovato y Gustavo Olmedo en Es lo que hay.

" El desenfreno, la originalidad, la risa, el humor como recurso inteligente. Tuqui era aquel que podía reírse de todo, un amigo brillante, temperamental para vivir, tanto lo bueno como lo malo. Era un niño rebelde, culto, inteligente y con una lengua afilada". Carla Ritrovato, compañera en uno de los últimos programas que Tuqui participó en Rock&Pop, recuerda a Gabriel Pinto, el hombre anónimo lejos de las luces de la radio y la televisión, que era sobre todo buena gente, capaz de donar un sueldo a un amigo que estaba pasando por un mal momento.

Tuqui estudió abogacía, trabajó en un banco, fue guionista, escritor, músico y humorista. La escuela de la vida, sin embargo, le dio una llegada popular que combinaba espontaneidad, frescura y un humor trash, que llegó a cautivar a conductores como Julián Weich y Susana Giménez. En televisión formó parte del elenco de Café fashion y de la ficción Luna salvaje, con Gabriel Corrado, Millie Stegman y Carina Zampini.

"Yo nací en Floresta. Eso es toda una definición. Soy un pibe de barrio, descendiente de inmigrantes. Mi viejo Nito era taxista y mi vieja Chela era modista. Yo no quería ser nada específico. Diletante soy. Hago un poquito de todo pero no soy especialista en nada".

A instancias de su amigo Luca Prodan, compañero de boliches y ginebras (cuando se conocieron Tuqui le dijo al cantante que era abstemio) se dedicó a la música y formó varias agrupaciones de rock, además de componer e interpretar tangos. Su ultima agrupación la llamó Los Pastafaris. En el medio se abrió paso con una personalidad que mezclaba ternura, bohemia y actitud rock. "El gran Tucán era un tipo excepcional. Lúcido, ácido, trangresor incalificable y buena gente". Así lo despidió Daniel Grinbank, creador de la radio que le dio un nombre en el medio.

A Tuqui le gustaba definirse como anarquista. Decía que la democracia era "un chamuyo grande como una casa". Podía regalar todo y mudarse a una estación de tren en Mercedes para vivir junto a los crotos. Armó su vida como una aventura permanente, sin depender del sistema y lo material. "Me gusta mucho viajar. Soy de bajo consumo. Duermo donde hay lugar y como lo que sea. Lo que tiene de lindo la vida es que es una aventura. No me gusta esa forma de vida donde hacés lo mismo año tras año y al final te dan un reloj de oro y te das cuenta que se te pasó la vida".

Una vez le preguntaron si creía en Dios y que había después de la muerte. "Es una idea espantosa saber que te tenés que ir de acá, pero yo creo que después de la muerte no hay nada. Hay gente que cree en la inmortalidad pero para mí es una cosa espantosa la gente que quiere vivir por siempre. Eso puede ser lindo los primeros tres meses, después sería aburridísimo".

Tuqui tenía 64 años. Estaba deteriorado físicamente, luego de sufrir un accidente de moto. No tenía casa ni ningún bien material. Nunca perdió el humor, incluso en los momentos más tristes de la vida. Le gustaba hacer chistes sobre la muerte. Una vez escribió que un difunto tenía tan pocos amigos que le habían fabricado un ataúd para llevarlo con rueditas. Pero eso no le pasará a Gabriel Pinto en su última despedida.

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