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Aunque cueste creerlo, Virginia Elizalde no siempre tuvo alma de deportista. De chica -dice- hacía lo imposible para esquivar las clases de tenis, golf o natación que su familia practicaba por ese entonces (de hecho, su padre César Elizalde, gran apasionado del rugby, integró el grupo fundador del San Isidro Club).
La sedujo, en cambio, una prometedora carrera como modelo que con el tiempo la llevó a descubrir París y Milán. El resto del mundo lo recorrió más tarde, cuando su pasión por escalar montañas, surcar los cielos y navegar océanos despertó en ella una nueva manera de ver la vida.
Hoy, a los 56 años, la ex campeona de windsurf es protagonista de más de un maratón. Además de las competencias de alto rendimiento, Elizalde corre entre las comidas familiares junto a su marido desde hace quince años, el gerente de Producción de Canal 13, Eduardo ''Coco'' Fernández (46), los horarios de colegio de su hija Sol Fernández (15) y los ''compromisos'' como abuela. Es que sus dos hijas más grandes, Catalina (28) y Angeles (26) -fruto de su matrimonio anterior con Mario Walther- también son madres: la mayor -casada con Martín Benítez (30)- tuvo a Kayla (3) y Niko (7 meses), mientras que Angeles (28) -casada con Pedro Podestá (27)- fue mamá por primera vez hace tan sólo 20 días, cuando nació Rufino.
-¿Cómo es ser abuela y, al mismo tiempo, madre de una adolescente?
-Es un desafío, toda una aventura. Por un lado, tengo la oportunidad de malcriar a los nietos como cualquier otra abuela; y, por el otro, sigo yendo al colegio. [Risas.] Llevo casi treinta años de escuela. Me faltan tres más y por suerte se termina. Pero la verdad es que Solcito es una divina, aunque ahora está en plena etapa de cambios: un día sos la mejor mamá del mundo y, al otro, la mala de la película. Las madres del colegio me llaman para pedirme consejos porque me consideran una sobreviviente de la adolescencia. Yo les digo: ''Tranquilas, todo esto pasa''.
-Tus hijas siempre cuentan que nunca las dejaste solas mientras trabajabas. ¿Fue difícil incluirlas en cada uno de tus proyectos?
-Soy de la teoría de que si sos mamá, tenés que disfrutar de los chicos. Y eso es lo que siempre quise hacer: ser una madre presente, compartir, estar con ellas… porque después crecen rápido y se van. Cuando desfilaba, las llevaba a todos lados. Recuerdo que mis colegas corrían los percheros y encontraban en uno de los canastos a mis chicas. Después, en el ciclo 360 todo para ver, hice lo mismo. Cata y Angie me acompañaron en cada uno de mis viajes. Kenia, Hawai, Costa Rica, Jamaica…
-Vos le llevás diez años a tu marido. ¿Cuánto pesó la diferencia de edad?
-Tuve mis reparos cuando recién empezamos a salir. Me veía muy grande para él, pero después me acostumbré. La edad está en la cabeza y no en el corazón. Uno puede llevarse quince, veinte años de diferencia y ser feliz. Claro que requiere sus esfuerzos. Vivir con un hombre más joven me obliga a no descuidarme nunca. [Risas.] Igual, siempre fui de tener una vida sana… pero es distinto. Ahora casi me siento obligada a estar bien.
-¿Qué cosas disfrutan en pareja?
-Con Coco cada tanto vamos a jugar al golf. Me enseña, me corrige y se preocupa para que yo mejore. El tema es que no soy muy constante. Así como él disfruta estar en el green, a mí me encantaría que me acompañe a subir una montaña. Sí coincidimos en salir a remar juntos por el Tigre. También yo corro mientras él anda en bici. Cada tanto organizamos viajes a los que sumamos a Sol. En julio, por ejemplo, hicimos un crucero por Europa.
-Te casaste a los 18 años y más tarde, a los 41. ¿Cómo viviste el segundo amor?
-La primera vez (N. de la R. su primer marido es Mario Roberto Walther, ex Puma) fue un amor adolescente, puro, ingenuo, romántico. Hoy, con Coco vivo un amor más profundo, intenso y también romántico. Los años y la experiencia te enseñan a vivir la vida más tranquila.
-El año pasado cumpliste 55 y ese mismo día participaste de un maratón por El Bolsón. ¿Te imaginás el momento del retiro?
-Nunca voy a dejar de hacer deporte. Amo lo que hago; además, fortalece la salud, los músculos, el corazón. Todavía me falta correr con Sol, que es algo que tengo pendiente. Ya corrí regatas de windsurf con Cata y ''maratones'' de 500 kilómetros con Angie. Con Sol estoy segura de que algo vamos a hacer.
-Hiciste rafting, escalada en hielo, parapente, buceo con tiburones, bungee jumping y hasta safaris en camello. ¿Qué es lo que más disfrutás de todas estas actividades?
-Me encanta ir a la montaña, me divierte el desafío de poder llegar, de cumplir el objetivo. Tal vez parezca loca, pero amo la montaña de noche, el amanecer del Lanín mientras caminás es fabuloso. Esas son cosas que jamás conocería si no hubiera sido por las carreras. Hoy no me frena nada, ni siquiera el paso del tiempo. Nunca pienso en la edad, sino en cómo me siento para hacer las cosas.
Texto: Jacqueline Isola
Fotos: Soledad Rubio
Producción: Georgina Colzani
Maquillaje: Fabiana Pereyra, para Frumboli Estudio,
con productos Lancôme
Peinado: Luis Fernando García, para
Sebastian Correa Estudio, con productos Alfaparf
Agradecimientos: Ricky Sarkany, Dress Me Up,
Mimo & Co, Rapsodia, Wanama y Shynka
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