Fernando Bravo: "El kirchnerismo dejó a muchos periodistas a la intemperie"

"También a los jóvenes los empaparon de un fanatismo casi irracional", dice el conductor acerca del gobierno anterior
"También a los jóvenes los empaparon de un fanatismo casi irracional", dice el conductor acerca del gobierno anterior Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio
Su perfil radial siempre estuvo relacionado con el entretenimiento liviano, aunque en los últimos años viró hacia un papel de mayor compromiso; la tensa relación con algunos de sus polémicos colegas
Fernanda Iglesias
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6 de febrero de 2019  

Pasó más de la mitad de su vida haciendo radio. Fernando Bravo es de esos próceres silenciosos que se mantienen vigentes sin escándalos, a fuerza de trabajo y oficio. El año pasado, le dieron un Martín Fierro por cumplir cincuenta años frente al micrófono. Y todavía sigue al aire: lleva diez temporadas al frente de Bravo Continental, de 13 a 17, en Radio Continental.

A punto de cumplir 75 años, el conductor se mira a sí mismo y dice qué ve cuando se ve. "Yo me veo bien. Me parece que he alcanzado una madurez profesional producto de los años que tengo. He ido mutando profesionalmente. No soy el tipo de la década del 70 que hacía Alta tensión y que llegó a Radio Rivadavia a hacerse cargo de un programa?".

-¿Cómo fue ese momento?

-Yo estaba gozando de una popularidad grande. Hacía televisión y se dio la posibilidad de desembocar en radio.

-¿Fue tu debut?

-No, debuté en radio en el 67. Dos años más tarde llegué a la televisión. Después hice un programa en Radio Mitre, La tarde del 80, y ahí se dio la posibilidad de pasar a Radio Rivadavia. Para mí fue un crecimiento. En esos años, Rivadavia tenía una audiencia masiva. Abría a la mañana con Rapidísimo, estaba Carrizo al mediodía, después venía yo y el Gordo Muñoz. Era una radio de una potencia y una audiencia fenomenales.

-Tenías que aprovecharlo.

-Sí. Para mí fue un salto de calidad. Pero también una exigencia, porque el hecho de comenzar a jugar en una radio con opinión, con una presencia informativa mucho más grande. Hizo que la música fuera quedando de lado.

-¿Tu fuerte era la música?

-Más bien los programas livianos. Porque no estaba preparado para otro tipo de cosa. Yo vine de San Pedro a laburar acá y no tenía una formación y una solidez intelectual muy fuertes.

-¿No habías estudiado nada?

-Hice el secundario y el ISER. No era un chico tan formado. Por eso digo que tuve una exigencia de formación permanente y constante para tratar de superarme. Porque, en realidad, yo no soy periodista, soy locutor. Lo que pasa es que la carrera me fue empujando a otros andariveles, a tener literatura propia, a encontrar los modelos de Mareco, Cacho Fontana, Carrizo... Tipos que improvisaban, que generaron un trabajo diferente al trabajo del locutor que solamente leía.

-Tenían un plus.

-Exactamente. Eso fue realmente enriquecedor para mí. Y no lo desaproveché. Pero sin olvidar, y esto lo tengo muy presente en el trabajo de todos los días, mi condición de locutor y de animador. En definitiva, yo trato de ser un entretenedor. De pronto, en el programa pasan cosas de peso y de opinión y opino, no le escapo a ningún tema. Digo lo pienso porque creo que los tiempos marcan que esto es así. Cuando no sé de algo no opino, pero cuando sé de algo y tengo ganas de opinar, lo hago. La radio ahora tiene unas exigencias mayores que las que tenía cuando yo empecé.

-No tenés muchos antecedentes de escándalos o de polémicas.

-No. He tenido momentos difíciles, como cualquiera ha tenido en este medio. En la época del kirchnerismo, una vez con Alfredo Leuco tuvimos que salir con la policía de la radio. Y recibí algún insulto callejero y ese tipo de cosas, producto de la rispidez de la sociedad en la actualidad y la irritabilidad que ha generado alguna crítica.

-¿Por eso te fuiste de Radio Del Plata, por política?

-Me fui de Radio Del Plata porque tenía una muy buena oferta de Radio Continental. Sentí que era un momento de cambiar de aire, que había cumplido un ciclo. Y a mediados de año estaba en una cena con Magdalena Ruiz Guiñazú y me dice: "Vos deberías venirte a Continental. Yo te voy a arreglar todo". Y bueno, fue y habló con los ejecutivos, en ese momento españoles, y les dijo que la tarde de Continental no estaba bien armada, en ese momento estaba el Chavo Fucks y no les iba del todo bien. Y me hicieron una oferta para ir con ellos. La única condición que puse era que me iba con Leuco y con la locutora, Andrea Estévez Mirson. Me dijeron que sí.

"También a los jóvenes los empaparon de un fanatismo casi irracional", dice el conductor acerca del gobierno anterior
"También a los jóvenes los empaparon de un fanatismo casi irracional", dice el conductor acerca del gobierno anterior Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

-O sea que no fue ideológica tu ida.

-No. En agosto arreglé lo de Continental, y Tinelli, que era el dueño de Del Plata, me llama y me dice que está en tratativas para vender la radio. Ahí le conté que yo tenía decidido irme. El desembarco de Electroingeniería con Szpolski fue sobre fin de año, cuando yo me iba. Tuve suerte. Después vino lo que vino en Del Plata: una radio que definitivamente se inclinó ideológicamente para la cultura kirchnerista.

-¿Qué análisis hacés de lo que pasó en los últimos años con las radios y el kirchnerismo?

-Yo creo que el kirchnerismo lo que hizo con las radios fue desvirtuar su sentido de servicio público. Las convirtieron, o las quisieron convertir, en una herramienta política de presión, de extorsión, de propaganda. Y desvirtuaron el sentido de medio plural de opinión pública. Porque hay muchísimos ejemplos de periodistas que jamás dieron una crítica en tiempos del kirchnerismo. Y hay también radios que directamente tuvieron una mirada sesgada, sobre todo de lo que era el kirchnerismo. Se convirtieron en verdaderos propagandistas y no periodistas.

-¿Eso te perjudicó en algo a vos?

-A mí lo que me molesta, como hombre de la radio y como tipo que pretende que tengamos unos medios de comunicación gozando de muy buena salud, es que hayan hecho esta suerte de atropello al sentido original de lo que son los medios de comunicación. También a los jóvenes los empaparon de un fanatismo casi irracional. Y pusieron una maquinaria económica al servicio de algo que para mí, desde el punto de vista de la comunicación, es algo totalmente impensado. Hay gente que se ha hecho millonaria en todo esto, con el manejo de los medios. Y hay muchos periodistas que eligieron ser socios de esa gente.

-¿Te desilusionaste de alguno?

-Sí, pero no voy a hacer nombres. Incluso con algunos amigos cuando tuvimos momentos difíciles de acoso, de una crítica despiadada, jamás me llamaron ni sintieron lo que me pasaba. Ni un "lo lamento" hubo. Nada. Me hubiese dejado tranquilo un mensaje que dijera que eran 50 tipos que hacían una campaña y que ellos no coincidían. Pero lamentablemente no lo tuve. Los tengo en mi memoria y sé quiénes son.

-¿Lo sufriste mucho?

-Sí. Una vez tuve miedo. Yo venía de una reunión de artística que había en la calle Corrientes y en ese momento se estaba desconcentrando un grupo de manifestantes que venía de Tribunales, donde habían ido a presionar por la ley de medios. Algunos me reconocieron y me empezaron a insultar. Y hubo tres o cuatro que me siguieron durante una cuadra. Pensé que en cualquier momento volaba una trompada de atrás. Pero no pasó. Llegué hasta donde tenía el auto estacionado y me metí en la playa de estacionamiento. Me acuerdo de que me quedé un rato arriba del auto para no salir rápidamente. Ese día tuve más temor que cuando llamamos a la policía para salir de la radio.

-¿Qué había pasado?

-Se había muerto Néstor y estaban en fila frente a Continental para despedirlo en la Casa Rosada. Había un estado de euforia y fanatismo muy exacerbados.

-Y eso que nunca fuiste un desaforado que da su opinión de manera fanática.

-Porque yo no soy un analista político. Yo soy un tipo que a veces gotea. Hay programas en los que no opino nada porque no se da. Y hay otros programas en los que digo tal cosa. Esas críticas llegan y de pronto te catalogan y te colocan en un determinado lugar. Y con el kirchnerismo de eso no volvías. En esos tiempos, el contraste con Víctor Hugo Morales era muy grande. Había una audiencia que iba y venía. Y había un resabio de audiencia que quedaba desde la mañana y que era muy fanático de la postura de Víctor Hugo y era muy en contra de la postura que podíamos tener nosotros.

-¿Eso les trajo problemas entre ustedes? Dejaron de hacer el pase, ¿no?

-Es que no tenía sentido el pase.

-¿Pero alguna vez lo llegaron a hacer?

-Sí. En un principio sí y un día tuvimos una diferencia de opiniones en un tema y no se hizo más el pase. Porque era falso. Los gestos de cordialidad que podíamos tener ahí no se daban en el pasillo. Cuando nos cruzábamos, él salía del estudio y yo entraba, en un pasillo estrecho que tiene Continental, y ni siquiera nos saludábamos.

-¿Habían sido amigos?

-No, no. Éramos colegas, conocidos. Cuando llegué a la radio fui bien recibido por él, teníamos un gesto de convivencia mínimo. Yo creo que fue el mejor relator deportivo que tuvo el país y es un profesional extraordinario. Pero no coincido con lo que piensa y en cómo enfocó su defensa de la causa y del régimen. Convirtió un modelo de radio en un modelo propagandístico. Sin reconocer nunca ninguna falla. Como les pasó a todos los periodistas que están enrolados en el kirchnerismo y que hoy por hoy lo siguen defendiendo. No reconocen ningún error.

-¿Con este gobierno pasa eso?

-¿Pasa qué?

-Periodistas fanatizados.

-Yo no lo noto. Porque también es cierto que es difícil defender a pie juntillas a Macri. Hay un montón de errores que ha cometido. Hay una mala praxis en el manejo de la economía muy fuerte y lo estamos pagando todos. Me parece que un periodista que hoy tenga esa tendencia va a pagar las consecuencias si este gobierno se va. De la misma manera que el kirchnerismo dejó a muchos periodistas a la intemperie, prácticamente sin tener la posibilidad de laburar porque habían jugado tanto sus posiciones tan extremas y se convirtieron en verdaderos panfleteros del gobierno que perdieron credibilidad.

Una relación distante con la televisión

"Yo creo que libertad siempre tuvimos. Incluso con el kirchnerismo. Lo que no tenemos ahora son los juicios en Plaza de Mayo, el insulto, la agresión, la desacreditación, escraches en la calle con las caras de los periodistas. Pero libertad siempre tuvimos porque yo nunca me callé durante el kirchnerismo. Y nunca sentí que mi trabajo corría peligro porque, primero y principal, trabajo para un empresa para la que su ADN es la pluralidad".

-¿Te cuesta ir de invitado a los programas de televisión? No aparecés mucho.

-Teniendo un programa de radio diario de cuatro horas, no necesito ir a confrontar a la tele. Fui una vez a Intratables, al que me invitó Liliana Parodi, con el chico [Santiago] Del Moro. Me dijo que era un reportaje mano a mano. Pude expresar un poco lo mío y fue una experiencia grata. El otro día fui con Luis Majul, que me había invitado también a propósito de River, y ahí Luis mezcla los temas. Fui con Leuco porque es mi amigo, por los 35 años de democracia. Ese tipo de excepciones hago. Pero trato de cuidarme. No tengo ganas de figurar. Yo con la radio cubro mi cuota de mi necesidad comunicacional y de desarrollo profesional.

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