Esta semana, te contamos la historia detrás del único (y gran) hit de la banda de Liverpool liderada por Lee Mavers; mirá su video y participá
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La búsqueda de la melodía perfecta tiene su precio. Querer hacer el disco que suene a tal cual uno oye sus ideas en su mente es una tarea ambiciosa, y a veces es eso mismo lo que puede llevar todo al borde del naufragio mucho antes de lo esperado. Hay mucho de eso en la historia de The La’s, un grupo que para muchos ha dejado a la historia un solo gran simple ("There She Goes", el elegido de esta semana), pero cuya vida efímera es producto de la obsesión rayana con la locura de su alma máter, Lee Mavers.
Con el aporte del bajista John Power como único miembro estable, Mavers se pasó casi cinco años dándole forma a las canciones que integran el debut homónimo de The La’s. En el medio, no sólo volaron dieciséis guitarristas y bateristas, sino que la banda empleó diversas sesiones de grabación con distintos productores para poder darle forma a su primer disco. No sería un detalle tan anecdótico si no fuera porque a lo largo de tres años, la banda grabó varias versiones del mismo trabajo (sin variar en un ápice los temas incluidos, ni siquiera su orden de reproducción). Según Mavers, ningún productor sabía entender el sonido que debían tener las canciones. Así, tras fracasar con John Leckie y John Porter (responsables del sonido de los discos de The Stone Roses y The Smiths, respectivamente), la banda decidió completar el trabajo con Steve Lillywhite, colaborador de U2.
Después de tres años, el disco debut de The La’s estuvo listo en 1990, y la crítica lo recibió con bríos. Mavers, en cambio, fue su principal conspirador, y boicoteó su propio álbum en cuanta ocasión pudo. Para colmo, tres de las doce canciones del disco ya habían salido como simples en todo ese tiempo, por lo que para él ese disco carecía de novedad alguna. Dueño de una visión más romántica del arte de hacer canciones, Mavers estaba también harto desencantado con la industria musical británica, por lo que en 1991 se llamó a retiro hasta el 2005.
En el medio de todo esto, "There She Goes" se perfila como un atisbo posible de la canción pop perfecta. Una progresión de acordes simple y un arpegio tintineante sirven de sostén de una canción que es tan efectiva como extraña. Es, literalmente, puro estribillo: carece de estrofas, y sólo tiene un puente cerca del final. Su letra, sutilmente inocente, es para varios una oda a la heroína por varios pasajes ("Allí va ella otra vez, corriendo a través de mi cerebro", "pulsa a través de mis venas" y "Nadie más más puede mitigar mi dolor"). Pero según sus propios intérpretes, nada de eso hay en la canción, y es esa ambigüedad la que le termina de completar su encanto.
Mirá el video de "There She Goes":
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